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Los expertos en calefacción y consumo no dudan: «Una estufa de infrarrojos puede ahorrar hasta un 40% de energía frente a los radiadores convencionales»

Con la factura de la luz en el centro de las preocupaciones domésticas, la calefacción eléctrica es uno de los gastos más difíciles de recortar sin pasar frío. De ahí el interés por la calefacción por infrarrojos, un sistema que promete reducir el consumo mensual hasta en un 40% frente a otras opciones sin renunciar al confort.

Funciona de forma distinta a un radiador: en lugar de calentar el aire de la estancia, emite radiación térmica que calienta directamente las superficies, los objetos y las personas, con una sensación parecida a la de la luz del sol. Las cifras de ahorro que circulan, eso sí, proceden de un fabricante y de un portal divulgativo, y conviene leerlas con matices.

Qué ahorro promete el fabricante

Según IR-Radiant, marca española de calefacción por infrarrojos, el ahorro llega por dos vías. La primera es la potencia contratada: la empresa estima que puede reducirse hasta un 50% frente a otros sistemas, porque estos equipos necesitan menos potencia para funcionar.

La segunda es el consumo mensual, que a su juicio puede bajar un 40% respecto a otros tipos de calefacción, y más aún si se compara con un sistema centralizado. Lo atribuye sobre todo a un mayor rendimiento y a que el sistema es menos sensible a las pérdidas que provocan un mal aislamiento o las puertas y ventanas abiertas.

La propia compañía admite que sus cifras son orientativas: las necesidades reales dependen del aislamiento, la zona climática, la orientación de la vivienda e incluso la altura de los techos. Por eso ofrece estudiar cada caso concreto con asesoramiento sin compromiso. Su comparativa se apoya, además, en un gráfico con datos de 2013.

Calor directo y menos pérdidas: de dónde sale la eficiencia

El portal Conciencia Eco coincide en el planteamiento, aunque con otra horquilla: frente a los radiadores eléctricos tradicionales, este método puede ahorrar entre un 30% y un 50% de energía. Su argumento es que, al no calentar el aire, se reducen las pérdidas por ventilación o corrientes y se aprovecha mejor lo que se consume.

Estos sistemas emplean paneles, lámparas o resistencias que generan ondas de luz infrarroja, y no todas son iguales. El infrarrojo lejano es el de los paneles calefactores: suave y confortable, pensado para interiores. El medio es más intenso y se usa en zonas amplias o semiabiertas, y el cercano, muy potente, queda para exteriores o usos industriales.

En confort, el portal destaca un calor uniforme y envolvente que evita zonas frías o calientes, no reseca el aire ni genera corrientes y, por eso, resulta recomendable para personas con problemas respiratorios o alergias. Como calienta rápido, añade, encaja bien en segundas residencias o espacios donde no hace falta calefacción constante.

Cuánto cuesta la calefacción por infrarrojos y en qué viviendas encaja

La instalación es sencilla: basta con fijar los paneles a una pared o al techo y conectarlos a un enchufe. Un panel estándar cuesta entre 150 y 800 euros según su potencia y su diseño, y colocarlo con un profesional supone entre 100 y 300 euros más por unidad. En una casa de tamaño medio, el total puede moverse entre 1.000 y 3.000 euros.

Las viviendas ideales son las que tienen buen aislamiento, porque así se maximiza la eficiencia de los paneles. Es una opción pensada para apartamentos, casas pequeñas y segundas residencias, e incluso para baños, oficinas o estudios, donde el calor inmediato y localizado es prioritario. Frente a una bomba de calor, que exige más inversión y mantenimiento constante, puede salir más económico en espacios pequeños o medianos.