Elsa Punset, experta en filosofía y psicología (62 años): «Vivimos una epidemia de soledad terrible, a pesar de vivir apiñados en ciudades»
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Madrid, Tokio, París o Londres son ciudades que concentran a millones de personas y que nunca duermen del todo, pero la cantidad de gente no es sinónimo de compañía ni de vínculos, sino que muchas veces multiplica el anonimato y deja a sus vecinos más solos que nunca.
La escritora y divulgadora Elsa Punset, hija del director de Redes, Eduard Punset, y una de las voces más conocidas de la inteligencia emocional en español, ha puesto nombre a esa contradicción.
«Vivimos ahora mismo una epidemia de soledad terrible», explicó Punset, que añadió que ocurre «a pesar de ser tantos en la Tierra y de vivir apiñados los unos encima de los otros».
Qué quiere decir Elsa Punset con la epidemia de soledad y la triple desconexión
Para Punset, la soledad actual nace de lo que llama una triple desconexión. La primera es con el propio mundo interior, por la saturación de estímulos. «Estamos siempre mirando una pantalla, distrayéndonos con algo», resumió, y puso como ejemplo el metro, lleno de pasajeros con el móvil en la mano y los auriculares puestos. «Es decir, no oyes y no ves», insistió.
La segunda desconexión es con las personas de alrededor. Un vecino puede compartir pared durante años con otro sin saber su nombre, y un usuario puede tener cientos de contactos en el móvil y no encontrar a nadie a quien llamar.
La tercera es con la naturaleza. Punset no propone abandonar las ciudades, sino conseguir que, además de productivas, sean saludables para quienes viven en ellas. También critica la presión de estar bien siempre. «La felicidad no es un estado completo las 24 horas del día», recuerda. En la naturaleza encuentra una lección de resiliencia: «Arrasas con todo, dejas un tiempo y aquello vuelve a brotar».
Cómo afecta la epidemia de soledad a quien vive en una gran ciudad
Los datos dan peso a su advertencia. El último estudio de la Fundación ONCE y la Fundación AXA, presentado en julio de 2026 tras encuestar a 4.100 adultos, sitúa en el 20,2% a los españoles que sufren soledad no deseada. La soledad crónica, la que dura dos años o más, ha subido del 13,5% al 15,6% desde 2024.
En la ciudad, el aislamiento tiene causas concretas: jornadas largas, trayectos eternos en transporte público y miles de caras desconocidas cada día. Ante tanto estímulo, mucha gente evita la mirada o se pone los auriculares, y ese escudo acaba convirtiéndose en una barrera.
El mismo estudio matiza la idea de que la soledad sea cosa de jóvenes. Entre los 18 y los 34 años bajó del 34,6% al 21,2% en dos años, mientras que entre los 35 y los 44 subió del 20,8% al 25,7%. El barómetro de 2024 ya apuntaba que, en las ciudades, quienes más la sufren son los mayores.
Pequeños gestos para romper el aislamiento en la ciudad
El primer paso es recuperar momentos de silencio y aburrimiento, que permiten escuchar lo que ocurre dentro de uno mismo. Después llega la reconexión con los demás, que no exige grandes planes, sino gestos como saludar al vecino, hablar con alguien o apuntarse a una actividad compartida.
El sociólogo estadounidense Ray Oldenburg bautizó como terceros lugares esos espacios que no son ni la casa ni el trabajo: la cafetería del barrio, la biblioteca o el mercado. Volver siempre a la misma panadería y saludar por su nombre a quien atiende crea un vínculo pequeño, pero real.
La divulgadora cita, por otro lado, un experimento de 1984. El investigador Roger Ulrich comprobó que los pacientes operados con una ventana hacia los árboles salían antes del hospital y necesitaban menos analgésicos fuertes que los que veían una pared de ladrillo. En 2025, la escritora puso en marcha la Fundación Punset Terraviva para unir naturaleza y bienestar.
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