Contaminación Capa de ozono

La capa de ozono tardará siete años más en recuperarse por un vacío legal que regula la industria

La filtración de sustancias destructoras supera siete veces la tasa prevista hace cuatro décadas

El ozono estratosférico no recuperaría niveles de 1980 hasta 2073 si no se reforma el Protocolo

capa ozono
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Un vacío legal en el Protocolo de Montreal, el tratado internacional que durante casi cuatro décadas ha protegido la capa de ozono,amenaza con borrar buena parte de los avances conseguidos.

Es lo que anuncia un estudio publicado este mes en Nature Communications y liderado por científicos del MIT y de instituciones europeas que cuantifica por primera vez el impacto real de las emisiones industriales que escapan a las restricciones del acuerdo, y la conclusión es contundente: si no se actúa, la capa de ozono tardará siete años más de lo previsto en recuperarse.

La investigación identifica el origen del problema en una exención incluida en el propio Protocolo de Montreal desde su firma en 1987. Las sustancias destructoras del ozono utilizadas como materias primas industriales —los llamados feedstocks— quedaron excluidas de las prohibiciones porque se estimaba que solo el 0,5% de la cantidad producida se filtraba a la atmósfera. Ese porcentaje se consideraba despreciable.

La tasa real de filtración es siete veces mayor

Los datos recogidos por la red de monitoreo global AGAGE —codirigida desde el MIT— revelan que la realidad ha desbordado aquel cálculo. La filtración real de estas sustancias ronda el 3,6% de la producción, es decir, más de siete veces la tasa asumida cuando se redactó la exención. Y no solo eso: la producción de feedstocks, lejos de decrecer como se anticipaba, ha crecido de forma sostenida durante la última década.

El estudio proyecta distintos escenarios hasta 2100. En el escenario donde la filtración se mantiene en el 3,6% actual, el ozono estratosférico no recuperaría los niveles de 1980 hasta 2073, frente al año 2066 proyectado si las emisiones se redujeran al 0,5% original. El escenario de emisiones cero adelantaría esa fecha a 2065. En términos netos, el vacío legal actual puede costar siete años de retraso en la regeneración de la capa de ozono.

Capa de ozono

Plásticos y antiadherentes

Los feedstocks afectados se emplean principalmente para fabricar plásticos, productos con recubrimiento antiadherente y los propios sustitutos de las sustancias ya prohibidas por el Protocolo.

Susan Solomon, catedrática de Estudios Medioambientales y Química del MIT y una de las científicas que en los años 80 estableció la relación entre los CFC y el agujero de ozono, resume el problema con precisión: «La producción de sustancias destructoras del ozono ha cesado en todo el mundo salvo para este uso, que es cuando tienes una sustancia química que conviertes en otra cosa».

La ironía es que esa excepción tenía cierta lógica económica en su momento. «Se pensaba que la filtración de estas sustancias era mínima —en torno a medio punto porcentual de lo que se introducía— porque las empresas básicamente estarían tirando sus beneficios si sus materias primas se escapaban a la atmósfera», explica Luke Western, investigador del MIT Center for Sustainability Science and Strategy. Esa lógica ha resultado insuficiente.

Siete años de retraso

Stefan Reimann, del Laboratorio Federal Suizo de Ciencia y Tecnología de los Materiales y primer firmante del estudio, subraya la urgencia del mensaje: «Este artículo envía un mensaje importante: estas emisiones son demasiado elevadas y hay que encontrar la manera de reducirlas». Las vías posibles incluyen dejar de utilizar estas sustancias como materia prima, sustituir los compuestos problemáticos por otros menos dañinos o reducir drásticamente las fugas en los procesos industriales.

El estudio también señala un efecto colateral que agrava el diagnóstico: las emisiones de feedstocks no sólo dañan la capa de ozono, sino que contribuyen directamente al forzamiento radiativo y, por tanto, al cambio climático. Reducirlas tendría, pues, un doble beneficio ambiental.

El Protocolo ante su límite

Considerado el acuerdo medioambiental internacional más exitoso de la historia, el Protocolo de Montreal entró en vigor en 1989 y vincula a 197 países de la Unión Europea.

Su aplicación ha logrado reducir de forma drástica las emisiones de clorofluorocarburos (CFC) y otras sustancias halogenadas de larga vida, utilizadas en refrigeración, climatización y aerosoles. Estudios previos del MIT habían documentado que la recuperación ya era medible y que el ozono estratosférico podría volver a niveles de 1980 tan pronto como en 2040 en los escenarios más optimistas.

La nueva investigación no cuestiona ese éxito, pero sí señala que la exención de los feedstocks es, en palabras de Solomon, «un fallo en el sistema». El artículo publicado en Nature Communications es el primero en cuantificar de forma exhaustiva su impacto, y sus autores confían en que los datos sean suficientes para que las partes del Protocolo de Montreal aborden esta laguna en su próxima reunión.

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Representación del agujero de la capa de ozono en octubre de 2015 por parte de la NASA.

La industria puede adaptarse

Solomon se muestra optimista sobre la capacidad de respuesta del sector químico. La investigadora, que participó en los trabajos originales que condujeron al tratado, considera que la industria ha demostrado en el pasado que puede innovar cuando las reglas del juego cambian. «Hay muchos innovadores en la industria química. Son capaces de crear y mejorar sustancias», señala.

Reimann coincide en que la solución es técnicamente alcanzable, aunque insiste en que requiere voluntad política. «Si queremos que el Protocolo sea tan exitoso en el futuro como lo ha sido hasta ahora, las partes tienen que plantearse cómo reducir las emisiones de estos procesos industriales», concluye.

La capa de ozono protege a la vida en la Tierra de la radiación ultravioleta solar, cuya exposición excesiva provoca cáncer de piel y daños oculares, entre otros efectos. Su regeneración es uno de los grandes logros de la cooperación científica y diplomática internacional, un avance que este tratamiento industrial amenaza con dilatar.