Ya no basta con echarlos
Los accidentes son consecuencia de la vida. Sin embargo, la insistencia en el delito es fruto del abandono moral de una sociedad tan suicida como estúpida. Nos hemos acostumbrado al luto en España en la misma proporción con la que hemos normalizado la corrupción socialista. Una cosa no se entiende sin la otra. En sólo ocho años, España es un país tercermundista gracias al PSOE y a la banda de delincuentes que se hicieron con el poder, primero robando unas elecciones a los suyos, y después, al resto de españoles. Del nivel de subdesarrollo progresivo y progresista de España es responsable esa ciudadanía que ha votado y permitido delinquir a una organización criminal que hoy justifica una nueva tragedia.
Hace ocho años España era una nación que presumía ante el mundo de tener la mejor red ferroviaria de todo el Occidente desarrollado. La vivienda no era el problema que es hoy y los salarios aún podían jugarle de tú a tú a la inflación. El saqueo fiscal del Gobierno era tolerable dentro del abuso y en las calles se vivía la disensión con la tranquilidad de quien ejercita el debate como parte inseparable de ser español. En ese costumbrismo que nos ha sido arrebatado, los servicios públicos funcionaban en su decadencia y España castigaba la corrupción del partido que por aquel tiempo mandaba encontrando alternativas políticas más aseadas y renovadoras.
Entonces llegó de nuevo el socialismo, en su versión más ladrona, corrupta, mafiosa y delictiva jamás conocida, el sanchismo, y todo se fue a la mierda. Han inflado de dinero el Estado con nuestro impuestos para después regalarlo a la plebe drogada de relato, sindicatos y oenegés traficantes de subvenciones. Han matado a una nación orgullosa de su resistencia y solidaridad que hoy entierra a sus muertos, ante la sonrisa culpable de quienes los asesinan desde el poder con sus decisiones políticas.
Porque lo de Urda, como lo de Adamuz, no ha sido un fallo humano, aunque las terminales de agit-prop del régimen repiquen la mentira que les han ordenado difundir. Ha sido una decisión humana. En concreto, la de gastarse el dinero del mantenimiento de los trenes y vías, de sus sistemas de seguridad y avisos en colocar prostitutas, amiguetes de partido y activistas políticos en vez de invertirlo en profesionales técnicos y cualificados. La degradación de un país empieza cuando su ciudadanía justifica a quienes roban, matan y corrompen sólo porque son los suyos. Ya podemos decir que todo votante del PSOE que el 29-N deposite en la urna su apoyo al sanchismo será tan responsable de la muerte de más de cien personas en menos de un año como aquellos a los que elige.
Si han decidido posicionarse, deberán asumir el señalamiento de la población decente y honesta que sufre las consecuencias de tanta sumisión química al fentanilo zurdo. Su historia de violencia, poder, control de la población, hiprogresía congénita y pobreza generada obedece a la voluntaria decisión de quien, asumiendo su falso relato, ha elegido siempre el poder por encima de la libertad y la secta por delante de la democracia.
¿Cuántos muertos hacen falta para que España deje de votar a esa organización criminal y corrupta llamada PSOE? ¿Cuántos delitos hacen falta para que las ovejas aposentadas en el pesebre socialista dejen de apoyar al líder de la mafia? ¿Cuánta ruina necesitamos para reaccionar? Antes, al coger un tren de alta velocidad, nos molestaba llegar diez minutos tarde a nuestro destino, pero enseguida se nos pasaba el enfado al saber que el billete nos salía gratis. Compromiso de puntualidad, le llamaban. Ahora nos conformamos con llegar vivos a casa.
Eso es el PSOE, eso ha sido siempre el socialismo, una ideología que mientras te habla de estado del bienestar, rebaja tu calidad de vida a mínimos incompatibles con la decencia y la dignidad humana. Si el socialismo te mata, el sanchismo te cuesta la vida. Por eso, ya no nos conformamos con echarlos, no resultan suficientes las disculpas, ni tampoco nos satisfacen las dimisiones. Hay que juzgarlos, procesarlos y condenarlos. Porque si Sánchez y Puente salen vivos -política y judicialmente- de esta, la muerte de todas las víctimas creadas por este Gobierno en su mandato sólo servirá para aumentar la cifra de asesinados que el socialismo, en su negligente incompetencia, sigue dejando como marca y memoria histórica.
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