Ni eyeliner grueso ni sombras oscuras: así se maquillan los ojos achinados para agrandar la mirada
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Maquillar unos ojos achinados no consiste en intentar cambiar su forma, sino en potenciar todas sus posibilidades. Este tipo de mirada, caracterizada por un contorno más alargado y, en muchos casos, por un párpado móvil menos visible, tiene una belleza muy particular que puede resaltarse con las técnicas adecuadas. La elección de las sombras, la dirección del eyeliner, el uso estratégico de la máscara de pestañas o la forma de trabajar la línea inferior pueden marcar una enorme diferencia. Con pequeños cambios en la aplicación del maquillaje es posible conseguir una mirada más abierta, luminosa y expresiva, respetando siempre la estructura natural del ojo y evitando errores que, lejos de favorecer, pueden hacer que parezca todavía más pequeño.
Entender la forma del ojo es el primer paso
No todos los ojos rasgados son iguales. Algunas personas tienen el párpado encapotado, otras cuentan con un pliegue poco marcado y otras simplemente presentan una forma almendrada muy rasgada. Por eso, antes de empezar a maquillarse, conviene observar bien la estructura del ojo para adaptar la técnica.
Uno de los errores más habituales consiste en copiar maquillajes pensados para ojos redondos o con mucho párpado móvil. En estos casos, gran parte del trabajo de sombras desaparece cuando el ojo está abierto, haciendo que el resultado no sea el esperado.
La clave está en crear sensación de amplitud utilizando luces y sombras en los lugares adecuados, sin sobrecargar el maquillaje.

Cómo aplicar las sombras para agrandar la mirada
Las sombras son una de las herramientas más eficaces para modificar visualmente la percepción del ojo. En los ojos achinados funcionan especialmente bien los tonos medios y mate para crear profundidad.
Lo recomendable es aplicar un color claro sobre el párpado y reservar un tono ligeramente más oscuro para la cuenca, difuminándolo un poco por encima del pliegue natural. Este pequeño truco crea la ilusión óptica de un párpado más amplio.
En la parte externa del ojo conviene intensificar ligeramente el color, siempre difuminándolo hacia arriba y hacia fuera. De esta forma se consigue elevar la mirada sin endurecer las facciones.
Los puntos de luz también tienen un papel importante. Un toque de sombra satinada o iluminadora en el lagrimal ayuda a abrir visualmente el ojo y aporta frescura al maquillaje.

El ‘eyeliner’ cambia por completo el resultado
Si hay un producto que genera dudas cuando se tienen los ojos achinados es el delineador. Muchas personas optan por trazar líneas gruesas sobre todo el párpado, pero esto suele producir el efecto contrario al deseado: el ojo parece más pequeño porque gran parte del párpado queda cubierto.
Los maquilladores suelen recomendar líneas muy finas, especialmente en la zona interior del ojo, aumentando ligeramente el grosor únicamente al llegar al extremo exterior.
El rabillo también merece atención. Lo ideal es prolongarlo siguiendo la dirección natural de las pestañas inferiores y elevándolo muy sutilmente. Un trazo demasiado horizontal puede acentuar el efecto de mirada caída, mientras que uno excesivamente ascendente puede resultar artificial.
Si no se domina el eyeliner líquido, un lápiz bien difuminado ofrece un acabado mucho más suave y favorecedor.

La máscara de pestañas es imprescindible
Unas pestañas bien trabajadas pueden transformar completamente la expresión del rostro.
Antes de aplicar la máscara resulta muy útil utilizar un rizador de pestañas. Este gesto, que apenas lleva unos segundos, consigue levantar el pelo desde la raíz y hace que el ojo parezca más abierto.
Después conviene aplicar la máscara, insistiendo especialmente en las pestañas centrales y exteriores. Este reparto ayuda a equilibrar la forma del ojo y aporta sensación de amplitud.
Cuando se busca un maquillaje más sofisticado, las pestañas postizas individuales suelen ofrecer un resultado mucho más natural que las tiras completas, ya que permiten colocar volumen únicamente donde interesa.

Qué hacer con la línea inferior del ojo
La parte inferior también influye en la percepción del tamaño del ojo.
Si se utiliza un lápiz negro en toda la línea de agua inferior, el ojo puede parecer más pequeño. En su lugar, muchos maquilladores prefieren emplear un lápiz color beige o nude, que crea un efecto óptico de mayor apertura.
En cuanto a las sombras inferiores, basta con difuminar ligeramente un tono marrón o topo en el tercio exterior para aportar profundidad sin endurecer la mirada.
Este pequeño detalle ayuda además a integrar el maquillaje superior y proporciona un acabado mucho más equilibrado.

Las cejas también influyen en la mirada
Aunque muchas veces toda la atención se centra en el maquillaje de los ojos, las cejas desempeñan un papel fundamental.
Unas cejas demasiado gruesas o excesivamente rectas pueden restar protagonismo a la mirada. Lo más favorecedor suele ser mantener un arco suave, bien peinado y con un diseño limpio que permita abrir visualmente la zona superior del ojo.
Rellenar únicamente las pequeñas zonas despobladas con un lápiz fino o una sombra específica ayuda a conseguir un acabado mucho más natural que dibujar una ceja completamente nueva.

Errores que conviene evitar
Existen algunos fallos muy comunes que pueden hacer que los ojos parezcan aún más pequeños.
Uno de ellos consiste en utilizar sombras oscuras por todo el párpado móvil. Aunque los tonos intensos son elegantes, conviene reservarlos para aportar profundidad en puntos concretos.
Otro error frecuente es aplicar delineador muy grueso desde el lagrimal hasta el final del ojo. Este recurso reduce visualmente el espacio del párpado y resta luminosidad.
También es recomendable evitar un exceso de máscara en las pestañas inferiores, ya que puede producir un efecto de mirada cansada y dirigir la atención hacia abajo.
Por último, conviene no abusar de los acabados con mucho brillo, sobre todo en el párpado cuando este es muy pequeño o encapotado. Los reflejos pueden acentuar el volumen de la zona en lugar de aportar amplitud.

Pequeños trucos que marcan la diferencia
Más allá de los productos utilizados, existen gestos sencillos que ayudan a potenciar el maquillaje.
Difuminar siempre los bordes de las sombras evita cortes bruscos y consigue una transición mucho más natural. Mantener la intensidad de color principalmente en el tercio exterior del ojo permite levantar visualmente la mirada sin necesidad de recargarla.
El iluminador aplicado bajo el arco de la ceja, en pequeñas cantidades, aporta dimensión y hace que el maquillaje resulte más fresco. Además, combinar sombras mate con ligeros toques satinados aporta profundidad sin perder luminosidad.
Otro truco muy utilizado por maquilladores profesionales consiste en maquillar con el ojo abierto cada cierto tiempo durante la aplicación. Así se comprueba exactamente qué parte del maquillaje permanece visible cuando la mirada está relajada y se pueden corregir proporciones antes de terminar el look.
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