A más de 5.600 metros de altura, cerca de la cumbre del cerro Chajnantor, Chile acaba de sumar un nuevo ojo para mirar el universo. El Fred Young Submillimeter Telescope, conocido como FYST, fue inaugurado el 9 de abril de 2026 en el Parque Astronómico de Atacama, en una ceremonia con científicos y representantes de Estados Unidos, Alemania, Canadá y Chile.
El punto clave no es solo su altura. FYST está diseñado para captar luz submilimétrica, una señal que nuestros ojos no ven y que suele venir de gas, polvo y galaxias muy antiguas. En la práctica, eso significa estudiar el «universo frío» desde tierra, aunque CCAT señala que su primer encendido científico está previsto para el tercer trimestre de 2026.
Un ojo en Atacama
El telescopio tiene un espejo de seis metros y trabaja en longitudes de onda entre lo milimétrico y lo submilimétrico. Dicho fácil, detecta una parte de la luz que queda fuera de lo visible, muy útil para ver zonas frías y oscuras del cosmos.
Su diseño óptico permite barrer zonas amplias del cielo con rapidez. No busca sustituir a los grandes observatorios que ya existen en Chile, sino añadir otra capa de información, como cuando pones un filtro distinto a una cámara para descubrir detalles que antes no salían.
Por qué la altura importa
Chajnantor no es un sitio cómodo. A esa altitud la presión atmosférica cae a menos de la mitad que a nivel del mar, y quienes suben necesitan controles médicos y oxígeno. No es precisamente una excursión de domingo.
La recompensa está arriba. El aire seco del desierto de Atacama y la altura colocan al FYST por encima de buena parte del vapor de agua, que puede bloquear o deformar parte de la radiación submilimétrica antes de que llegue al suelo.
Qué quiere descubrir
Los científicos esperan usar FYST para estudiar cómo se formaron las primeras galaxias y cómo evolucionó la estructura del universo. También puede aportar datos sobre la materia oscura y la energía oscura, dos piezas que los astrónomos nombran mucho, pero que aún no entienden del todo.
La materia oscura se suele explicar como algo que no emite luz, pero cuya gravedad se nota en las galaxias. La energía oscura, por otro lado, se usa para describir la aceleración de la expansión del universo. FYST no resolverá todo de golpe, claro, pero puede añadir mapas nuevos donde hoy hay muchas lagunas.
Un aliado para ALMA
El norte de Chile ya alberga a ALMA, uno de los observatorios más importantes del mundo para observar gas y polvo frío. FYST puede hacer grandes barridos del cielo y localizar fuentes interesantes, mientras ALMA puede estudiar después algunas de ellas con mucho detalle.
Leonardo Bronfman, académico del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, explicó que FYST será un «apoyo clave para ALMA». Patricio Rojo, director del mismo departamento, resumió el entusiasmo local al decir que el nuevo instrumento «abre una nueva ventana a la astronomía».
Ciencia y cantera
El proyecto también tiene una pata formativa. Jürgen Stutzki, astrónomo de la Universidad de Colonia, destacó que el telescopio servirá para que jóvenes estudiantes aprendan tecnología, software y ciencia de observación avanzada, y para preparar una «buena nueva generación».
El instrumento Prime-Cam, dirigido por Michael Niemack en Cornell, está pensado para medir señales de cosmología y formación de galaxias con una velocidad de mapeo muy superior a la de instalaciones anteriores en ciertos trabajos. Suena abstracto, pero el resultado para el público es más sencillo. Más cielo observado en menos tiempo.
Un proyecto global
FYST forma parte del Observatorio CCAT, liderado por Cornell y con participación de la Universidad de Colonia, la Universidad de Bonn, el Instituto Max Planck de Astrofísica, Duke y un consorcio canadiense encabezado por la Universidad de Waterloo. En Chile, la Universidad de Chile ha tenido un papel clave en la cooperación y la instalación.
El telescopio lleva el nombre de Fred Young, exalumno de Cornell, que apoyó el proyecto durante años y aportó más de diez millones de dólares. Durante la inauguración, lo resumió con una frase muy de estreno: «Ahora llegó la hora de ver de qué es capaz este gigante».
Lo que viene
El paso siguiente será comprobar el rendimiento del sistema en condiciones reales y preparar sus primeras observaciones científicas. En un lugar así, el éxito no depende solo del espejo, sino también del viento, el frío, la logística y la salud de quienes trabajan a más de cinco kilómetros sobre el nivel del mar.
Si el calendario se cumple, FYST empezará a producir una nueva clase de mapas del cielo durante 2026. Puede que no dé respuestas inmediatas a las grandes preguntas del universo, pero sí mejores datos para hacerlas bien. Ese es el comienzo.
La nota de prensa oficial se ha publicado en la Universidad de Chile.










