Quiero ser como Thiago Pitarch
Thiago Pitarch despierta la ilusión con el Real Madrid y con España
En el club blanco destacan su cabeza amueblada
El de Fuenlabrada es de élite
La thiagomanía se ha desatado. Es real. Los niños que se asoman a los estadios para ver al Real Madrid o a las categorías inferiores de la selección española sub-19 quieren ser como Thiago Pitarch. El canterano blanco ha decidido derribar la puerta blindada del primer equipo para colarse de lleno en el once de Álvaro Arbeloa.
Este fenómeno fan se está viendo en Benidorm, donde la sub-19 disputa la Ronda Élite para clasificarse al Europeo. Los más pequeños que se acercan al estadio Guillermo Amor gritan más cuando el madridista entra en escena. Todos quieren una foto con él. Pancartas, camisetas, su nombre en todas partes. De repente, es una estrella.
Thiago no lo lleva del todo bien, aunque lo gestiona con naturalidad. Es extremadamente introvertido y no le gusta ser el centro de atención fuera del campo. Dentro no tiene escapatoria: su fútbol lo acapara todo. Brilla en el Real Madrid y domina en la sub-19, donde juega un paso por delante del resto. Podría estar perfectamente en la sub-21, pero tiene claro que ahora mismo hace más falta en el equipo de Paco Gallardo, que se juega dos finales ante Finlandia y Holanda para estar en el Europeo de Gales. De momento, el primer paso ya lo dieron: victoria con autoridad ante Croacia.
La normalidad hecha crack
Thiago Pitarch es un chico distinto. No solo por lo que hace en el campo, sino por todo lo que hay detrás. Porque mientras todo empieza a brillar, él tiene claro que el foco no lo es todo. Lo del chico de Fuenlabrada va mucho más allá del fútbol. Llega a primera hora a Valdebebas, desayuna en el comedor de cantera, entrena con el primer equipo y después baja a cambiarse con el Castilla. Come allí y, sin pausa, se mete en clase: segundo de bachillerato hasta las ocho de la tarde. Día tras día. Rutina, disciplina y cero atajos.
Luego está la imagen que lo define todo: su padre o su abuelo recogiéndolo al final del día en la Ciudad Real Madrid. Una escena que empieza a repetirse incluso en el Santiago Bernabéu tras los partidos. Lejos de los coches de lujo, él espera a su familia para volver a casa. Normalidad dentro de algo que ya no lo es tanto.
Porque sí, su presente impacta, pero su cabeza sigue en su sitio. Sabe que este mundo puede confundir, que todo parece fácil cuando llegan las oportunidades. Pero también sabe -y eso marca la diferencia- que no puede dejar los estudios. Ha visto lo que pasa cuando alguien se desvía. Y ahí está la clave. Talento hay muchos. Cabeza, no tantos.