Aves Aves y aerogeneradores

Eólica con altavoces: el sistema español que logra desviar águilas reales en EEUU para evitar accidentes

El estudio realizado en dos parques eólicos de EEUU prueba que el sonido disuade a la mitad de las rapaces

Las cámaras detectan al ave a 240 metros y activan un silbido de aviso antes del sonido de disuasión

Desmontado el mito: las centrales eléctricas fósiles matan más aves que las turbinas eólicas

Eólica con altavoces: el sistema español que logra desviar águilas reales en EEUU para evitar accidentes
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La expansión de la energía eólica arrastra una factura poco visible. Los aerogeneradores se instalan donde sopla el viento y ahí es, precisamente, donde planean las grandes rapaces. El resultado lleva décadas siendo el mismo: águilas, buitres y halcones que entran en el radio de las aspas y no salen.

Un estudio publicado en la revista Journal of Raptor Research acaba de demostrar que ese choque tiene solución técnica. Equipar las turbinas con altavoces que emiten sonidos de aviso a las aves que se aproximan reduce de forma medible el número de colisiones y, por tanto, de muertes en los parques eólicos.

Un silbido y un grito

El trabajo, titulado Behavioral Responses of Large Soaring Raptors to Audio Deterrents at Commercial Wind-Energy Facilities in the Western USA, se publicó el pasado 20 de agosto y es el primero que evalúa la eficacia de los disuasores acústicos instalados en aerogeneradores en toda Norteamérica.

El sistema analizado se llama DTBird y funciona en dos tiempos. Cuando una rapaz del tamaño de un águila o un halcón se acerca a la turbina, los altavoces lanzan primero una señal de advertencia —un silbido modulado— destinada sólo a captar la atención del animal.

Si el ave sigue avanzando hacia la zona de peligro, el equipo dispara un segundo sonido, más fuerte y estridente, concebido para disuadirla de continuar. La clave está en actuar antes de que el pájaro alcance la llamada zona de barrido del rotor, el radio que dibujan las palas al girar.

Dos parques y 21 turbinas

Esa zona es el punto crítico de todo el problema. Un ave que entra en el radio de barrido tiene muy pocas probabilidades de salir ilesa, y buena parte de las rapaces carece de la capacidad sensorial necesaria para detectar la estructura con tiempo suficiente para esquivarla.

El equipo responsable procede de H.T. Harvey & Associates, firma recientemente fusionada con Integral Consulting Inc., y trabajó en colaboración con el Renewable Energy Wildlife Institute (REWI). La investigación contó con el respaldo del Departamento de Energía de Estados Unidos.

Los científicos instalaron los disuasores en dos emplazamientos muy distintos entre sí: el Manzana Wind Power Project, en el sur de California, y el parque eólico de Goodnoe Hills, en el centro-sur del estado de Washington, sobre una loma que domina el río Columbia.

aguila eolica

Siete de cada diez

En Manzana se equiparon siete aerogeneradores de 65 metros de torre y 82,5 metros de diámetro de rotor durante nueve meses. En Goodnoe Hills fueron catorce turbinas de 87 metros de altura y 110 metros de rotor, monitorizadas a lo largo de dos años completos.

Técnicos de fauna revisaron después uno por uno los vídeos grabados por las cámaras del sistema para clasificar el comportamiento exacto de cada ave. En los dos parques los disuasores lograron apartar a más del 50% de las rapaces que se aproximaban, con independencia de la especie.

El desglose del informe final del proyecto afina todavía más ese porcentaje: la eficacia de la respuesta disuasoria alcanzó el 73% en Manzana y el 63% en Goodnoe Hills. En el caso concreto del águila real, la reacción fue del 79% en el parque californiano frente al 60% en el de Washington.

El viento como aliado

Las cifras de exposición al riesgo se movieron en la misma dirección. Los equipos redujeron entre un 20% y un 30% la probabilidad de que águilas y grandes rapaces penetrasen en la zona de barrido del rotor, con tasas de disuasión superiores al 40% entre las aves que volaban directamente hacia ella.

También cambió el tiempo de permanencia. Los sonidos recortaron entre un 24% y un 27% los minutos que las águilas pasaban merodeando junto a los aerogeneradores, un indicador indirecto pero muy útil del riesgo acumulado de colisión.

El viento resultó ser un aliado inesperado. Cuanto más soplaba, más reaccionaban las especies de mayor tamaño, quizá porque unas palas girando más deprisa resultan de por sí más perceptibles y porque las aves grandes maniobran mejor con viento fuerte.

La paradoja del riesgo

El equipo también puso a prueba una hipótesis contraintuitiva. Los investigadores esperaban que las aves con menor riesgo de colisión —las que ya llevaban una trayectoria segura, rodeando la turbina— fueran las que menos caso hicieran a los avisos. Los cálculos y las observaciones avalan que ocurrió exactamente eso.

Lo que no se cumplió fue la otra mitad del razonamiento. Las aves en situación de máximo peligro tampoco respondieron mejor que el resto, probablemente porque cuando reciben la señal ya no disponen de margen físico para ejecutar una maniobra de evasión eficaz.

En cuanto a la detección, la probabilidad global de localizar una rapaz grande se situó en el 65% dentro de un radio de 240 metros. El porcentaje escalaba hasta el 75% en la franja de 50 a 75 metros y caía al 30% cuando el ave se encontraba a 380 metros.

Una ley federal detrás

El interés de las compañías no es sólo reputacional. Los parques eólicos estadounidenses están obligados a cumplir la Ley de Protección del Águila Calva y del Águila Real, una norma federal que empuja a las empresas a evitar los accidentes en origen en lugar de limitarse a contabilizar cadáveres.

Los autores principales, Jeff Smith y Shilo Felton, se muestran optimistas y sostienen que productos como este ofrecen «una solución que beneficia a la vez a la eólica y a la conservación de las rapaces». El objetivo del equipo era mejorar la tecnología disponible y aportar datos sólidos sobre su rendimiento real.

Felton subraya además el uso normativo del trabajo: el estudio, respaldado por el Departamento de Energía, «da al Servicio de Pesca y Vida Silvestre información contrastada» para sus decisiones de política federal. Los investigadores confían en ampliar la evaluación a más instalaciones y escalas espaciales.

Tecnología nacida en Zaragoza

Detrás del sistema hay una historia española. DTBird es una marca de Liquen Consultoría Ambiental, una empresa tecnológica con sede en Madrid, fundada por dos biólogos hartos de que el presupuesto ambiental de los parques eólicos se agotara en certificar aves muertas sin evitar ni una sola.

Su primer equipo se instaló en un aerogenerador de Zaragoza en marzo de 2009. Desde entonces, la compañía ha desplegado más de 500 unidades de sus sistemas DTBird y DTBat en dieciséis países, incluidos parques marinos del mar del Norte y del mar de China.

El sistema no se queda en el aviso sonoro. Incorpora un módulo de control de parada capaz de detener y reactivar automáticamente el aerogenerador en función del riesgo de colisión medido en tiempo real, ajustable a las especies objetivo de cada emplazamiento.

Las rapaces son depredadores situados en lo alto de la cadena trófica y su desaparición degrada la salud del ecosistema entero. A medida que el desarrollo humano sigue transformando los paisajes donde cazan, los trabajos que señalan medidas correctoras concretas ganan valor para las propias empresas obligadas a proteger a las especies que desplazan.