Trágico balance de los incendios de 2025 en España: récord histórico y más fuegos de sexta generación
El verano dejó 393.079 hectáreas calcinadas según Copernicus, la peor cifra en tres décadas
Esta cifra contrasta por la proporcionada por MITECO que la rebaja en más de 38.000 hectáreas
Agosto concentró el 90% del daño con megafuegos que generaron su propia meteorología extrema

Los incendios de 2025 marcaron un año trágico para España con cifras que superan cualquier precedente reciente. El fuego arrasó 354.793,50 hectáreas entre enero y diciembre según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la peor estadística de las últimas tres décadas.
Sin embargo, el Sistema de Información sobre Incendios Forestales de la Comisión Europea (EFFIS) del programa Copernicus eleva la cifra hasta las 393.079 hectáreas, situando a España como el país más afectado de la Unión Europea con el 38% del territorio calcinado en todo el continente.
Para encontrar un año con más superficie quemada hay que remontarse a 1994, cuando ardieron 437.602,50 hectáreas. El balance de 2025 multiplica por 7,1 las hectáreas quemadas respecto a 2024 y triplica la media de la última década. Los expertos coinciden en señalar que este año no solo destaca por la cantidad de terreno arrasado, sino por la virulencia y características extremas de los incendios registrados.
Agosto, el mes del apocalipsis
El verano de 2025 pasará a la historia por su dramatismo sin precedentes. Según datos de EFFIS, entre el 5 y el 19 de agosto las hectáreas quemadas se dispararon de 47.198 a 367.520, concentrando el 90% del daño anual en apenas dos semanas. Este periodo crítico coincidió con una ola de calor extremo que azotó la península ibérica con temperaturas superiores a 45°C, humedad relativa inferior al 30% y vientos que superaron los 125 km/h en algunas zonas.
Las comunidades del noroeste fueron las más castigadas. Galicia registró incendios que calcinaron más de 150.000 hectáreas, con el fuego de A Rúa-Larouco superando las 44.800 hectáreas, considerado el peor de la historia gallega. En Castilla y León, el incendio de Molezuelas de la Carballeda arrasó 37.000 hectáreas y obligó a evacuar poblaciones enteras. León perdió el 15% de su superficie provincial, mientras Orense vio afectada una séptima parte de su territorio.

Incendios de sexta generación terroríficos
El verano de 2025 popularizó un término que hasta entonces resultaba ajeno para la mayoría de españoles: los incendios de sexta generación. Estos megafuegos se caracterizan por su altísima intensidad, capaz de alterar la dinámica de las capas altas de la atmósfera y generar su propia meteorología. Son incendios que crean pirocúmulos, nubes de fuego que pueden alcanzar 14.000 metros de altura y desencadenar tormentas eléctricas que alimentan nuevos focos.
El incendio de Torrefeta i Florejacs en Lleida, iniciado el 1 de julio, fue catalogado como el primer incendio de sexta generación del año. Con vientos de hasta 125 km/h, generó un pirocúmulo de 14.000 metros, fenómeno inédito en Cataluña, y dejó dos víctimas mortales.
Equipos de extinción sobrepasados
Este tipo de fuegos se propagan con velocidades superiores a los 28 kilómetros por hora, lanzan pavesas a kilómetros de distancia y presentan un comportamiento errático que imposibilita su extinción con los medios convencionales.
Los expertos advierten que estos incendios superan por completo la capacidad de los servicios de extinción. Como explicó Inazio Martínez de Arano, director de la Oficina Regional del Mediterráneo del Instituto Forestal Europeo, «no son apagables hasta que cambien las condiciones meteorológicas». La única estrategia posible consiste en proteger vidas, evacuar poblaciones y delimitar perímetros hasta que el fuego se extinga por inanición o lleguen las lluvias.
Récord de grandes incendios
En 2025 se registraron 8.189 siniestros, de los cuales 5.590 fueron conatos que afectaron a menos de una hectárea. Sin embargo, 63 alcanzaron la categoría de grandes incendios forestales, aquellos que superan las 500 hectáreas. Esta cifra casi triplica la media de la última década, situada en 24 grandes incendios anuales, y evidencia una tendencia preocupante: menos incendios totales pero mucho más destructivos y virulentos.
La distribución geográfica del daño se concentró principalmente en el noroeste peninsular (71,01% de la superficie forestal afectada), seguido de las comunidades interiores (25,51%), el Mediterráneo (3,45%) y Canarias (0,03%). Del total de terreno quemado, 185.220,55 hectáreas correspondieron a matorral y monte abierto, 103.105,85 hectáreas a superficie arbolada y 66.467,10 hectáreas a pastos y dehesas.
Respuesta de emergencia y víctimas mortales
La magnitud de la catástrofe obligó a activar todos los recursos disponibles. La Unidad Militar de Emergencias (UME) desplegó cerca de 1.900 efectivos en los momentos más críticos, mientras España solicitó ayuda internacional a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil. Bomberos de Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Eslovaquia se sumaron a las labores de extinción, junto con aviones hidrantes procedentes de varios países europeos.
El balance humano resultó tristemente devastador. Al menos ocho personas perdieron la vida directamente por los incendios de 2025, entre ellas bomberos y civiles que intentaban escapar de las llamas. Decenas de pueblos fueron evacuados, miles de personas perdieron sus viviendas y explotaciones agrarias, y el patrimonio natural sufrió daños irreparables. Las Médulas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, resultaron parcialmente afectadas por el fuego.

Cambio climático y gestión forestal
Los científicos vinculan directamente estos incendios extremos con el cambio climático. El consorcio World Weather Attribution determinó que el calentamiento global hizo 40 veces más probable el riesgo de incendios durante el verano de 2025. Las olas de calor más intensas y prolongadas, las sequías extremas y los episodios de viento fuerte crean las condiciones perfectas para que pequeños focos se conviertan en megaincendios incontrolables.
A esto se suma el abandono rural y la falta de gestión forestal. España tiene actualmente un 7% más de superficie forestal que hace dos décadas, pero los bosques son más densos, homogéneos y acumulan tres veces más biomasa de la que se gestiona. Este paisaje sin diversidad se convierte en un polvorín ante las condiciones meteorológicas extremas.
El Gobierno ha reforzado el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas con 115,8 millones de euros, mientras diversas comunidades autónomas han anunciado inversiones récord en prevención. Los expertos reclaman un cambio de paradigma que priorice la gestión forestal preventiva sobre la extinción reactiva, la única estrategia viable ante incendios de sexta generación que superan cualquier capacidad de respuesta.