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GEOLOGÍA

Bajo esta montaña de Australia arde una veta de carbón desde hace 6.000 años y avanza un metro cada año

Imagina una brasa que nadie ha apagado desde antes de que se levantaran las pirámides de Egipto. Eso es lo que esconde el monte Wingen, en Nueva Gales del Sur (Australia), donde una veta de carbón arde a unos 30 metros bajo tierra desde hace entre 5.500 y 6.000 años. En la zona la llaman Burning Mountain, la montaña que arde.

No hay llamas a la vista ni cráter con lava. Lo que hay es un fuego lento que se arrastra hacia el sur a razón de un metro al año, según el servicio de Parques Nacionales de Nueva Gales del Sur. ¿Cómo puede algo arder durante milenios sin apagarse? La respuesta está en la química del carbón y en unas grietas muy oportunas.

El fuego más antiguo conocido

El incendio figura en el récord Guinness como el más duradero del planeta, con unos 6.000 años de antigüedad. La cifra oficial del parque es algo más prudente, unos 5.500 años. La diferencia tiene lógica, porque nadie estaba allí con un cronómetro cuando empezó.

¿Y qué lo encendió? La hipótesis más repetida es la de un rayo que cayó sobre una veta de carbón que asomaba en la superficie, aunque no hay forma de comprobarlo. Desde entonces el fuego no ha dejado de avanzar.

Un metro al año parece poca cosa, pero sumado durante milenios es un buen trecho. El terreno que deja atrás se agrieta y se hunde, porque las rocas caen en el hueco del carbón ya quemado.

Cómo arde algo sin llamas

La clave está en la llamada combustión latente (smouldering, en inglés). Es una forma de quemar sin llama, lenta y a menos temperatura, parecida a la de un trozo de carbón vegetal que sigue rojo horas después de la barbacoa.

Los especialistas en fuego del Imperial College de Londres describen estos fuegos latentes como los más grandes y duraderos de la Tierra. Afectan sobre todo a turberas (suelos encharcados llenos de restos vegetales) y a depósitos de carbón. Y admiten que todavía no se sabe bien cómo se apagan.

Para seguir vivo, el fuego necesita oxígeno. En el monte Wingen lo consigue a través de las grietas que abre el propio hundimiento del terreno, que hacen de chimeneas naturales. Por eso no se apaga. Respira.

Un volcán que no era volcán

En 1828, los colonos europeos que vieron el humo creyeron haber encontrado un volcán activo en Australia. El error duró poco. En 1829, el reverendo Charles Wilton visitó la zona y concluyó que lo que ardía era una veta de carbón.

Mucho antes, el lugar ya tenía nombre. Para el pueblo wonnarua, dueño tradicional de estas tierras, wingen viene de una palabra local que significa fuego. Su tradición cuenta que esas llamas son las lágrimas ardientes de una mujer convertida en piedra por Biami, el dios del cielo.

Un trabajo publicado en 2021 en la revista Aboriginal History por la investigadora Cara Cross recuerda otro uso menos conocido. Los wonnarua aprovechaban los depósitos de azufre y alumbre de la montaña para preparar ungüentos, barros y aguas con los que trataban heridas, infecciones, quemaduras del sol o dolor de muelas.

Lo que dice la ciencia en 2026

En mayo de 2026, un equipo de la Universidad de Greenwich publicó un estudio sobre los incendios de Jharia, en la India, y citó el monte Wingen como ejemplo de veta que arde a entre 20 y 30 metros desde hace al menos seis milenios.

En las minas de carbón de Jharia, el fuego abre hundimientos de hasta diez metros de diámetro, y sus modelos apuntan a picos cercanos a los 4.000 grados, aunque los autores reconocen que el cálculo tira por lo alto. Las rocas, eso sí, conservan finísimas capas de hierro parecidas a la corteza fundida de los meteoritos, señal de que allí se superaron los 2.000 grados.

¿Por qué importa esto lejos de Australia o la India? Porque, según ese mismo estudio, en el mundo arden sin control más de 1.000 millones de toneladas de carbón. Solo el incendio de Jharia emitiría unos 763 millones de toneladas de CO2 equivalente al año, casi el doble de lo que declaró todo el Reino Unido en 2023.

En el monte Wingen, mientras tanto, el fuego sigue a lo suyo. Un sendero de cuatro kilómetros lleva hasta un mirador sobre la zona quemada, de suelo descolorido y casi sin vegetación. Es calor que sale del subsuelo, como el que buscan las centrales de energía geotérmica, solo que este nadie lo aprovecha.

La información oficial sobre el incendio y la reserva natural está publicada en la web de NSW National Parks.

Crédito de la imagen: John Spencer / NSW National Parks and Wildlife Service.