CSIC Colonias felinas

Alerta ecológica: alimentar las colonias felinas en Tenerife amenaza la población de un lagarto endémico

El estudio, realizado en la isla canaria con participación del CSIC, demuestra que los comederos alteran la fauna nativa de la isla

En las zonas alejadas de las colonias hay un 120% más de lagartos que junto a los comederos

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Lagarto tizón
Lagarto tizón. (Foto: Beneharo Rodríguez).
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El lagarto tizón, reptil endémico de Canarias, ve mermada su población y reducido su tamaño corporal en las inmediaciones de las colonias de gatos en Tenerife, según un estudio publicado en la revista Biology Letters. Este reptil, pieza clave del ecosistema insular, sufre tanto la depredación directa como alteraciones profundas en su estructura poblacional.

La investigación, firmada por especialistas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la Universidad de La Laguna (ULL) y el Grupo de Ornitología e Historia Natural de las islas Canarias (GOHNIC), analizó más de 200 ejemplares en el entorno de 22 colonias felinas repartidas por la isla.

Los autores compararon estas zonas con áreas de control alejadas de los puntos de alimentación pero con un hábitat similar, lo que les permitió aislar el efecto directo de los comederos sobre la fauna local mediante un diseño experimental apareado.

Depredadores de la ciudad

«Hemos llegado a detectar la presencia de hasta 14 lagartos en los restos de presas hallados en una sola colonia de gatos. Sin embargo, el efecto de las colonias no se limita a la depredación», explica el investigador del MNCN Airam Rodríguez.

«Nuestros datos muestran que también influyen en la estructura de las poblaciones de lagartos e incluso en el tamaño que llegan a alcanzar los ejemplares», añade Rodríguez, quien coordinó el trabajo junto a sus compañeros de equipo.

Para analizar estos cambios, el equipo utilizó trampas de caída con las que pudo realizar mediciones morfológicas detalladas de los ejemplares capturados, que posteriormente se devolvían a su hábitat natural sin daños.

Menos ejemplares y más pequeños

En las zonas de control se capturaban de media 3 lagartos más, un 120% más, que en las inmediaciones de las colonias felinas, un dato que evidencia el fuerte impacto de la presión felina sobre la especie.

Además, los lagartos no sólo eran menos abundantes, sino que también eran de menor tamaño en las zonas con mayor presencia de gatos, recoge una nota de prensa difundida por el CSIC.

Este hallazgo cobra especial relevancia porque, según los restos de presas depredadas hallados en las colonias, los gatos prefieren cazar a los ejemplares de mayor tamaño, lo que ejerce una presión selectiva sobre la población.

Paradoja en el peso corporal

Contrario a sus hipótesis de partida, los autores detectaron diferencias significativas en el índice de masa escalada: pese a ser más pequeños, los lagartos de las zonas con gatos tenían un mayor peso corporal relativo.

Este dato sugería que los ejemplares disponían de mayor acceso a recursos alimenticios en las inmediaciones de las colonias, una hipótesis que el equipo decidió comprobar mediante análisis químicos más precisos.

Mediante el análisis de isótopos estables de nitrógeno y carbono presentes en la comida de gatos y en las excretas de lagartos, los autores confirmaron que estos reptiles consumen con frecuencia el alimento destinado a los felinos.

Comederos que alteran el ecosistema

«El aumento del peso se debe a las alteraciones en la disponibilidad de recursos, ya que los lagartos han aprendido a acceder directamente a la comida de los gatos», aclara el investigador Airam Rodríguez.

Estos puntos de alimentación artificial no sólo atraen a los felinos, sino que se han convertido en un imán para ratas, erizos, gallinas, tórtolas y palomas en diferentes puntos de la geografía tinerfeña.

La masiva afluencia de estos animales genera una alteración en cadena dentro de los ecosistemas locales, rompiendo por completo los sutiles y frágiles equilibrios de la fauna silvestre de la isla.

gatos callejeros

Especies exóticas en expansión

La alimentación artificial contribuye a la proliferación de estas especies foráneas, alterando las dinámicas ecológicas del entorno, ya que se trata mayoritariamente de fauna exótica con un fuerte impacto negativo.

Canarias conforma un hábitat especialmente biodiverso donde sobreviven numerosas especies endémicas que no pueden encontrarse en ningún otro lugar del mundo, lo que aumenta la fragilidad del equilibrio ecológico insular.

Como ocurre en otras islas, la introducción de especies no nativas como el gato doméstico pone en peligro la supervivencia de un alto número de especies endémicas especialmente vulnerables, como los lagartos y las aves marinas.

Políticas de protección

«Está documentado que el gato doméstico es una de las especies invasoras que mayor presión e impacto genera sobre las especies autóctonas, sobre todo en las islas», contextualiza Juan Carlos Rando, coautor y profesor de la ULL.

Por su parte, Beneharo Rodríguez, coautor del estudio, indica que este trabajo pone de manifiesto la necesidad de políticas de gestión integradas que tengan en cuenta la protección de la fauna nativa en las inmediaciones de las colonias de gatos.

«Nuestros datos demuestran la necesidad de considerar los efectos ecológicos de la población de gatos más allá del bienestar animal», concluye Beneharo Rodríguez, quien reclama un enfoque más amplio en la gestión de estas colonias felinas.