Amistoso: Real Madrid-Fiorentina

Pegada y dudas

El Real Madrid empató ante la Fiorentina en el primer amistoso de la era Mourinho

Los blancos se pusieron 2-0 gracias a su pegada pero se dejaron igualar el partido por errores defensivos

Mourinho probó con Camavinga y Valverde en el doble pivote, Güler liberado y Dumfries como extremo derecho

Que no cunda el pánico. El Real Madrid de Mourinho arrancó ante la Fiorentina en un partido del que no se deben sacar grandes conclusiones (puede que ni pequeñas). Los blancos se pusieron 2-0 en un pispás gracias a los goles de Endrick y del canterano Ciria, pero se disolvieron con el gol de Piccoli al filo del descanso. En la reanudación el equipo madridista, sin piernas ni cabeza para gobernar el partido, encajó el definitivo 2-2 por obra y gracia de Moise Kean.

Después de dos pruebas sin público ni taquígrafos en Valdebebas el Real Madrid de Mourinho se ponía de largo ante la Fiorentina. Primero de agosto, así que no nos impacientemos. Y con casi todos los cracks apurando sus últimos días de barco y chanclas. Por no tener, Mou no tenía ni centrales, carestía que le sirve para insistir en una de sus peticiones del verano: un central zurdo.

Eligió el técnico del Real Madrid para el estreno ante la Fiorentina un once con todo el exiguo arsenal del que disponía formado por Lunin; Trent, Mario Rivas, Joan Martínez, Carreras; Camavinga, Valverde; Dumfries, Güler, Alexis Ciria; y Endrick. Dicho de otro modo, dos centrales del Castilla, Camavinga y Valverde en el doble pivote, Dumfries como extremo y Endrick arriba. No tenía mucho más donde elegir.

El partido arranco con un trote cochinero propio de la pretemporada pero once minutos le bastaron a Endrick para demostrar que dentro del área es venenoso. Güler, clarividente cuando juega cerca de la portería, filtró un pase sedoso para la subida de Carreras por la izquierda. El gallego la puso al área y allí apareció Endrick. El brasileño tardó décimas de segundo en hacer lo que sigue: controló de espaldas, se giró y sacó un tiro a la media vuelta para batir por bajo a De Gea.

Dos sopapos del Madrid

Como novedad táctica se comprobaba rápido que el Real Madrid de Mourinho atacaba en 4-2-3-1 y defendía en 4-4-2 con Güler y Endrick como futbolistas más adelantados. No había presión pero sí un repliegue (más o menos) ordenado. Carreras y Dumfries daban amplitud por fuera y Güler jugaba por donde quería. Camavinga y Fede Valverde, menos exigidos que las hijas de Zapatero, equilibraban el centro del campo sin despeinarse.

El Real Madrid dominaba el partido a su antojo. En el 23 cayó el segundo. Fue una jugada que inició Trent. Camavinga, verso suelto como Ayuso en el PP, se asomó al área y asistió al centro. Güler la dejó pasar con habilidad y en el segundo palo apareció el canterano Alexis Ciria para batir con sutileza a De Gea con un tiro cruzado y raso calcado al de Endrick en el 1-0. Pues ni tan mal, oiga.

Los de Mourinho se exhibían y toreaban de salón. Güler jugaba en chanclas y el canterano Ciria mostraba descaro y talento. Una falta provocada por el chico la ejecutó alta Trent allá por el 33 en una ocasión que bien pudo haber sido el tercero del equipo de Mourinho. Era un paseo y la Fiorentina un guiñapo de equipo. Poca cosa.

En el otro lado Dumfries exhibía un poderío físico imponente. Y no se estorbaba con un Trent algo más centrado que de costumbre. El partido se jugaba en el mediocampo de la Fiorentina y el Real Madrid no dejaba de atacar. Pero los despistes no se curan tan rápido. A eso del minuto 40 Camavinga (como siempre) perdió la marca de Álex Jiménez, que le retrató en un regate y asistió a Piccoli, que superó por velocidad al central Mario Rivas y batió por bajo Lunin, transparente para variar.

Dormilón Camavinga

El gol de la Fiorentina mostraba las costuras de un equipo plagado de suplentes y todavía demasiado verde. El descanso era el momento ideal para que Mourinho pegara alguna voz y espabilara a los suyos. O para que hiciera cambios. No los hizo, así que arrancaron los mismos once que en la primera mitad.

Salió dormido el Real Madrid y la Fiorentina, que se había animado con el gol postrero, metió un par de sustitos. Y sacó un par de córners. Incluso en el minuto 52 el delantero Gudmunsson falló un claro mano a mano ante Lunin con una picadita que se le marchó fuera. La Fiore se vino arriba e intentó presionar a un Real Madrid que había dimitido en pleno del partido en el segundo tiempo.

Sufría el equipo de Mourinho, que no se inmutaba con los cambios. Endrick hizo una falta clamorosa en la frontal del área de esas que sólo hacen los delanteros cuando se ponen a defender. La falta, peligrosísima, la ejecutó con la zurda Mandragora. Se le marchó arriba por muy poquito.

La Fiorentina siguió llevando el cántaro a la fuente de Lunin hasta que se aprendió el camino. Se veía venir el segundo y acabó viniendo en el 58 con un cabezazo de Moise Kean, recién entrado al campo, que le robó la cartera al canterano Mario Rivas, demasiado blandito para un delantero tan hecho. El Real Madrid se había disuelto en el descanso. Los de Mourinho, irreconocibles, estaban siendo superados por la Fiorentina en todas las facetas del juego.

Sufre el Real Madrid

En el 63 Mourinho hizo su primer cambio. Canterano por canterano: Cestero por Ciria. A su equipo se le había escapado el partido mientras que Fede Valverde y Camavinga, un doble pivote sospechoso y transferible, navegaban desnortados sin sextante de juego. En la pausa de hidratación Mourinho ponía cara doliente viendo el desastre de segundo tiempo que estaba perpetrando su equipo.

La entrada de Cestero, las palabras de Mou y los cambios de la Fiorentina devolvieron al Real Madrid al partido. Los blancos recuperaron el dominio y pusieron cerco al área de la Fiorentina. Mourinho se dio cuenta y metió al campo al gigantón Carlos Espí en el 75. También entró Yáñez. Se fueron Endrick y Dumfries. El duelo se inclinaba ahora hacia el área de la Fiorentina.

Pero ya no quedaba tiempo. En el 90 Trent buscó con su guante derecho a Espí en el segundo palo, pero el gigante no pudo conectar bien con la pelota, así que el duelo acabó con un 2-2 que deja a Mourinho sólo parcialmente satisfecho pero del que no se deben sacar grandes conclusiones. Insisto, que estamos a 1 de agosto.

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