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UNIDAS POR UNA 'INJUSTICIA'

El ‘dramático’ nexo que marca el destino de Gabriella y Carolina de Mónaco

  • Andrea Mori
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A pesar de su corta edad -ocho años-, Gabriella de Mónaco es una de las grandes estrellas del Principado. La hija de los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco y condesa de Carladès desde su nacimiento, acapara toda la atención en cada una de sus apariciones. Muy parecida físicamente a su madre, pero tan estilosa como su abuela, Grace Kelly, sin haber llegado a su primera década de edad, Gabriella es toda una mini it-girl, que luce con absoluta maestría prendas de firmas como Dior y que la convierten en el centro de todas las miradas.

Gabriella de Mónaco con la Princesa Estefanía en un acto. 

Algo que comparte, por ejemplo, con su tía Carolina, princesa de Hannover, que desde el momento en el que llegó al mundo, se convirtió en una estrella a la que los flashes perseguían de manera constante. Sin embargo, tanto Carolina como Gabriella tienen también en común una pequeña coincidencia menos positiva y que además se enmarca en una costumbre del pasado, que nada tiene que ver con la actualidad. Y es que ambas han sido víctimas de la aplicación de la Ley Agnaticia, aunque en circunstancias diferentes.

La llegada al mundo de Gabriella y de su hermano Jacques en 2014 fue todo un acontecimiento para la familia Grimaldi, después de años en los que solo se hablaba de rumores de crisis entre los Príncipes. Rumores que, por cierto, aún persiguen a la pareja y que se han intensificado en el último año por los problemas de salud de la princesa Charlene. No obstante, con el nacimiento de los mellizos al menos la sucesión quedaba garantizada. Hay que recordar que el Príncipe tenía varios hijos, pero no eran fruto de matrimonios, por lo que no podían optar a sucederle, lo que trasladaba esta posibilidad directamente a la línea masculina de la princesa de Hannover que, por cierto, tampoco había estado exenta de polémicas en lo que respecta a los derechos dinásticos, pero esta es ya otra cuestión.

Los príncipes Jacques y Gabriella de Mónaco. 

La realidad es que el nacimiento de los mellizos fue un soplo de aire fresco para el príncipe Alberto. Sin embargo, a pesar de que Gabriella nació antes que su hermano -apenas unos segundos-,  la Ley Agnaticia que aún está vigente en Mónaco da prioridad al varón sobre la mujer. Se trata de una variedad de la Ley Sálica, que, por cierto, también se aplica en España y que no impide el acceso al trono a las mujeres, pero favorece siempre a los hombres. Esto ha significado que, a pesar de que Gabriella nació algunos minutos antes de que lo hiciera su hermano, el heredero sería él. 

Pese a esto, y aunque en la actualidad no parece caber la posibilidad de un cambio -mucho menos con carácter retroactivo-, lo cierto es que recientemente el príncipe Alberto sí que ha manifestado su deseo de que su hija tenga un papel relevante en el futuro del Principado y que comparta responsabilidades con su hermano. Algo para lo que ya ambos están recibiendo la formación requerida. El soberano ha recalcado en varias ocasiones que su hija tiene un carácter más extrovertido que el del heredero y que los dos se complementan a la perfección.

Una situación algo similar -con reservas-, a la que tuvo que vivir Carolina de Mónaco, que fue desplazada de manera inmediata cuando nació su hermano, el príncipe Alberto. No solo ella, sino que otras royals como la Infanta Elena o Marta Luisa de Noruega también se han visto desplazadas por sus hermanos.

Carolina y Jacques de Mónaco. 

A pesar de que la próxima generación de jefes de Estado en Europa va a ser fundamentalmente femenina -salvo casos puntuales-, lo más probable es que la princesa Gabriella vaya a quedar como la última víctima de esta Ley Agnaticia. Esto significa que la hija mayor de Alberto y Charlene de Mónaco será la última princesa a la que se le prive de la posibilidad de ocupar un trono que le pertenece por orden de nacimiento, ya que es absolutamente necesario que las monarquías avancen al tiempo que la sociedad. Un derecho que también se le quitó a su tía y que, de no haber sido así, habría dado como resultado una Casa Grimaldi muy diferente a la actual. Pero esa es ya otra historia.

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