Adiós a los siglos de viaje: la propulsión por luz que pondrá Alfa Centauri al alcance de una vida humana

Publicado el: 16 de mayo de 2026 a las 09:38
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Concepto artístico de una nave impulsada por luz láser rumbo a Alfa Centauri mediante tecnología de vela fotónica.

¿Y si para mover una nave no hiciera falta quemar combustible, sino apuntarle con un láser? Esa es la idea detrás de los «metajets», unos dispositivos microscópicos que un equipo de la Universidad de Texas A&M ha conseguido levantar y dirigir con luz, sin tocarlos físicamente.

La noticia no pone una sonda rumbo a las estrellas mañana. Pero sí añade una pieza interesante a un problema gigantesco, cómo cruzar la distancia hasta Alfa Centauri sin esperar miles de generaciones. Según Texas A&M, estos metajets permiten movimiento controlado en varias direcciones y podrían ayudar a diseñar futuros sistemas de propulsión óptica más escalables.

Qué son los metajets

El trabajo ha sido dirigido por Shoufeng Lan, profesor asistente de ingeniería mecánica y director del Laboratorio de Nanofotónica Avanzada de Texas A&M. El artículo está firmado también por Kaushik Kudtarkar, Yixin Chen, Ziqiang Cai, Preston Cunha, Xinyi Wang, Sam Lin, Zi Jing Wong y Yongmin Liu.

Un metajet es un objeto diminuto fabricado con metasuperficies. Dicho fácil, son láminas ultrafinas con patrones tan pequeños que cambian la forma en que la luz rebota o atraviesa el material. No es una vela normal. Es más bien una superficie diseñada como si fuera una pista de baile para fotones.

Esos fotones son partículas de luz. Cada una empuja muy poco, casi nada, pero muchas juntas pueden generar una fuerza medible. Lan lo compara con pelotas de ping-pong rebotando sobre una mesa, una imagen bastante útil para entender el truco sin perderse en ecuaciones.

La luz como motor

La propulsión óptica intenta mover objetos usando luz, normalmente con láseres o con la presión de la luz solar. Suena raro porque en casa no notamos que una lámpara empuje la mano. La fuerza existe, pero es minúscula.

La clave de estos metajets está en que el control no depende solo de moldear el haz de luz desde fuera. El propio material lleva incorporado el diseño que convierte la luz en movimiento. En la práctica, eso significa que el empuje se puede ajustar desde la superficie del objeto, no solo desde el láser.

El equipo fabricó dispositivos de apenas unas decenas de micrómetros. Eso es menos que el grosor de un pelo humano. Aun así, lograron movimiento lateral y levitación, una combinación importante porque permite maniobrar en tres dimensiones, no solo empujar hacia delante como si fuera un carrito.

El salto hacia Alfa Centauri

Alfa Centauri es el sistema estelar más cercano al Sol, pero cercano aquí no significa cerca. NASA lo sitúa a unos 4,3 años luz, una distancia que convierte cualquier viaje con cohetes actuales en una espera absurda para la escala humana.

Por eso la idea de usar luz lleva años dando vueltas. En 2016, Breakthrough Starshot propuso enviar nanonaves empujadas por un gran sistema de láseres. Su objetivo era probar si una sonda de masa muy baja podría viajar a una quinta parte de la velocidad de la luz y alcanzar Alfa Centauri en algo más de 20 años.

Pete Worden, exdirector del centro Ames de la NASA y responsable del programa, resumió entonces el tono del proyecto con una frase prudente. «Es hora de abrir la era del vuelo interestelar, pero necesitamos mantener los pies en el suelo para lograrlo». Esa segunda parte importa mucho. Aquí no hay nave lista, sino física básica buscando camino.

Lo probado en el laboratorio

Los metajets se fabricaron con precisión a escala nanométrica en las instalaciones AggieFab de Texas A&M, con apoyo de la Texas A&M Engineering Experiment Station. Para las pruebas, el equipo usó un entorno fluido que ayudaba a compensar los efectos de la gravedad y permitía observar mejor el movimiento.

Ese detalle es menos llamativo que hablar de Alfa Centauri, pero es clave. En un laboratorio terrestre, la gravedad estorba cuando se intenta medir una fuerza tan pequeña. Por eso los investigadores quieren llevar el sistema a entornos de microgravedad, donde el empuje de la luz podría estudiarse con menos interferencias.

También hay una diferencia importante frente a otras ideas de propulsión por luz. En muchos enfoques, el control se consigue dando forma al láser. Aquí, parte del control vive en la estructura del metajet, como si el objeto supiera cómo reaccionar cuando le llega la luz.

Por qué importa

La ventaja potencial es la escalabilidad. Según el equipo, la fuerza depende sobre todo de la potencia de la luz, no únicamente del tamaño del dispositivo. Eso abre la puerta a pensar en versiones mucho mayores, aunque todavía estamos muy lejos de una vela interestelar real.

Hay precedentes que ayudan a ponerlo en contexto. LightSail 2, de The Planetary Society, demostró que una nave pequeña podía modificar su órbita usando solo luz solar, sin combustible convencional.

Pero un metajet no es LightSail 2, ni una nave de Starshot. Es una prueba de laboratorio que muestra una forma distinta de convertir luz en movimiento controlado. Lo interesante está ahí, en el mecanismo, no en vender un viaje inmediato a otra estrella.

Lo que falta

El gran obstáculo es la energía. Para mover algo grande con luz hace falta muchísima potencia óptica, además de materiales que no se deformen, no se calienten demasiado y mantengan el control durante mucho tiempo. No es poca cosa.

También falta probar cómo se comporta el sistema fuera del laboratorio. Los investigadores buscan financiación externa para ensayos en microgravedad, un paso razonable antes de hablar de aplicaciones espaciales reales. Primero hay que saber si el empuje funciona igual cuando la gravedad deja de llevarse casi todo el protagonismo.

Aun con esas cautelas, el resultado apunta a una idea potente. La luz no solo puede iluminar una escena, también puede empujar, levantar y guiar objetos si el material está diseñado con suficiente precisión. 

El estudio principal ha sido publicado en Newton.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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