Alimentación Microplásticos

Contaminación global: las microfibras son el microplástico más abundante en mejillones, ostras y almejas

Una revisión científica del IEO analiza más de cien estudios sobre microplásticos en bivalvos a nivel global

El estudio advierte de riesgos para los ecosistemas marinos y la seguridad alimentaria del mar

Son consumidos ampliamente en todo el mundo y utilizados habitualmente como indicadores de la calidad ambiental marina

bivalvos
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las microfibras en bivalvos marinos representan la forma de contaminación por microplásticos más extendida en estas especies, según una revisión científica liderada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC). Los resultados dan una idea de la expansión de estos materiales, ya que son analizadas muestras de todo el planeta.

El estudio, publicado en la revista Marine Environmental Research, analiza más de un centenar de investigaciones publicadas desde finales de los años setenta y alerta de los riesgos que esta contaminación supone tanto para los ecosistemas marinos como para la salud humana. Por consiguiente, con los resultados se plantea una dimensión desconocida de cómo se deberán consumir de forma segura en el futuro.

Las diminutas hebras que componen las microfibras proceden en gran medida de tejidos sintéticos y naturales. Su presencia se ha confirmado en todas las principales familias de bivalvos estudiadas a escala mundial, lo que convierte este hallazgo en un problema de alcance global con implicaciones directas para la seguridad de los productos del mar que llegan a la mesa del consumidor.

mejillones contaminación

Filtración, la vía de entrada

Los bivalvos, ampliamente consumidos en todo el mundo y utilizados habitualmente como indicadores de la calidad ambiental marina, resultan especialmente vulnerables a la contaminación por microplásticos en mejillones y otras especies debido a su mecanismo de alimentación por filtración. Al filtrar grandes volúmenes de agua para obtener nutrientes, estos animales incorporan de forma involuntaria las partículas suspendidas, incluidas las microfibras.

Esta característica los convierte en auténticas esponjas de la contaminación marina, lo que los hace especialmente útiles como especie centinela, pero también especialmente expuestos a los efectos negativos de los contaminantes presentes en el agua. Su consumo masivo por parte de la población humana añade una dimensión sanitaria al problema.

Azules, transparentes y negras

Entre las microfibras detectadas en bivalvos marinos, el estudio señala que las de color azul son las más frecuentes, seguidas de las transparentes y las negras. En cuanto a su composición química, los polímeros predominantes son el polipropileno, el polietileno y el poliéster, materiales habituales en la industria textil y en la fabricación de redes y artes de pesca.

Sin embargo, el trabajo destaca un hallazgo que cuestiona algunas asunciones previas: las fibras de celulosa regenerada, a menudo consideradas inocuas para el medio ambiente, aparecen, también, con frecuencia en los tejidos de estos animales.

Lejos de ser inofensivas, pueden transportar sustancias químicas y otros contaminantes con efectos comparables a los de las fibras puramente sintéticas, lo que amplía el espectro de riesgo más allá de los plásticos convencionales.

mejillones y ostras

Métodos dispares, datos incomparables

Uno de los aspectos más preocupantes que subraya la revisión es la falta de estandarización en los métodos utilizados para muestrear, analizar e identificar las microfibras en bivalvos marinos. Las importantes diferencias entre los protocolos empleados por los distintos equipos de investigación dificultan seriamente la comparación de resultados entre estudios.

Esta heterogeneidad metodológica limita la capacidad de los científicos para realizar una evaluación real y global de los efectos que los microplásticos en mejillones y otras especies pueden tener sobre los ecosistemas y la salud pública. Sin datos comparables y fiables, el diseño de políticas de protección efectivas se complica enormemente.

Una llamada a la estandarización

«Es necesario estandarizar los métodos de análisis para mejorar la calidad de los datos y avanzar en una evaluación más sólida de los riesgos asociados a la contaminación por microfibras», señala Jesús Gago, investigador del Centro Oceanográfico de Vigo del IEO y primer autor del estudio. La investigación propone un conjunto de recomendaciones orientadas a armonizar los protocolos de análisis y a reforzar los programas de seguimiento ambiental.

El trabajo se enmarca en el proyecto FreeLitter-AT, financiado por el programa Interreg del Espacio Atlántico, cuyo objetivo es mejorar la detección, el seguimiento y la prevención de la basura marina mediante herramientas tecnológicas innovadoras y la participación ciudadana. Contó también con apoyo del Programa de Ciencias Mariñas de Galicia, financiado con fondos NextGenerationEU y el Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura (FEMPA).

mejilllones

Implicaciones para la seguridad alimentaria

La presencia generalizada de microfibras en bivalvos marinos de todo el mundo plantea preguntas urgentes sobre la seguridad de los alimentos de origen marino. Mejillones, ostras y almejas forman parte de la dieta habitual de millones de personas, especialmente en países con tradición pesquera como España, uno de los mayores consumidores y productores europeos de estas especies.

Reforzar los programas de monitoreo y establecer protocolos comunes a escala internacional es, según los autores, una condición indispensable para proteger tanto los ecosistemas marinos como la cadena alimentaria. La ciencia ha identificado el problema con claridad; ahora corresponde a los reguladores y a la industria actuar en consecuencia.