Qué significa la luz con forma de espiral de tu coche y qué puede pasar si la ignoras
Una de las principales ventajas que ofrecen los vehículos modernos es que incorporan multitud de decenas de testigos luminosos en el cuadro de mandos, los cuales advierten al conductor cuando algo no va como debería. Estos avisos, aunque muchas veces pasan desapercibidos o simplemente se ignoran, son muy importantes para evitar que las averías vayan a más. Sin embargo, muchos conductores no saben exactamente qué significa cada testigo, como por ejemplo la luz con forma de espiral que se enciende al arrancar un coche diésel.
Suele ser de color amarillo o naranja, y no es motivo de preocupación que se active. Ahora bien, si han pasado unos segundos desde que se ha encendido y no se apaga o empieza a parpadear, es fundamental prestarle atención. Lo habitual es que esta luz se encienda sólo unos segundos al poner el contacto y se apague antes de iniciar la marcha, lo que indica que el sistema funciona correctamente. No obstante, si permanece encendida después del arranque o empieza a parpadear, puede ser una señal de que algo no va bien. Un parpadeo constante o una luz con forma de espiral que no se apaga mientras circulas puede indicar un fallo en uno o varios calentadores, en el relé o en el sistema de control de los mismos.
El significado de la luz con forma de espiral del coche
El testigo con forma de espiral indica que las bujías incandescentes del motor están en proceso de calentamiento. Si se enciende unos segundos al arrancar el coche y luego se apaga, no hay motivo de preocupación, ya que sólo indica que la cámara de combustión se está precalentando. En cambio, si permanece encendida o empieza a parpadear, podría indicar una avería que no siempre está directamente relacionada con los calentadores.
En muchos modelos, la luz intermitente en forma de espiral también puede alertar de problemas en el sistema de transmisión. En este contexto, se puede encender por distintos motivos: una válvula de recirculación de gases defectuosa, fallos en el filtro de partículas, el sensor del pedal del acelerador o el sensor de temperatura de los gases de escape.
Aunque es un aviso importante, se pueden recorrer algunos kilómetros mientras parpadea, pero conviene acudir a un taller lo antes posible, ya que seguir conduciendo puede dañar componentes más costosos cuya reparación superaría la del problema original.
Respecto a los calentadores, muchos conductores creen que se deben reemplazar inmediatamente cuando se enciende la luz con forma de espiral. Sin embargo, su desgaste depende del uso del vehículo y no del tiempo o kilometraje. Los coches con recorridos cortos y frecuentes arranques tienden a desgastarlas antes.
En la actualidad, los motores diésel están diseñados para que no arranquen hasta que el sistema de calentamiento alcanza la temperatura adecuada. Esto no solo protege al motor, sino que también garantiza un rendimiento óptimo desde el primer momento de la marcha.
Las averías más frecuentes según la DGT
Con una vida útil de entre tres y cinco años, la batería de un vehículo requiere poco mantenimiento, básicamente, una revisión periódica aproximadamente cada 10.000 kilómetros. Aún así, es un elemento que no suele «avisar» cuando le queda poca carga, razón por la cual las averías son tan frecuentes.
Por otro lado, los problemas en los neumáticos también son habituales en carretera. los neumáticos, ocupa el segundo lugar en lista de averías más frecuentes. Retrasar su sustitución (el desgaste mínimo permitido es 1,6 milímetros en las ranuras principales), no revisar desperfectos como bultos o desgastes irregulares en zonas concretas, y circular con la presión inadecuada suelen ser las causas más habituales.
El motor es el «corazón» de cualquier vehículo, un mecanismo complejo que requiere cuidados periódicos, sobre todo en lo referente a su lubricación y refrigeración, así como la sustitución de filtros y correas y otras piezas en mal estado. Por eso, escatimar sus revisiones periódicas puede ocasionar algunos de las daños más graves de reparar en un automóvil.
Mientras, el alternador es la pieza que produce la electricidad que acumula la batería y hace que funcionen el motor y los sistemas de ayuda a la conducción. Cuando un vehículo presenta defectos de funcionamiento de tipo eléctrico, el origen puede encontrarse en el alternador.
Finalmente, el motor de arranque. se encarga de poner en marcha el motor principal y, como todos los elementos mecánicos, con el tiempo puede fallar a causa del desgaste. Los síntomas de mal funcionamiento suelen ser evidentes con sólo girar la llave de contacto, cuando le cuesta arrancar.
Junto a estos cinco elementos, otros sistemas como la bomba de inyección (motores diesel), el embrague, la bomba de agua del sistema de refrigeración, la caja de cambios (manual), el turbo o la distribución también se encuentran en los que más averías sufren, tanto por un por mal uso como por falta de mantenimiento.
