Un matemático ganó la lotería 14 veces y obligó a cambiar las reglas, y la clave está en que no fue suerte sino un método que aprovechaba una debilidad del sistema

Publicado el: 12 de junio de 2026 a las 15:32
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Stefan Mandel, el matemático que ganó la lotería 14 veces utilizando un método basado en probabilidades.

Stefan Mandel no eligió números por intuición ni confió en una fecha de cumpleaños. El economista y matemático de origen rumano convirtió la lotería en un problema de escala, ganó premios mayores en varios países y acabó dejando una huella incómoda en las normas del juego.

La conclusión es sencilla, aunque suene rara. Mandel no «adivinó» los números, sino que buscó sorteos en los que el bote fuera tan grande que compensara comprar casi todas las combinaciones posibles. ¿Era suerte o una hoja de cálculo con mucho dinero detrás? En realidad, fue una mezcla de matemáticas, inversores y una logística enorme.

La idea de Mandel

La probabilidad, explicada sin líos, mide cuántas opciones hay y cuántas te favorecen. En una lotería, cada combinación de números es una puerta cerrada. Si compras una sola, casi siempre te quedas fuera. Si puedes comprarlas todas, el juego cambia por completo.

Mandel llamó a una parte de su método «condensación combinatoria». Un algoritmo es, en pocas palabras, una receta de pasos para resolver un problema. En su caso, esa receta buscaba reducir el azar y localizar sorteos donde el premio superaba de largo el coste de cubrir las combinaciones.

El análisis matemático posterior, firmado por Ralph Stömmer, advierte de un matiz importante. La técnica inicial de Mandel en Rumanía no era exactamente lo mismo que «comprar el bote», la estrategia posterior basada en intentar cubrir todo el sorteo. Ahí está la clave.

De Rumanía a Australia

Mandel nació en Rumanía y empezó como contable, con una vida bastante lejos del brillo de los grandes premios. Según relató después, necesitaba una forma rápida de ganar dinero serio, y la lotería se convirtió en su salida. No era glamur. Era supervivencia con números.

Su primer golpe llegó cuando convenció a amigos para reunir dinero y jugar con un sistema calculado. Ganaron el premio principal y Mandel pudo dar el salto fuera de Rumanía. En Australia, ya con más margen, empezó a profesionalizar la idea mediante grupos de inversores.

Durante los años ochenta, sus consorcios esperaban a que ciertos botes fueran varias veces mayores que el coste de cubrir todas las combinaciones. Con esa táctica llegaron doce premios en Australia y cientos de miles de premios menores. Al final, las autoridades australianas cambiaron normas para impedir que una sola persona cubriera un sorteo entero.

La gran operación

El caso más famoso ocurrió en Virginia, Estados Unidos, en febrero de 1992. Aquella lotería permitía comprar muchos billetes e imprimir participaciones en casa, y además usaba números del uno al cuarenta y cuatro. Eso dejaba algo más de siete millones de combinaciones, menos que en otros juegos estadounidenses.

Mandel calculó que el plan podía funcionar si el bote superaba los veinticinco millones de dólares. Su equipo imprimió millones de participaciones con treinta ordenadores y doce impresoras láser en Australia, las envió a Estados Unidos y organizó compras en comercios de Virginia. Suena a película, pero era papeleo, cajas y cheques.

La compra no salió perfecta. Una cadena se retiró en las últimas horas y quedaron combinaciones sin procesar, así que el plan dejó de ser totalmente seguro. Aun así, el billete ganador estaba entre los comprados y el grupo se llevó el premio de 27.036.142 dólares, además de premios secundarios.

Investigado y pagado

Tras el golpe, la Lotería de Virginia revisó el caso y el asunto terminó también en los tribunales por la retención de impuestos. La sentencia del Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito dejó constancia de que el International Lotto Fund había comprado una gran cantidad de billetes y tenía premios por casi veintiocho millones de dólares.

La operación también atrajo investigaciones de agencias como el FBI y la CIA, según las crónicas sobre el caso. No se encontró una irregularidad que impidiera el pago. La diferencia entre hacer trampas y explotar una norma mal diseñada puede parecer pequeña, pero legalmente era enorme.

Mandel lo resumió con seguridad en una entrevista de 2016. «Sabía que ganaría un primer premio, seis segundos premios, 132 terceros premios y miles de premios menores», dijo. En la práctica, había tratado la lotería como una fábrica de combinaciones.

Por qué ya no funciona

La historia de Mandel obligó a cerrar la puerta. Hoy no basta con tener una calculadora y paciencia, porque muchas loterías limitan compras masivas, controlan mejor los billetes y tienen muchísimas más combinaciones. Alex Goldmark lo dejó claro. «Ya no se puede hacer».

También hay un riesgo que el público suele olvidar. Aunque compres todas las combinaciones, otra persona puede acertar los mismos números y partir el bote contigo. Eso convierte una operación millonaria en un salto peligroso. La suerte seguía escondida en la esquina.

Mandel se retiró después a Vanuatu, lejos de los sorteos y de las colas en los quioscos. Nunca reveló por completo su receta matemática, y el investigador Ralph Stömmer sostiene que esa parte sigue siendo difícil de reconstruir con certeza. El trabajo más reciente sobre la condensación combinatoria de Stefan Mandel se ha publicado en arXiv.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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