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El dardo del "Ferrari y Twingo" salpica a Irene Rosales: así ha reaccionado

Irene Rosales vuelve a estar en el foco mediático tras una nueva polémica relacionada con Kiko Rivera y su actual pareja

Todo se debe a un comentario viral que la compara con Lola con la metáfora del "Ferrari y el Twingo"

La situación ha reavivado los rumores de mala relación entre los ex

  • Marta Menéndez
  • Televisión, moda y corazón. Periodista de vocación y comunicadora de formación, me he movido entre estudios de radio, redacciones digitales y bastidores de redes sociales. He narrado la actualidad en la 'Cadena SER', seguido la pista a las nuevas tendencias en 'El Independiente' y escrito sobre lifestyle y empresas en la 'Revista Capital'. En 'Diez Minutos', combiné redacción y estrategia digital como Community Manager. Ahora escribo en LOOK, donde cubro actualidad televisiva, moda, celebrities y realeza.
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La comparación entre «un Ferrari y un Twingo» ha sido la chispa que ha reavivado la polémica en torno a Irene Rosales, colocándola nuevamente en el centro de la conversación mediática sin que ella haya pronunciado una sola palabra. El comentario, lanzado por un seguidor durante un directo en TikTok dirigido a Kiko Rivera, evocaba inevitablemente la famosa frase popularizada por Shakira en su canción contra Gerard Piqué, y no tardó en viralizarse. La metáfora automovilística, que comparaba implícitamente a Irene con el vehículo de lujo y a Lola García -actual pareja del DJ- con el utilitario, desató un aluvión de reacciones en redes sociales, tertulias televisivas y medios de crónica social. Aunque el mensaje no partió de ninguno de los protagonistas, el simple hecho de que surgiera en un espacio público y ante miles de espectadores bastó para convertirlo en tema de debate nacional.

El episodio resulta aún más significativo por la reacción, o más bien la ausencia de ella, de Irene. Lejos de entrar al trapo, la sevillana ha optado por mantenerse completamente al margen de la polémica. Ni aclaraciones, ni gestos, ni comentarios. Cuando las cámaras de Gtres la han abordado este jueves a las puertas de su casa en busca de su versión, Irene ha guardado silencio y ha evitado pronunciarse, dejando todas las preguntas en el aire. Esa actitud, lejos de apagar el interés, ha multiplicado la expectación, porque en el universo de la crónica social el silencio nunca es neutro: siempre se interpreta, se analiza y, sobre todo, se comenta.

Irene Rosales en Sevilla. (Foto: Gtres)

Este nuevo capítulo contrasta con la imagen que ambos, Irene y Kiko, proyectaban tras su ruptura. Durante mucho tiempo insistieron en que su separación había sido amistosa y madura, centrada en el bienestar de sus dos hijas. Tras once años de relación, su distanciamiento sentimental parecía haberse gestionado con una cordialidad poco habitual en parejas mediáticas. De hecho, Irene se mostraba sonriente ante las cámaras al hablar de su nueva etapa vital y de su relación con Guillermo, un empresario que, según ella misma confesaba, le había devuelto la ilusión. Aquellas declaraciones transmitían la sensación de que había cerrado una etapa complicada y se encontraba emocionalmente estable.

Sin embargo, la aparición de Lola García en la vida de Kiko Rivera habría alterado ese equilibrio. A principios de año salieron a la luz informaciones sobre una supuesta discusión telefónica entre los ex, provocada por la petición del DJ para que su nueva pareja pudiera recoger a las niñas del colegio. Según esas versiones, Irene se habría negado rotundamente y la conversación habría terminado con tensión y amenazas de tomar medidas legales. Ninguno de los dos confirmó públicamente ese enfrentamiento, pero la noticia se difundió con rapidez y empezó a dibujar un panorama distinto al de la armonía que antes proclamaban.

El distanciamiento habría quedado aún más patente en un encuentro posterior, cuando coincidieron en el cumpleaños de su hija pequeña a las puertas del centro escolar y, según se publicó, ni siquiera se dirigieron la palabra. Ese detalle, aparentemente trivial, fue interpretado por muchos como la prueba de que la relación cordial se había enfriado por completo.

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