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Alejandra Cortina sobre su debut literario, ‘Siete maneras de arder’: «Empezó como un ejercicio para sacar lo que tenía dentro»

Alejandra Cortina Cué explora la culpa, el deseo y la naturaleza humana en una obra marcada por la introspección

La escritora revela cómo se sumergió psicológicamente en cada pecado para construir su universo poético

Con apenas unos días desde la presentación de Siete maneras de arder, el nombre de Alejandra Cortina Cué ha comenzado a despertar un creciente interés más allá de los círculos culturales y sociales en los que siempre se ha movido. Hija del empresario Alberto Cortina y de la coleccionista y experta en arte Elena Cué, Alejandra había mantenido hasta ahora un perfil discreto y alejado de la exposición pública. Sin embargo, su debut literario (un poemario bilingüe que explora los siete pecados capitales desde una mirada profundamente emocional y psicológica) ha marcado un antes y un después. Tras la puesta de largo del libro en Madrid, quisimos hablar con ella sobre el proceso creativo detrás de esta obra tan íntima, intensa y personal.

Lejos de tratarse de una novela, como ella misma aclara, el libro propone una narrativa poética en la que cada texto funciona como una pieza de un recorrido emocional marcado por la reflexión, el simbolismo y la exploración del deseo, la culpa y la naturaleza humana. «Empezó como un ejercicio de escritura para sacar lo que tenía dentro», explica la autora sobre el origen del proyecto. «Estaba pasando por un momento difícil y estaba intentando buscar respuestas a preguntas que me llevaba haciendo durante mucho tiempo».

La idea de estructurar el poemario alrededor de los siete pecados capitales surgió casi de manera espontánea. «Me llegó el tema un poco por casualidad», cuenta. Fue entonces cuando, hablando con su madre, apareció una referencia clave para el desarrollo de la obra: El jardín de las delicias. «Me dijo que lo pusiese en relación con El Bosco y poco a poco el proyecto fue cobrando muchísimo sentido», recuerda. El resultado fue un intenso proceso creativo que completó en apenas un mes y medio «a través de muchísimas búsquedas y mucha reflexión».

Siete maneras de arder. (Foto: Editorial Cántico)

La ira y la envidia, los capítulos más difíciles de escribir

Uno de los aspectos más llamativos del libro es la manera en la que Alejandra se sumergió psicológicamente en cada uno de los pecados antes de escribir sobre ellos. «Para cada pecado me ponía en un estado mental», explica. «Me parecía muy importante vivir el pecado en el momento». Especialmente difíciles fueron la ira y la envidia, emociones que define como profundamente destructivas: «Esos días no veía a mis padres porque estaba en un estado muy desagradable también conmigo misma. Estaba muy metida en el pecado como tal».

Más que moralizar, Siete maneras de arder busca abrir preguntas en el lector. «El libro no absuelve ni condena», afirma. «Cada persona hace su propio recorrido dentro de la poesía y puede sacar las conclusiones que quiera». Para la autora, el concepto de pecado funciona como una vía para entender las contradicciones humanas: «Empiezas a buscar cuándo has pecado tú de esta forma y entiendes la psicología detrás de cada uno».

Alejandra Cortina. (Foto: Fernando Callejón)

A pesar de la carga emocional del libro, Alejandra asegura no haber sentido miedo al exponerse públicamente desde un lugar tan íntimo. «Para escribir hay que ser valiente», afirma, recordando conversaciones con escritores durante los Premios Zenda. También reivindica la separación entre autor y obra, apoyándose en el prólogo de El retrato de Dorian Gray, texto que incluyó en el libro: «Vicio y virtud son materiales para el artista, pero no tienen que estar correlacionados con él».

El Bosco, Dante y la mitología griega: sus grandes influencias

La autora insiste además en que la narradora de la obra no es ella misma. «Yo más bien le doy voz a algo que ya existía», explica. Sin embargo, reconoce que el proceso sí le ha servido para enfrentarse a preguntas personales y morales profundamente incómodas. «He descubierto muchísimas cosas sobre mis creencias personales», asegura. Sus lecturas e investigaciones sobre la Biblia, La Divina Comedia y la mitología griega marcaron profundamente la construcción del poemario.

Escrito inicialmente desde el impulso y no desde la disciplina, Siete maneras de arder fue tomando forma «a borbotones», como define la propia autora. «No tuvo ningún tipo de estructura previa. Fueron piezas de puzzle que acabaron cobrando sentido».

Otro de los elementos diferenciales de la obra es su carácter bilingüe. Alejandra, muy influenciada por la literatura inglesa y especialmente por Oscar Wilde, asegura sentirse más cómoda escribiendo en inglés. «El bilingüismo no es un gesto comercial», aclara. «El inglés y el español piensan el pecado de forma diferente». Para ella, cada idioma aporta un significado distinto al texto y permite al lector elegir su propia experiencia de lectura.

Aunque este debut pertenece al terreno de la poesía, la escritora ya piensa en dar el salto a la prosa. «Sí que me veo desarrollando ahora una novela», adelanta. Un proyecto sobre el que todavía duda si escribir en español o en inglés, aunque reconoce que, esta vez, «el libro me grita que lo escriba en español»