La ONU exige a los coches autónomos que conduzcan, como mínimo, igual de bien que un humano
La ONU fija las primeras reglas globales para coches autónomos con apoyo de China, la UE y EE UU
El Foro de Vehículos de la UNECE aprobó un marco técnico para la conducción 100% autónoma
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La Organización de las Naciones Unidas ha dado un paso histórico en la regulación de los vehículos autónomos. Por primera vez, existe un marco técnico común a escala mundial para los sistemas capaces de conducir un coche sin que ninguna persona toque el volante. El Foro Mundial para la Armonización de Reglamentaciones sobre Vehículos de la Comisión Económica para Europa de la ONU aprobó el pasado 24 de junio el nuevo reglamento.
El organismo respaldó la norma para los denominados sistemas de conducción automatizada, conocidos internacionalmente como ADS por sus siglas en inglés. La norma entra en vigor en aproximadamente un mes y sienta las bases para que los países puedan regular esta tecnología con criterios compatibles entre sí. Se trata del primer marco de referencia técnico con vocación global que aborda los vehículos sin conductor de forma integral.
La decisión contó con el respaldo de los principales mercados del automóvil del planeta: China, la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Canadá y el Reino Unido. Este apoyo refuerza las posibilidades de que los fabricantes encuentren un entorno regulatorio homogéneo a la hora de desplegar sus tecnologías en distintos países. De este modo, se pretende evitar la proliferación de normas contradictorias que dificultarían el desarrollo del sector.
Más allá del piloto automático
El reglamento no se refiere a los sistemas de asistencia al conductor ya presentes en muchos coches actuales, como el control de crucero adaptativo, el mantenimiento de carril o el frenado de emergencia. Su ámbito de aplicación son los sistemas capaces de asumir de forma sostenida toda la tarea de conducir: detectar el entorno, tomar decisiones, acelerar, frenar, girar y señalizar. Todo ello, sin intervención humana alguna en ninguna fase del proceso.
La norma establece que estos sistemas deberán alcanzar, como mínimo, un nivel de seguridad equivalente al de un conductor humano competente y prudente. Además, tendrán que operar dentro de condiciones claramente definidas: los fabricantes deberán especificar en qué tipo de vías, velocidades, condiciones meteorológicas o zonas geográficas puede funcionar el sistema. La norma también exige que el sistema no se active fuera de esos parámetros previamente establecidos.
El objetivo es que los vehículos automatizados no provoquen accidentes previsibles y evitables, ni generen riesgos injustificados para sus ocupantes, peatones y demás usuarios de la vía pública. Ante una situación crítica o un fallo del sistema, el vehículo deberá priorizar la seguridad y, cuando sea necesario, alcanzar una condición de riesgo mínimo. En la práctica, esto puede traducirse en detenerse de forma autónoma en un lugar seguro.

El expediente de seguridad
Antes de salir al mercado, cualquier vehículo con un sistema de conducción automatizada deberá superar un proceso de homologación exigente. Los fabricantes tendrán que presentar un «caso de seguridad»: un expediente estructurado con pruebas y argumentos que demuestren que la tecnología fue diseñada, validada y evaluada de forma rigurosa. El objetivo es acreditar que la tecnología reduce los riesgos a un nivel razonable antes de circular entre el resto de usuarios.
Ese proceso combinará tres herramientas complementarias: simulaciones virtuales, ensayos en pistas cerradas y pruebas en condiciones reales de circulación. El reglamento reconoce que ninguna de estas metodologías, por sí sola, basta para evaluar todos los escenarios que puede enfrentar un sistema autónomo. Por esa razón, su aplicación conjunta es un requisito ineludible para obtener la homologación.
Las simulaciones virtuales serán especialmente relevantes, porque permiten recrear situaciones difíciles o peligrosas que no siempre pueden reproducirse de forma segura en la vía pública. Sin embargo, los fabricantes también deberán demostrar que esos entornos digitales reflejan con fidelidad la realidad del tráfico cotidiano. La validación del entorno virtual es, por tanto, tan importante como las pruebas físicas en pista.
Vigilancia en marcha
La seguridad de estos vehículos no terminará con la homologación inicial. Los fabricantes estarán obligados a monitorizar el comportamiento de los sistemas una vez desplegados e informar a las autoridades sobre incidentes relevantes. Esta vigilancia deberá mantenerse durante toda la vida útil del vehículo, desde su diseño y producción hasta su retirada definitiva del mercado.
Los vehículos deberán incorporar además sistemas de almacenamiento de datos relacionados con la conducción automatizada. Esa información podrá resultar clave para esclarecer qué hizo el coche en los momentos previos a un accidente o una maniobra de emergencia. La trazabilidad del comportamiento autónomo se convierte así en una herramienta fundamental para la investigación de siniestros.
Entre los sucesos que deberán notificarse a las autoridades figuran los que causen muertes, lesiones que requieran atención médica, daños materiales graves o el despliegue de elementos de seguridad pasiva como los airbags. La obligación de reporte pretende crear un sistema de aprendizaje continuo a partir de los fallos reales detectados en carretera. Los datos acumulados permitirán mejorar los estándares de seguridad con el tiempo.

Ciberseguridad y transparencia
El reglamento también incluye una serie de requisitos adicionales que van más allá de la seguridad en la conducción. Los fabricantes deberán proteger sus sistemas frente a ciberataques: identificar, vigilar y responder ante amenazas digitales que puedan comprometer el funcionamiento del vehículo. Cada nueva versión del software tendrá que ser identificada, comprobada y validada antes de instalarse en los coches.
Los vehículos que no cuenten con volante, pedales u otros controles tradicionales deberán incorporar medios que permitan realizar las revisiones técnicas obligatorias. Asimismo, las empresas tendrán que explicar con claridad a los usuarios qué puede hacer el sistema, cuáles son sus límites y cómo se activa o desactiva. La transparencia con el conductor o pasajero es, según el reglamento, una condición indispensable para la comercialización.
El nuevo marco no supone una autorización automática para que los coches sin conductor circulen en todos los países del mundo. Su función es establecer una base técnica común que las autoridades nacionales podrán utilizar para evaluar y supervisar estos sistemas conforme a sus propias leyes.
Junto con el reglamento, el Foro también aprobó modificaciones a cerca de 90 normativas existentes de la ONU sobre vehículos, para adaptarlas a modelos que podrían prescindir por completo de los controles tradicionales de conducción.