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Parece de película pero la ciencia lo avala: Chernóbil se ha convertido en un ‘paraíso salvaje’ 40 años después de la explosión del reactor nuclear

Chernóbil
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Han pasado ya 40 años desde que, el 26 de abril de 1986, tuvo lugar el accidente de Chernóbil. Durante una prueba de seguridad fallida, el reactor número 4 de la central explotó, liberando enormes cantidades de material radiactivo y convirtiendo la zona en uno de los lugares más contaminados del mundo. Lo sorprendente es que, pese a aquel devastador impacto ambiental, muchas especies han encontrado en la región un entorno donde prosperar, dando lugar a lo que algunos expertos describen como una especie de «reserva salvaje».

Hoy en día, animales como lobos, osos, linces, ciervos o jabalíes habitan la zona. También destaca la presencia del caballo de Przewalski, que se ha convertido en símbolo de este renacer ecológico. Sin embargo, este aparente «paraíso» tiene matices importantes. La ausencia de actividad humana ha favorecido la biodiversidad, pero la radiación sigue presente. Los científicos han detectado alteraciones genéticas y posibles anomalías en algunas especies, y advierten de que las consecuencias a largo plazo aún son inciertas.

El renacer de Chernóbil: ‘reserva salvaje’

Con más de 4.500 km² de extensión, su superficie supera la de muchos parques nacionales del continente. En este espacio, la actividad humana prácticamente ha desaparecido, lo que ha permitido que la naturaleza recupere terreno y evolucione con relativa libertad. Diversos estudios coinciden en que la zona alberga hoy una biodiversidad sorprendente. Destaca, por ejemplo, la elevada densidad de lobos, una de las más altas de Europa. También han regresado especies como el oso pardo, que había desaparecido por la caza, además de linces, castores, nutrias y numerosas aves, entre ellas cigüeñas negras y grandes rapaces. En total, se han identificado más de 200 especies de aves, muchas de ellas protegidas o en riesgo en otras regiones del continente.

Uno de los casos más llamativos es el del caballo de Przewalski. Esta especie, que estuvo al borde de la extinción, mantiene en Chernóbil una de sus poblaciones más relevantes. Desde su reintroducción, su número ha crecido notablemente, incluso en áreas muy afectadas inicialmente por la radiación, como el conocido «bosque rojo».

Investigaciones recientes sobre la rana Hyla orientalis no han detectado diferencias significativas en su estado de salud respecto a ejemplares de zonas no contaminadas. Sin embargo, sí han observado procesos de adaptación: las poblaciones que habitan en la Zona de Exclusión presentan una coloración más oscura, posiblemente relacionada con una mayor presencia de melanina, lo que podría ofrecer cierta protección frente a la radiación.

Jim Smith, científico ambiental de la Universidad de Portsmouth, quien lleva más de 30 años estudiando la región, comenta al diario The Guardian: «ha sido una demostración muy contundente del impacto relativo del peor accidente nuclear del mundo, que no es tan grave, y el impacto de la presencia humana, que es devastado. Desde 1986, ha existido mucha desinformación sobre los riesgos de la radiación de Chernóbil, lo que ha afectado negativamente a las personas que aún viven en zonas abandonadas. Ahora contamos con un enfoque validado y con base científica para reincorporar tierras agrícolas valiosas».

Perros de color azul

En octubre de 2025, la organización Clean Futures Fund publicó las imágenes de tres perros con el pelaje azul en la Zona de Exclusión, y desde el primer momento, despertaron teorías sobre posibles mutaciones. Sin embargo, los expertos descartaron cualquier origen radiológico o genético, y aseguraron que el fenómeno no está relacionado con la radiación. Todo apunta a que  los perros habrían entrado en contacto con una sustancia química de color azul, probablemente procedente de un baño portátil deteriorado o de algún tipo de líquido industrial abandonado en la zona.

Además, los veterinarios señalaron que, en líneas generales, general, los perros de la zona no tienen problemas de salud. Estas poblaciones proceden en gran parte de animales domésticos abandonados tras la evacuación de la población en 1986, que con el tiempo se han adaptado a la vida semisalvaje en la zona.

Caballos de Przewalski

La expansión de los caballo de Przewalski en la zona de exclusión del cccidente de Chernóbil es uno de los casos más llamativos.Estos caballos, de origen euroasiático y considerados una de las últimas especies salvajes, fueron reintroducidos en la zona entre 1998 y 2004. Con el paso de los años, los animales no solo se adaptaron al entorno, sino que comenzaron a expandirse hacia áreas más amplias, incluyendo territorios de la reserva radioecológica de Polesie en Bielorrusia.

Aunque la población ha mostrado un crecimiento progresivo (en algunos momentos casi duplicándose en pocos años) los expertos advierten que aún no alcanza un tamaño suficiente para garantizar su estabilidad genética a largo plazo. Además de los caballos, la zona alberga una gran variedad de especies como lobos, ciervos, jabalíes, zorros, linces y numerosas aves y murciélagos.

Finalmente, cabe señalar que en las zonas más contaminadas de Chernóbil la radiación persistirá durante miles de años, aunque en otras áreas se está reduciendo gradualmente con el tiempo.