Animales Drogas y animales

Gatos que consumen hierba y monos alcohólicos: así interactúan los animales con las drogas

Los animales recurren a las drogas para alimentarse, medicarse o por diversión

Los antepasados homínidos de los seres humanos ya consumían alcohol

Gato disfrutando de la hierba gatera, uno de los casos más conocidos de consumo de drogas por animales.
Gato disfrutando de la hierba gatera, uno de los casos más conocidos de consumo de drogas por animales.

Solemos pensar que la adicción a las drogas es un problema exclusivamente humano, y que los animales están tan adaptados a su entorno, gracias a millones de años de evolución y a sus instintos naturales, que no necesitan recurrir a ningún tipo de estupefaciente para sobrellevar los problemas del día a día.

Pero nada más lejos de la realidad. En la naturaleza abundan las especies que consumen sustancias psicoactivas o tóxicas. En ocasiones con fines justificables, como alimentarse o medicarse frente a parásitos o infecciones, y en otras aparentemente por sus efectos estimulantes o alteradores del comportamiento. Es decir, por mera diversión. 

Ciertamente, sería incorrecto hablar de adicción en términos humanos, pero la evidencia científica existente deja claro que los animales se relacionan con las drogas de una forma no muy diferente a la nuestra. A continuación vamos a conocer algunos ejemplos que así lo ponen de manifiesto.

Hierba gatera

Comenzamos con uno de los fenómenos más conocidos en este ámbito, como es la afición de los gatos por la conocida hierba gatera (nepeta cataria). Aproximadamente el 70% de los gatos domésticos reaccionan a esta planta, que contiene nepetalactona, un compuesto químico que actúa sobre receptores olfativos y desencadena respuestas neurológicas específicas.

Cuando entran en contacto con ella, muchos gatos la olfatean, la lamen o se frotan contra sus hojas, mostrando conductas repetidas de excitación, juego o relajación. Estas respuestas incluyen revolcarse, saltar o permanecer inmóviles durante varios minutos.

Lo interesante es que esta sustancia no resulta peligrosa para los felinos y, además, se han descubierto otras ventajas. Estudios recientes han demostrado que la nepetalactona actúa como repelente natural frente a mosquitos y otros insectos.

animales y drogas

Delfines y peces globo

En el año 2014, se estrenó una serie documental de la BBC titulada Dolphins: Spy in the Pod (Delfines: espías en el agua), en el que se podía ver a un grupo de delfines mulares jugando con peces globo, especie que cuando se siente amenazada se infla y produce tetrodotoxina, una potente neurotoxina presente en distintos tejidos de estos animales.

Lo curioso es que, tras interactuar con los peces globo, los delfines mostraban comportamientos inusuales, como aparentes estados de euforia, flotación pasiva o movimientos lentos cerca de la superficie, que podrían interpretarse como una posible reacción a la tetrodotoxina.

Aunque no está totalmente confirmado, algunos investigadores sugieren que los delfines buscan precisamente llegar a estados alterados de conciencia gracias a la tetrodotoxina. Es decir, que se drogan de manera intencionada.

Primates alcohólicos

Más sólida desde el punto de vista científico es la evidencia de que existen diversos grupos de primates que consumen de forma intencionada el alcohol que producen de forma natural las frutas fermentadas.

Un estudio publicado en Royal Society Open Science documentó por primera vez la ingesta habitual de etanol en monos araña en una isla panameña, confirmando que estos animales seleccionan frutos en distintos estados de maduración que contienen pequeñas concentraciones de alcohol.

Mono araña.

Hipótesis del mono borracho

Los análisis realizados en muestras biológicas demostraron que el consumo no era accidental, sino parte de su dieta habitual. Los investigadores consideran que este hallazgo tiene que ver con la llamada hipótesis del mono borracho, según la cual los seres humanos llevamos consumiendo alcohol desde mucho antes de inventar las bebidas fermentadas.

Nuestros antepasados homínidos ya habrían desarrollado la capacidad de detectar pequeñas cantidades de etanol presentes de forma natural en frutas maduras, algo que suponía una ventaja evolutiva porque estas frutas aportan más energía y resultan fáciles de localizar.

Esta adaptación explicaría por qué nuestro organismo tolera el alcohol en bajas concentraciones y por qué su consumo está tan arraigado en nuestra especie.

Arcilla détox

En la Amazonía peruana, varias especies de loros ingieren arcilla en las collpas, zonas ricas en minerales situadas en las riberas de los ríos. Y no lo hacen para drogarse, sino precisamente para lo contrario.

La arcilla de las collpas les ayuda a neutralizar alcaloides presentes en semillas potencialmente tóxicas que forman parte de su dieta habitual. Los sedimentos minerales reducen la absorción de estos compuestos en el aparato digestivo y les permiten aprovechar recursos alimentarios que de otro modo resultarían peligrosos.

Este comportamiento constituye uno de los ejemplos más claros de automedicación en aves silvestres y demuestra cómo algunas especies de animales saben regular su exposición a sustancias químicas potencialmente dañinas presentes en los alimentos.

Mariposa monarca.

Toxinas como defensa

En el caso de los insectos, la relación con las sustancias químicas alcanza un nivel aún más sofisticado. Algunas orugas consumen plantas ricas en compuestos tóxicos y los almacenan en su propio organismo como mecanismo de defensa frente a depredadores.

Así lo hace la mariposa monarca, cuyas larvas se alimentan de plantas como el algodoncillo, que es rica en cardenólidos, tóxicos de origen vegetal que afectan al funcionamiento del corazón de muchos vertebrados.

Este proceso, conocido como secuestro químico, hace que tanto las orugas como las mariposas adultas resulten tóxicas o desagradables para aves y otros depredadores. La defensa química también explica en gran medida el característico patrón de colores naranja y negro de estos animales, una señal de advertencia que indica su toxicidad.