Los chefs expertos coinciden: para que la ensaladilla rusa quede más ligera no hay que echarle patata, sino 200 gramos de atún
Detrás de esta idea se encuentra Rubén Martínez, chef y creador de contenido gastronómico
Nunca ha tenido lugar una evolución sin experimentación y eso también se puede aplicar a la cocina. No existe algo más aburrido que hacer las cosas de una determinada manera solo porque «siempre se hicieron así». En este caso, hablaremos de eso, juntando lo mejor de la ensaladilla rusa y lo mejor del pincho vasco, la gilda.
Detrás de esta idea se encuentra Rubén Martínez, chef y creador de contenido gastronómico, con más de 240.000 seguidores en Instagram, afincado en La Coruña. El cocinero estudió gestión gastronómica y nutrición, y pasó por cocinas francesas, como la del restaurante ‘La Ola’, antes de volver a Galicia. Esta receta además cuenta con una historia personal, al ser un aperitivo que aprendió de niño cocinando junto a su abuela.
La gilda es considerada el primer pincho de la historia y nació a mediados de los años cuarenta en San Sebastián. Su creación se debe a un cliente habitual que se llamaba Joaquín Aramburu, quien tuvo la idea de ensartar encurtidos en un mismo palillo. Tuvo tanto éxito que el bar empezó a servirla de forma fija.
Por su parte, la ensaladilla rusa nace a mediados del siglo XIX en el restaurante ‘Hermitage’ de Moscú. Aquel ‘invento’ no tenía nada de humilde al ser una mezcla de urogallo, lengua de ternera, caviar, colas de cangrejo, alcaparras y una salsa secreta que su creador preparaba a puerta cerrada. El creador se llevó ese secreto a la tumba, aunque no evitó que el plato se democratizase más.