José Mourinho tiene por delante uno de los grandes retos de su segunda etapa en el Real Madrid: conseguir que Vinicius y Mbappé se potencien en lugar de estorbarse. Los dos se sienten especialmente cómodos partiendo desde la izquierda y el portugués deberá encontrar el mecanismo para juntar a dos de los futbolistas más desequilibrantes del mundo sin que ninguno pierda su esencia.
Mourinho parte de una idea: no quiere posiciones rígidas. Mbappé será la principal referencia ofensiva, pero no estará condenado a vivir como un nueve tradicional. Tendrá libertad para caer hacia la izquierda y aparecer donde pueda hacer daño, mientras Vinicius partirá desde su posición habitual. La clave estará en las permutas constantes.
Cuando Vinicius reciba abierto y encare, Mbappé deberá atacar el área. Cuando sea el francés quien caiga al costado izquierdo para recibir y buscar su diagonal, el brasileño tendrá que ocupar espacios interiores. Dos delanteros que intercambiarán posiciones para evitar ofrecer referencias.
El ecosistema perfecto para Vinicius y Mbappé
Mourinho también quiere recuperar una de sus grandes especialidades: hacer daño con espacios. Y pocos futbolistas pueden ser más peligrosos en ese escenario que Vinicius y Mbappé.
El Real Madrid pretende ser capaz de presionar arriba, pero también saber replegar cuando el partido lo exija. Recuperar y correr. Ahí las posiciones prácticamente dejan de importar. Con metros por delante, los dos pueden convertir cualquier robo en una ocasión.
Pero Mourinho ya les ha advertido de la otra parte del trato. La libertad ofensiva tendrá un precio: el compromiso defensivo. «Hay que defender con once», aseguró el portugués en rueda de prensa. «Eso de que haya gente que defiende y gente que espera el balón, no va». No pretende que todos realicen exactamente el mismo trabajo. «Hay gente que va a tener que presionar verdaderamente y otra cerrar espacios», explicó. Pero nadie podrá desconectarse.
Ese será uno de los grandes desafíos. Mourinho deberá encontrar el equilibrio necesario para que sus dos estrellas conserven energía para decidir arriba sin provocar que el equipo defienda con nueve.
También existe una cuestión de jerarquías. Mourinho no quiere alimentar una competición entre sus estrellas. De hecho, cuando fue preguntado por Vinicius dejó clara su postura: «Es uno de los mejores y los mejores tienen que estar aquí». Mbappé y Vinicius deberán entenderse como aliados. Si lo hacen, Mourinho tendrá dos armas difíciles de controlar.
Bellingham, la pieza que debe completar el puzle
El tercer elemento será Jude Bellingham, aunque el inglés apunta a comenzar desde el banquillo contra el Espanyol en Cornellà después de haber sido el último en incorporarse a la pretemporada. Arda Güler parte con ventaja para ocupar la mediapunta en el estreno.
A medio plazo, Mourinho deberá encontrar también el sitio perfecto para Jude. El inglés puede convertirse en el pegamento entre Vinicius y Mbappé y el resto del equipo. Como mediapunta tendrá libertad para llegar desde segunda línea cuando los dos atacantes arrastren defensores, pero también deberá multiplicarse sin balón.
Un 4-2-3-1 con Bellingham de ’10’ permitiría al inglés recibir tras recuperación y lanzar inmediatamente las carreras de los dos delanteros. Otra alternativa sería un rombo en el que Jude aparezca detrás de ambos y ataque el área desde segunda línea.
Mourinho tiene las piezas. Ahora deberá conseguir que encajen. Y lo hará bajo una máxima que ya ha transmitido al vestuario: el colectivo siempre estará por encima del individuo.