Chery no quiere esperar a tener su propia fábrica en México para empezar a producir allí. La automotriz china, que opera en el país bajo la marca Chirey, estudia una entrada más rápida, asociarse con un fabricante ya instalado o usar capacidad libre en una factoría mexicana.
La jugada llega en un momento incómodo para cualquier marca asiática. México ha endurecido su política arancelaria, Estados Unidos vigila más de cerca las cadenas de suministro y el T-MEC entra en una fase clave. ¿Construir desde cero o pisar el acelerador con una planta que ya funciona?
Un socio primero
La vía más rápida sería apoyarse en un socio local. En la práctica, eso significa que Chery no tendría que comprar terrenos, levantar naves y montar líneas completas desde el primer día.
La clave está en la capacidad ociosa, una forma sencilla de decir que una planta puede producir más de lo que produce ahora. Para una marca nueva en fabricación local, alquilar o compartir esa capacidad es como entrar por una puerta lateral mientras prepara la entrada principal.
Ricardo Humphrey, vicepresidente de Chirey Motor México, resumió la idea con una frase directa. «Es posible que lo hagamos a través de un socio en México y eso sería lo más rápido que podría suceder», dijo durante los encuentros de la compañía en Wuhu, China. Yin Tongyue, presidente de Chery Automobile, añadió que el grupo busca «desarrollo local» y resolver problemas en el menor tiempo posible.
Por qué México pesa
Zhang Guibing, presidente de Chery International, situó a México entre los diez mercados más importantes para el grupo. No es un detalle menor. Para una marca que compite en precio, tecnología y volumen, fabricar cerca del cliente puede marcar la diferencia.
Chery International asegura que opera en más de 130 países y regiones, así que México encaja dentro de una estrategia global de localización. Localización, en este caso, significa producir más cerca del mercado donde se venden los coches, comprar más piezas en la zona y depender menos de barcos, aduanas y cambios políticos de última hora.
La idea no es solo vender más coches. También es construir una red de proveedores, técnicos y servicios que aguante cuando cambian las reglas del comercio. Al final del día, un coche fabricado localmente suele tener más margen para adaptarse al precio, a las normas y al gusto del comprador.
El arancel manda
El gran freno es la incertidumbre. La Secretaría de Economía de México informó a finales de 2025 una modificación de aranceles que afecta a 1.463 fracciones de importación en sectores como el automotriz, el textil y otros ramos industriales.
Para un importador, un arancel es como un peaje en la frontera. Si sube demasiado, el coche puede perder atractivo antes incluso de llegar al concesionario. En septiembre de 2025, México planteó elevar hasta el 50 por ciento los aranceles para automóviles procedentes de China y otros países asiáticos, dentro de una revisión más amplia de importaciones.
Por eso Chery pide certidumbre antes de apostar por una fábrica propia. Una planta dedicada cuesta mucho dinero y no se decide con una hoja de cálculo rápida. También necesita permisos, proveedores, acuerdos laborales, logística y una mínima confianza en que las reglas no cambiarán cada pocos meses.
El T-MEC pesa
El otro tablero es el T-MEC, el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá. Sus reglas de origen obligan a que una parte importante del contenido de un vehículo venga de Norteamérica para recibir trato arancelario preferente. Dicho sin jerga, no basta con montar un coche en la región si la mayor parte de sus piezas viene de fuera.
La oficina del Representante Comercial de Estados Unidos explica que el acuerdo exige que el 75 por ciento del contenido automotriz sea norteamericano. Esa norma busca que la producción no sea solo ensamblaje final, sino una cadena real de piezas, salarios y proveedores dentro de la región.
El calendario añade presión. La revisión del T-MEC de 2026 debe evaluar cómo ha funcionado el acuerdo y si los tres países quieren extenderlo, mientras el debate sobre China gana peso en las conversaciones comerciales.
Lo que falta
El plan de Chery parece prudente, pero aún está lejos de ser automático. La empresa tendría que elegir socio, modelo de producción y estado mexicano, además de demostrar que puede cumplir con calidad, suministro y servicio posventa.
También hay una pregunta de fondo. ¿Será una operación pensada solo para abastecer a México o acabará conectada con Norteamérica? La respuesta dependerá de los aranceles, de las reglas de origen y de hasta qué punto Chery logre sustituir piezas importadas por componentes hechos en la región.
De momento, la hoja de ruta combina velocidad y cautela. Primero, un socio o una planta disponible. Después, quizá, una fábrica propia si las condiciones regulatorias y geopolíticas son más claras.








