El buque de investigación oceanográfica Hespérides ha regresado al Arsenal de Cartagena después de 164 días fuera de casa y más de 24.000 millas náuticas navegadas. No es solo la llegada de un barco. Es el cierre de una misión científica larga, incómoda y muy lejos del ruido diario.
La campaña ha servido para estudiar el Océano Austral, apoyar bases españolas en la Antártida y mover a equipos científicos de 17 nacionalidades en uno de los lugares más difíciles del planeta. ¿Por qué importa algo que ocurre tan lejos? Porque lo que pasa en la Antártida ayuda a entender cómo cambia el clima global.
Regreso a Cartagena
El Hespérides volvió a puerto el lunes 4 de mayo de 2026 tras una misión que comenzó el 22 de noviembre de 2025. Durante ese tiempo actuó como plataforma científica y logística dentro de la campaña antártica española, con siete proyectos de investigación a bordo y más de 264 movimientos de personal técnico y científico.
La campaña española de 2025 y 2026 fue la número 39 de la investigación antártica nacional, coordinada por el Comité Polar Español. Para el Hespérides, en cambio, fue su campaña antártica número 30, una diferencia importante porque el buque no participó en todas las campañas desde el inicio del programa español.
También hubo escalas clave en Mar del Plata y Ushuaia, en Argentina, Punta Arenas, en Chile, y Recife, en Brasil. En la práctica, esas paradas son como los boxes de una carrera muy larga. Sirven para cambiar personal, cargar material, revisar equipos y dejar que la dotación respire un poco.
El Mar de Hoces
Uno de los puntos más duros de la misión fue el Mar de Hoces, el paso que separa el extremo sur de América de la Península Antártica. El Hespérides lo cruzó ocho veces durante esta campaña, un dato que resume bastante bien la exigencia del viaje.
El Mar de Hoces es famoso por sus temporales, sus olas y sus cambios bruscos de tiempo. No es una postal tranquila de hielo azul. Es una frontera de agua donde se conectan el Atlántico y el Pacífico, y donde cualquier error se paga caro.
En 2026 también se recuerda el quinto centenario del viaje de Francisco de Hoces, el navegante español que documentó aquella zona al sur de Tierra del Fuego. Cinco siglos después, otro buque español ha vuelto a ese límite del mundo, pero ahora con otro objetivo. Ya no busca rutas. Busca datos.
Ciencia en el hielo
La misión ha estudiado la oceanografía del Océano Austral. Dicho fácil, la oceanografía observa cómo se mueve el mar, cómo cambia su temperatura, cuánta sal contiene y cómo todo eso influye en el planeta.
También se han desarrollado trabajos sobre cambio climático, biogeoquímica y productividad biológica. La biogeoquímica suena a palabra de examen, pero significa algo bastante directo. Estudia cómo se mueven sustancias como nutrientes o carbono entre el agua, los seres vivos y el fondo marino.
La campaña española incluyó 28 proyectos científicos, con 15 aprobados por la Agencia Estatal de Investigación, tres series históricas y apoyo a trabajos de otros países. Entre ellos figuran MERIDIAN, centrado en microorganismos del suelo polar, y POLAR-MELT, sobre arroyos alimentados por deshielo y su papel en los ecosistemas polares.
Bases y apoyo
El Hespérides no solo recoge muestras o transporta investigadores. También sostiene la presencia española en la Antártida con tareas tan poco vistosas como esenciales. En esta campaña participó en la apertura y cierre de las bases antárticas españolas Gabriel de Castilla y Juan Carlos I, además del campamento internacional Byers.
La base Juan Carlos I está gestionada por la Unidad de Tecnología Marina del CSIC, mientras que Gabriel de Castilla depende del Ejército de Tierra. La Armada opera el Hespérides y el Comité Polar Español coordina el conjunto de actividades, una especie de engranaje en el que cada pieza tiene que llegar a tiempo.
Sin esa logística, la ciencia no despega. Hay que mover comida, combustible, repuestos, muestras, sensores y personas en un entorno donde una tormenta puede cambiarlo todo. Al final del día, incluso la investigación más avanzada empieza con una caja bien cargada y un barco capaz de llegar.
Un laboratorio flotante
El Hespérides es un buque de investigación de ámbito global, con casco reforzado para navegar en zonas polares. La Unidad de Tecnología Marina del CSIC mantiene su equipamiento científico y aporta personal técnico para las campañas oceanográficas.
A bordo hay 11 laboratorios y más de 350 metros cuadrados dedicados de forma permanente a la ciencia. Allí se pueden estudiar desde el fondo marino hasta la química del agua, pasando por la biología marina o la forma del relieve submarino.
Puede parecer raro imaginar un laboratorio que se mueve, se balancea y cruza temporales. Pero esa es la gracia. El barco lleva los instrumentos justo al lugar donde están las preguntas, aunque ese lugar quede a miles de kilómetros de casa.
Por qué importa
La Antártida no es solo hielo remoto. Es una zona muy sensible al calentamiento global y un laboratorio natural para ver cambios que luego afectan a otras partes del planeta. Por eso los datos recogidos allí sirven para mejorar modelos climáticos y entender mejor qué puede venir.
La información sobre corrientes, deshielo, microorganismos y nutrientes ayuda a medir la salud del océano. No resuelve por sí sola el problema climático, claro. Pero sin esos datos se navega casi a ciegas, y en ciencia eso nunca es buena idea.
El regreso del Hespérides cierra una campaña, pero también deja otra lectura. España mantiene una presencia científica estable en la Antártida gracias a una mezcla de investigación, logística y navegación extrema. Mucha ciencia empieza así, con frío, sal y paciencia.
La nota oficial principal sobre la 39ª Campaña de Investigación Antártica Española se ha publicado en La Moncloa.











