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Liderazgo

La pregunta que los líderes más eficaces hacen al final de cada reunión y puede multiplicar el compromiso de su equipo

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Los líderes más eficaces comparten una costumbre poco habitual: terminan cada reunión con una pregunta concreta antes de que el equipo se disperse. La fórmula, popularizada por el autor Michael Bungay Stanier en su libro The Coaching Habit, sustituye al clásico «¿alguien tiene alguna duda?» por otra más directa: «¿Qué es lo más valioso que te llevas de hoy?».

Amy Edmondson, profesora de Harvard Business School y autora del concepto de seguridad psicológica, lleva años documentando cómo el silencio en las reuniones no siempre significa acuerdo, sino miedo a hablar.

Google llegó a una conclusión similar en 2012, cuando el Proyecto Aristóteles analizó más de 180 equipos internos y encontró que la seguridad psicológica, y no el talento individual, era el mejor predictor del rendimiento de un equipo.

Por qué esta pregunta multiplica el compromiso del equipo

La pregunta funciona porque obliga a cada persona a procesar la información con sus propias palabras antes de desconectarse de la reunión, un ejercicio que refuerza la memoria y fija el aprendizaje colectivo. Además, ofrece al líder una lectura inmediata de si el mensaje principal llegó de forma homogénea: si la reunión buscaba definir una estrategia y alguien responde que lo más valioso fue aclarar las tareas de la semana, ese desajuste queda al descubierto en el acto.

El tercer efecto es el compromiso. Verbalizar en voz alta lo que a uno le sirvió obliga a pasar de un papel pasivo de oyente a uno activo, y esa verbalización suele traducirse en una responsabilidad implícita de aplicar ese aprendizaje.

Los datos respaldan la magnitud del problema que esta pregunta intenta resolver: el Boston Consulting Group encuestó a 28.000 profesionales y encontró que solo el 3% de los empleados con alta seguridad psicológica pensaba en dejar su empleo en el próximo año, frente al 12% en entornos de baja seguridad.

Cuándo y cómo lanzar la pregunta al final de la reunión

El momento óptimo son los últimos tres o cinco minutos, justo después de cerrar los acuerdos operativos, las tareas y las fechas límite, y antes de la despedida. Lanzarla demasiado pronto interrumpe la conversación de trabajo; hacerlo en el último segundo, con la gente ya cerrando el portátil, reduce la calidad de las respuestas.

En reuniones virtuales, pedir que todos escriban la respuesta en el chat al mismo tiempo evita interrupciones y garantiza que participe el grupo entero. En reuniones presenciales, elegir a dos o tres personas al azar y rotar los turnos en cada sesión semanal mantiene la dinámica fresca sin convertirla en un trámite mecánico.

La reacción del líder importa tanto como la pregunta. Si un miembro del equipo responde que nada de la reunión le resultó valioso, Edmondson advierte que es momento de curiosidad, no de defensividad.

Ese comentario suele señalar tres causas: una reunión que pudo resolverse con un correo, una persona cuyo rol no encaja con esa sesión concreta, o una desconexión emocional acumulada con el proyecto. La respuesta inmediata debe ser neutral y agradecer la honestidad delante del grupo, dejando el diagnóstico real para una conversación en privado.

Edmondson resume el fondo del asunto con una idea que va más allá de la simpatía, la seguridad psicológica no consiste en hacer que la gente se sienta cómoda, sino en que se sienta segura para asumir riesgos frente a sus compañeros. Sin esa seguridad, el equipo sigue tomando decisiones sobre qué contarle al líder, solo que las toma sin él.

Con ella, los problemas llegan antes de que se conviertan en crisis y las ideas circulan con más libertad, algo que Google, Harvard y los datos de retención laboral coinciden en señalar como el verdadero motor del rendimiento.