Psicología

La psicología dice que las personas que bajan el volumen para aparcar no es por manía: es para ver mejor y tiene sentido

Bajar el volumen al aparcar
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

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Bajar el volumen de la radio al aparcar no es una manía sin sentido. En realidad, según la psicología, es una forma de reducir las distracciones y «liberar recursos mentales». Se trata de una maniobra que requiere gran precisión e implica atención visual, memoria espacial, coordinación motora y toma rápida de decisiones, por lo que el cerebro intenta eliminar estímulos innecesarios para concentrarse mejor. También influye el conocido «efecto de interferencia». Aunque la música no dificulta la visión a la hora de aparcar, sí puede reducir la capacidad de atención.

Esta situación tan cotidiana refleja una característica profundamente humana: pensamos que podemos hacer varias cosas al mismo tiempo, pero, en realidad, muchas veces cambiamos rápidamente el foco de atención entre ellas. Establecer los puntos de referencia para aparcar resulta más fácil cuando no hay música a un volumen elevado, ya que el cerebro puede dedicar más recursos a la información visual en lugar de repartir su atención entre la vista y el oído.

La razón por la que bajamos la música para aparcar

En el año 1988, Anne-Marie Bommel y Ervin R. Hafster publicaron el informe «Divided Attention Between Simultaneous Auditory and Visual Signals», que refleja las razones por las que muchos conductores bajan el volumen o apagan la música cuando van a aparcar. Una de las conclusiones más interesantes es que elcerebro tiende a priorizar los sentidos más relevantes para cada situación. En este caso, la información visual resulta fundamental para calcular distancias, identificar obstáculos y controlar la posición del vehículo. Por ello, la atención se centra en la vista, mientras que los estímulos auditivos pasan a un segundo plano.

Según explica Victoria Bayón, neurocoach especializada en optimización cerebral, «cuando aparcamos, necesitamos precisión y control, y la música, aunque parezca inofensiva, ocupa parte de nuestra capacidad de atención», según recoge La Vanguardia. Para entender mejor este fenómeno, es de especial interés conocer la función de la corteza prefrontal, una región cerebral relacionada con la toma de decisiones, la planificación y la atención. Esta zona funciona como una especie de «director de orquesta», seleccionando la información más importante y reduciendo las distracciones cuando la situación lo requiere.

«Cuando realizamos una tarea que exige mucha precisión, como aparcar en un hueco estrecho o calcular distancias mientras giramos el volante, el cerebro necesita establecer prioridades y apartar los estímulos que no resultan necesarios. Imagina que la atención es como un vaso que se llena con cada estímulo. Si hay demasiados sonidos o distracciones, ese vaso se desborda y nuestra concentración disminuye», señala Bayón.

Asimismo, existen otros factores que también influyen en la capacidad de concentración al aparcar, como el nivel de fatiga, ya que, cuando el cerebro está cansado, tiene más dificultades para filtrar las distracciones y mantener la atención. El estrés y la ansiedad también pueden aumentar la saturación mental y dificultar la toma de decisiones. A esto se suma la complejidad del entorno: estacionar en una calle estrecha con mucho tráfico o en un aparcamiento con poca visibilidad exige un mayor esfuerzo cognitivo. Por último, la experiencia al volante puede marcar la diferencia.

Un estudio de Hal Pashler, profesor de Psicología de la Universidad de California, analizó la interferencia que se produce cuando el cerebro debe repartir su atención entre varias tareas simultáneas, como escuchar música y calcular las distancias al aparcar. Sus conclusiones ponen de manifiesto que la capacidad de procesamiento del cerebro es limitada cuando debe gestionar varios estímulos al mismo tiempo.

La mejor música para conducir

Una investigación de la Universidad Memorial de Terranova, en Canadá, analizó la relación entre el ritmo musical, el pulso cardíaco y la actividad cerebral. Para ello, sometió a hombres y mujeres a diferentes pruebas de concentración con distintos estilos musicales y volúmenes de entre 53 y 95 decibelios. Según los resultados, quienes escuchaban música más rápida y a mayor volumen presentaban un riesgo de accidente un 20% más alto.

Cuando una canción tiene un ritmo rápido, el conductor puede tiende a pisar más el acelerador. Además, subir demasiado el volumen puede dificultar la percepción de los sonidos del entorno y restar atención a la carretera. Por otro lado, un estudio de la Universidad de Dortmund, en Alemania, concluyó que quienes escuchan pop-rock tienden a conducir a mayor velocidad y de forma más agresiva que aquellos que prefieren la música clásica.

Por su parte, la empresa británica Populus señala que escuchar rock mientras se conduce podría aumentar las posibilidades de sufrir un accidente. En su encuesta, el 76% de los participantes afirmó haber gritado o insultado a otros conductores, mientras que el 31 % aseguró haberse visto involucrado en algún accidente leve, frente al 13% de los jóvenes que escuchaban música pop. El mismo estudio también desaconseja escuchar jazz al volante, ya que su complejidad musical podría aumentar las distracciones.

«La música pop es simple y repetitiva, la gente tiende a saberse la letra de memoria, por lo que ocupa menos espacio en la mente del oyente», explica Vicky Williamson, psicóloga y una de las autoras del estudio.

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