La reflexión de vida de Grace Kelly que hoy permanece vigente: «Evito mirar atrás…»
La actriz de Hollywood se convirtió en princesa tras su boda en 1956
Kelly tuvo que lidiar con el acoso de la prensa
Si lleváramos su vida a una película, seguramente la firmaría Disney. Grace Kelly pasó de ser la musa de Alfred Hitchcock en Hollywood a casarse con Rainero III de Mónaco y convertirse en la princesa de todo un país. Un cuento de hadas que daba pie a múltiples historias en el terreno de la prensa del corazón, pero que escenificó un posterior acoso mediático brutal y asfixiante: en el enlace, más de 1.600 reporteros colapsaron el pequeño principado de Mónaco.
Nacida en Filadelfia en 1929, la estadounidense tuvo una carrera meteórica en la meca del cine. Aunque ese éxito meteórico viró bien pronto al mundo de la alta nobleza. A lo largo de su delimitada filmografía, Kelly pudo presumir de trabajar con algunos de los mejores cineastas de su tiempo. Porque, aparte de colaborar con el mago del suspense en La ventana indiscreta (1954), Crimen perfecto (1954) y Atrapa a un ladrón (1955), la ganadora del Oscar también estuvo a las órdenes de autores como Fred Zinnemann en Solo ante el peligro (1952) o John Ford en Mogambo (1953).

Sin embargo, su recorrido por la industria terminó de forma abrupta a la corta edad de los 26 años, debido a los estrictos deberes y compromisos protocolarios de una realeza europea que veía completamente incompatible su desempeño artístico como estrella con su papel de princesa. Es en este contexto donde una de sus frases más célebres cobra sentido.
Grace Kelly: los buenos recuerdos antes que el arrepentimiento
«Evito mirar atrás. Prefiero los buenos recuerdos al arrepentimiento». Grace Kelly pronunció esta frase en 1959, tres años después de su boda. Un intervalo de tiempo en el que la prensa internacional le planteaba de forma constante la misma pregunta, una y otra vez: A pesar de su privilegiada vida… ¿Extrañaba su independencia artística y vital en Los Ángeles?
Kelly usó esa frase como un escudo para poner por fin un límite real a los periodistas. Usando unas palabras tan elegantes como lo era ella misma, la ya en ese momento casi exactriz valoró su pasado en la industria, pero no quería perderse en la nostalgia de vivir encallada en unos tiempos que iban a regresar.
La dura adaptación a la corte de Mónaco

La aristocracia monegasca no aceptó demasiado bien la llegada de Grace Kelly a la corte. Aprendió francés en tiempo récord, sumada a una regia serie de obligaciones protocolarias que terminaron cercenando cualquier tipo de independencia.
Hitchcock la quería de regreso para el papel de Marnie, la ladrona (1964). Ella deseaba aceptar y contaba con el apoyo de Rainiero, pero el pueblo de Mónaco y la corte no vieron con buenos ojos que su princesa diese vida a una cleptómana. Finalmente, terminó renunciando para siempre a la profesión.
Ante los medios y el público, la protagonista de El cisne (1956) mantuvo su postura confiada sobre la elección. En el ámbito privado, varias cartas privadas y confidentes cercanos revelan que su intimidad fue más melancólica, con la frustración de pérdida de libertades y la extinción prematura de una carrera que estaba destinada a ser una de las más brillantes y prometedoras de la historia del celuloide.