Entra en vigor la tasa Shein: 3 euros que castigan a la moda ultrarrápida por su daño social y ambiental
La tasa se aplicará a los paquetes de comercio electrónico de menos de 150 euros procedentes de países extracomunitarios
Cada día entran en la Unión Europea unos 16 millones de paquetes
La trampa de los tres euros: cómo la tasa que llega el 1 de julio multiplicará el precio en Shein
El pasado 1 de junio entró en vigor un nuevo arancel de la Unión Europea que grava con tres euros los paquetes de comercio electrónico de menos de 150 euros que entran al espacio común procedentes de países extracomunitarios. La medida afectará sobre todo a las compras online en plataformas como Shein, Temu o AliExpres.
Esta nueva tasa Shein, como ya empieza a ser conocida, se aplicará de forma temporal hasta que entre en vigor la reforma arancelaria definitiva prevista para 2028. Bruselas también contempla la posibilidad de prorrogar la medida más allá si para dicha fecha no está en marcha la reforma aduanera prevista.
El recargo de tres euros se aplica por categoría de producto, no por pedido. Esto significa que si compramos, por ejemplo, una camiseta, un pantalón y un vestido, tendremos que abonar nueve euros en total, a razón de tres euros por categoría. En cambio, si adquirimos tres camisetas, únicamente pagaríamos tres euros, al ser tres productos de la misma categoría.
Comercio online
Esta nueva medida arancelaria está siendo interpretada como una respuesta de la UE a los impactos económicos, sociales y ambientales de la llamada ultra fast fashion, o moda ultrarrápida. Por este motivo, desde OKGREEN hemos querido conocer la valoración de Gema Gómez, directora de Slow Fashion Next y una de las voces más influyente de la moda sostenible en España.
Para la experta, la nueva tasa significa que «Europa está empezando a regular el modelo de negocio del comercio online, que ha crecido exponencialmente. El problema es que no hemos tenido en cuenta este crecimiento y se ha normalizado que millones de productos crucen las fronteras en pequeños paquetes gracias a un sistema aduanero que fue pensado para una realidad completamente diferente».
«La Comisión Europea estima que cada día entran en territorio comunitario unos 16 millones de paquetes, la mayoría procedentes de China. Con ese volumen, es muy difícil garantizar controles eficaces y unas condiciones que eviten situaciones de competencia desleal», añade Gómez.

Moda española
Acabar con la posible competencia desleal es precisamente una de las razones esgrimidas por Europa para poner en marcha esta tasa, que llega tras unos años que han sido especialmente duros para la industria europea de la moda, sobre todo para las marcas más comprometidas a nivel social y ambiental.
Running Republic, Green Forest Wear, Circoolar, Run To Wear, Hemper, Brava Fabrics… todas estas empresas españolas de moda sostenible han echado el cierre en menos de dos años. ¿Hasta qué punto es culpa de Shein y del resto de compañías de la moda ultrarrápida?
Condiciones desiguales
La repuesta no es sencilla ya que cada caso es completamente diferente, pero lo cierto es que no todos los operadores han competido bajo las mismas condiciones.
«Las empresas europeas asumen costes asociados al cumplimiento de normas laborales, ambientales, de seguridad, etc. En cambio, otros modelos de negocio pueden introducir millones de envíos individuales sin esa presión regulatoria. Obviamente, esta una situación de desequilibrio», considera la directora de Slow Fashion Next.

Riesgos para la salud
La UE también alerta de que los productos que llegan al espacio comunitario en estos pequeños envíos representan a menudo «riesgos para la salud y la seguridad de los consumidores, altos niveles de fraude y problemas medioambientales».
Gómez recuerda que «la industria de la moda usa miles y miles de sustancias químicas. Además, en los últimos años hemos visto cómo desde diferentes autoridades e investigaciones independientes detectaban productos que incumplían la legislación europea sobre sustancias químicas y seguridad, tanto en Shein como en otros operadores de comercio electrónico de bajo coste».
Hay múltiples casos que subrayan que no estamos ante un problema menor. Gómez cita, entre otros, un informe publicado el pasado año por Greenpeace, que advirtió de que un tercio de las prendas de Shein supera los tóxicos permitidos por Europa.

Externalización de costes
Para la experta en moda sostenible, el origen de muchos de los problemas del sector está en la externalización de costes medioambientales y sociales. «Cuando una empresa no cuenta, por ejemplo, con sistemas de depuración de sus vertidos, es muy probable que su actividad acabe contaminando los ríos».
«De igual modo, si las marcas del textil no pagan un salario justo a sus trabajadores, será inevitable que muchas personas acaben sufriendo situaciones de pobreza o de precariedad laboral», insiste.
Gestión de residuos
Tampoco están cubiertos los costes derivados de la gestión del final de la vida útil de las prendas. Una de las consecuencias es que alrededor del 80% de los residuos que provoca el consumo textil en España acaba exportado a países del sur global, terminando en muchas ocasiones en los mercados de segunda mano africanos, que no disponen de la capacidad suficiente para gestionar este flujo.
Por ello, Gómez plantea un cambio de modelo en esta misma escala: «puesto que la cadena de la moda es global y normalmente se produce en países con beneficios fiscales para las empresas, también tendría que ser global a la hora de la gestión del residuo».
«Por eso proponemos una RAP Global en la que el dinero que se recoja para la gestión de estos productos termine no sólo en Europa, sino allá donde llegue y se gestione el producto al final de su vida útil, sobre todo en los países del sur global», recalca.
Inversión y apoyo
Finalmente, la directora de Slow Fashion Next reclama un mayor apoyo a la moda nacional y europea. «Si queremos realmente una moda más competitiva y resiliente, tendremos que invertir más en innovación, diseño, calidad y circularidad, así como en la educación del consumidor».
«Al final, los retos también son oportunidades, y creo que podríamos estar ante una gran oportunidad para la moda si conseguimos involucrar a todos los actores que forman parte de la industria», concluye la experta.