Portugal lleva al mar un porta-drones militar de 132 millones de euros, un tipo de buque que casi ningún otro país europeo tiene y que apunta a vigilancia persistente

Publicado el: 31 de mayo de 2026 a las 15:38
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Porta-drones militar NRP D. João II de Portugal navegando durante una recreación oficial del nuevo buque multipropósito.

Portugal ha puesto en marcha un buque que no encaja del todo en las categorías clásicas. No es un portaaviones tradicional, pero tampoco es un simple patrullero. El NRP D. João II, una plataforma naval multifuncional de 107,6 metros, está pensado para operar drones en el aire, en la superficie del mar y bajo el agua, con una inversión de 132 millones de euros.

La botadura tuvo lugar el 7 de abril de 2026 en los astilleros de Damen, en Galați, Rumanía. La Armada portuguesa prevé incorporar el buque a su flota durante el primer semestre de 2027. Para un país con el Atlántico como patio trasero, no es un detalle menor.

Un buque poco común

El D. João II nace de un concepto propuesto por la propia Marinha Portuguesa y desarrollado junto a Damen Shipyards. La empresa lo presenta como un MPV 10720, es decir, un buque multipropósito capaz de adaptarse a tareas científicas, ambientales, humanitarias y de vigilancia marítima.

La clave está en su arquitectura modular. Dicho de forma sencilla, el barco puede cambiar parte de su equipo según la misión, casi como quien prepara una mochila distinta para ir al monte, al instituto o a un viaje largo. En la práctica, eso permite pasar de una campaña científica a una operación de rescate sin reconstruir el buque desde cero.

Drones en tres capas

El gran rasgo diferencial del portadrones portugués es que no se limita a lanzar aparatos voladores. También está diseñado para trabajar con embarcaciones sin tripulación y robots submarinos, lo que abre una especie de mapa en tres capas. Cielo, superficie y fondo marino.

Entre los sistemas previstos figura el ROV Luso, un robot submarino manejado a distancia que puede llegar hasta 6.000 metros de profundidad. Para hacerse una idea, un buceador recreativo normal se mueve a decenas de metros, no a miles. Ahí abajo, el barco puede ayudar a recoger datos donde la presencia humana directa resulta casi imposible.

Ciencia y defensa

La Armada portuguesa no lo presenta solo como una herramienta militar. El D. João II podrá participar en vigilancia marítima, monitorización ambiental, investigación oceanográfica, búsqueda y rescate, apoyo en catástrofes y evacuación de ciudadanos en zonas de crisis. Es una lista larga, sí, pero responde a un problema real.

Portugal gestiona una enorme área marítima, con archipiélagos, rutas comerciales y zonas de gran interés científico. Tener un buque que pueda permanecer hasta 45 días en el mar ofrece más margen para actuar lejos de puerto. No siempre hay una base cerca cuando surge un vertido, una emergencia o una campaña científica urgente.

Quién irá a bordo

El buque contará con una guarnición de 48 personas y espacio para 42 científicos u operadores de sistemas no tripulados. También podrá alojar temporalmente a cerca de 100 personas, una capacidad útil en operaciones de evacuación o apoyo a poblaciones. No es solo un barco con drones, es un pequeño centro de trabajo flotante.

Esa mezcla explica por qué el proyecto ha despertado tanto interés. En un mismo casco se combinan laboratorios, sensores, zonas para drones y espacios de apoyo. ¿La idea de fondo? Que el mar ya no se vigila solo mirando desde cubierta, sino cruzando datos, robots y presencia humana.

El dinero

El proyecto tiene un coste total de 132 millones de euros. De esa cantidad, 94,5 millones proceden del Plan de Recuperación y Resiliencia, con fondos europeos, y 37,5 millones salen de inversión directa del Estado portugués. Es una apuesta pública, pero también una forma de colocar la economía azul en el centro de la política naval.

El entonces primer ministro António Costa lo resumió durante la firma del contrato con una frase clara. «El buque D. João II es una gran oportunidad para impulsar el conocimiento y la investigación en el área del mar», afirmó. Más allá de la foto institucional, ese mensaje marca el tono del programa.

Lo que falta

Tras tocar el agua, el D. João II no está listo todavía para operar a pleno rendimiento. Quedan ensayos, acabados y pruebas de integración de sistemas, una fase menos vistosa que la botadura, pero decisiva. Un barco así no se mide solo por su tamaño, sino por si sus drones, sensores y equipos funcionan juntos sin problemas.

Cuando entre en servicio, Portugal contará con una plataforma poco habitual en Europa. Puede que no tenga el aspecto épico de un gran portaaviones, pero su valor está en otra parte. Es, sobre todo, una herramienta para mirar el océano con más ojos y durante más tiempo.

La nota oficial sobre la botadura se ha publicado en la Marinha Portuguesa.


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