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La psicología explica por qué tener pocos amigos después de los 60 años no significa estar solo: la clave está en la calidad de las relaciones

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Cumplir 60 años y tener un círculo reducido de amistades no significa necesariamente tener dificultades para relacionarse o sentirse solo. La psicología lleva décadas estudiando cómo evolucionan los vínculos sociales a lo largo de la vida y ha encontrado que, con la edad, muchas personas priorizan las relaciones que les aportan bienestar emocional. Sin embargo, los expertos también advierten de que elegir pasar tiempo a solas no es lo mismo que sufrir aislamiento social, ya que la diferencia está en cómo se vive esa situación y en el apoyo del que dispone cada persona.

Menos amigos, pero relaciones más significativas

Una de las explicaciones más conocidas es la teoría de la selectividad socioemocional, desarrollada por la psicóloga Laura L. Carstensen, de la Universidad de Stanford. Según esta teoría, cuando las personas perciben que su tiempo es más limitado, tienden a priorizar las relaciones que consideran emocionalmente importantes. Por eso, el círculo social puede reducirse sin que necesariamente disminuya la satisfacción con las amistades que permanecen.

Un estudio publicado en 1998 analizó tres grupos de personas de distintas generaciones y encontró que los adultos mayores estaban más satisfechos que los jóvenes con el tamaño de sus redes sociales. La investigación psicológica respalda la idea de que no siempre se busca acumular contactos, sino conservar relaciones que aporten cercanía, confianza y compañía. No obstante, los resultados no significan que todas las personas mayores prefieran tener pocos amigos.

Estar solo no siempre significa sentirse solo

La soledad elegida puede resultar agradable y permitir descansar, reflexionar o disfrutar de aficiones personales. El aislamiento social, en cambio, implica una red de contactos o apoyos insuficiente y puede perjudicar la salud física y mental. Diferentes estudios psicológicos advierten de que la soledad y el aislamiento están relacionados con riesgos para el bienestar, por lo que conviene no confundir la preferencia por un círculo pequeño con la ausencia involuntaria de compañía.

En definitiva, tener pocos amigos no determina por sí solo la felicidad ni la capacidad para relacionarse. La calidad de los vínculos, la posibilidad de pedir ayuda y la satisfacción con la propia vida también importan. Si la falta de relaciones provoca sufrimiento o impide contar con apoyo cuando se necesita, buscar oportunidades de conexión puede ser beneficioso a cualquier edad.