Usar la IA está bien pero un estudio acaba de revelar que los estudiantes no saben cuándo les está dando información incorrecta y a la larga va a ser un problema más grave de lo que pensábamos

Publicado el: 15 de julio de 2026 a las 12:43
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Estudiante utilizando inteligencia artificial en un ordenador portátil durante una clase mientras consulta información para hacer los deberes.

La inteligencia artificial ya se ha colado en los deberes como una calculadora que también redacta. Un nuevo sondeo señala que el 35 % de los estudiantes la utiliza con frecuencia y otro 43 % de forma ocasional, de modo que casi ocho de cada diez ya recurren a estas herramientas para las tareas escolares.

El dato más delicado no es cuánto la usan, sino qué ocurre cuando responde mal. El 49 % de las personas encuestadas cree que los alumnos no identifican los errores y otro 40 % piensa que solo lo consiguen algunas veces. Conviene leerlo con precisión, porque se trata de la percepción de adultos y docentes, no de una prueba directa realizada a estudiantes.

La IA ya está en el aula

El trabajo se titula «Uso de IA generativa y desinformación en el ámbito escolar» y fue elaborado por el Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital de BTR Consulting. La convocatoria original se dirigió a docentes y a personas que conviven con estudiantes de primaria o secundaria.

Ese detalle cambia la lectura del titular. La página pública de descarga tampoco muestra el tamaño ni la distribución geográfica de la muestra, así que los porcentajes describen este sondeo y no deberían extrapolarse sin más a todo el alumnado.

La IA generativa es una tecnología capaz de producir textos nuevos a partir de patrones aprendidos en grandes cantidades de información. Un modelo de uso general no garantiza que cada frase haya sido comprobada contra una fuente, por eso puede inventar datos y presentarlos con un tono convincente. A esos fallos se les suele llamar «alucinaciones».

Rapidez antes que comprensión

El 32 % de los encuestados afirma que los alumnos usan la IA para terminar los deberes más rápido, el 23 % para buscar información y el 17 % para copiar respuestas. Solo el 13 % dice que la emplean para comprender mejor un tema.

La diferencia importa. El Digital Education Outlook 2026 de la OCDE concluye que una IA de uso general puede mejorar el resultado de una tarea sin producir un aprendizaje real cuando falta una orientación pedagógica clara. Hacer el trabajo no siempre significa haber aprendido.

En la práctica, un estudiante puede entregar un texto limpio y bien ordenado sin dominar las ideas que contiene. El problema aparece después, cuando debe explicar el tema con sus propias palabras o resolver algo parecido sin la herramienta.

Cuando una respuesta suena cierta

¿Por qué cuesta detectar el fallo? Porque una respuesta incorrecta puede llegar bien escrita, con fechas, nombres y referencias que parecen creíbles. La seguridad del tono funciona como un envoltorio brillante que oculta lo que hay dentro.

El 60 % de los consultados considera que la información generada por IA es bastante o muy fiable. Sin embargo, el 21 % dice que los menores nunca comprueban las respuestas, el 45 % que solo lo hacen algunas veces y apenas el 11 % que las revisan siempre.

«El problema no es que la inteligencia artificial pueda equivocarse. El verdadero riesgo aparece cuando esas respuestas se toman como ciertas sin cuestionarlas ni verificarlas», explicó Gabriel Zurdo, fundador y director ejecutivo de BTR Consulting. Comprobar el autor, la fecha y la fuente original puede marcar la diferencia entre aprender un dato y repetir un error.

Familias y profesores piden apoyo

El 68 % de los adultos consultados quiere más herramientas para acompañar el uso de la IA en la escuela. Casi nueve de cada diez consideran que todavía falta orientación para aprovecharla de forma segura y responsable.

La demanda no apunta necesariamente a prohibir. Las directrices de la Comisión Europea, actualizadas el 10 de junio de 2026, proponen actividades sobre pensamiento crítico, desinformación e IA generativa, además de recursos prácticos para docentes de primaria y secundaria.

No son cifras de la misma encuesta, pero ayudan a situar el problema. Según esas directrices, el 43 % de los jóvenes europeos de 14 años no alcanza el nivel básico de competencias digitales y solo el 36 % verifica el contenido que encuentra en internet.

Qué puede hacer la escuela

Una opción sencilla es convertir los errores de la IA en material de clase. El profesorado puede presentar una respuesta con datos dudosos y pedir al alumnado que localice la fuente original, compare versiones y explique qué parte no encaja.

Eso es alfabetización en IA. No consiste solo en escribir buenas instrucciones, sino en entender los límites de la herramienta, reconocer sesgos, proteger los datos personales y decidir cuándo es mejor no utilizarla. La guía de la UNESCO sobre IA generativa defiende precisamente un enfoque humano, seguro y adaptado a la edad.

El reto no consiste en expulsar la IA del aula, sino en impedir que sustituya el esfuerzo de comprobar, comparar y razonar.

El informe oficial se ha publicado en la web de BTR Consulting.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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