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El cardenal Cisneros: el hombre austero y reformista que gobernó España con mano de hierro tras la muerte de Isabel la Católica

Pocas figuras han tenido tanta influencia en la historia de España como el cardenal Cisneros. ¿Cómo fue esta figura y qué cosas hizo?

¿Por qué fue tan importante la figura del Cardenal Cisneros?

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  • Francisco María
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Hay figuras históricas que parecen esculpidas a golpe de contradicciones, envueltas en un rigor tal que cuesta creer que fuesen de carne y hueso. Francisco Jiménez de Cisneros pertenece por derecho propio a esa estirpe de hombres extraordinarios que marcaron el destino de España sin buscar jamás el lucimiento personal. Fraile franciscano de hábitos remendados y ayunos feroces, terminó convirtiéndose en el timonel indiscutible de una monarquía que se debatía entre la gloria imperial y el abismo sucesorio tras la marcha de los Reyes Católicos.

No era un clérigo cualquiera

Hacer memoria de Cisneros obliga a despojarse de los tópicos habituales sobre los clérigos cortesanos de la época. No estamos ante un intrigante palaciego movido por la ambición de poder o las prebendas eclesiásticas. Cuando Isabel la Católica posó sus ojos en aquel monje ermitaño y lo propuso como arzobispo de Toledo , la sede más rica y poderosa de la cristiandad hispánica, el fraile huyó literalmente al monte para evitar el nombramiento.

Tuvo que mediar una bula expresa del mismísimo Papa para arrancarle la negativa y obligarle a enfundarse las sedas arzobispales, aunque bajo ellas mantuvo intacto el sayal áspero y la disciplina de su celda conventual. Esa negativa inicial no era pose; reflejaba un carácter de una rectitud pétrea que desconcertaba a la nobleza castellana.

Una reforma moral como objetivo

La gran obsesión de su vida eclesiástica fue la reforma moral del clero. En una época donde muchos prelados acumulaban beneficios y vivían rodeados de lujos mundanos, Cisneros se propuso limpiar la Iglesia desde sus cimientos más hondos. Visitó conventos, desterró privilegios abusivos, castigó la relajación de las costumbres y exigió a los sacerdotes una ejemplaridad estricta.

Los monasterios franciscanos fueron los primeros en sentir el peso de su vara reformadora, desatando revueltas internas que el cardenal sofocó con una mezcla de firmeza inquebrantable y profunda convicción espiritual. No toleraba la tibieza, ni en los frailes rasos ni en los altos dignatarios de la corte pontificia.

La muerte de Isabel

Tras la muerte de Isabel la Católica, con conflictos en Castilla de todo tipo, el cardenal logró navegar por este mar turbulento de la política usando la diplomacia de puño de hierro y la política de Estado. Después de la muerte de Felipe y la locura mental de la Reina Juana la Loca fue nombrado regente del país con un poder absoluto.

Cuando se enfrentó a la protesta de la nobleza feudal que pedía una aclaración sobre la base legal de su poder Cisneros pronunció una de las frases más famosas de la historia de nuestra política mientras mostraba los cañones desplegados en los patios y los soldados levantados en las plazas: «Estos son mis poderes». No era una fanfarronería hueca; reflejaba la cruda realidad de un gobernante dispuesto a emplear la fuerza del Estado para frenar los abusos nobiliarios y mantener la paz civil en un reino al borde de la quiebra institucional.

Importantes medidas

Bajo su mandato interino, el Cardenal impulsó medidas de profundo alcance económico y militar. Organizó la célebre expedición a la plaza norteafricana de Orán, financiada de su propio bolsillo episcopal, buscando asegurar las costas peninsulares frente a la piratería berberisca.

Centralizó la administración, vigiló con lupa las cuentas públicas y demostró una honestidad personal tan radical que, tras su muerte, los inventarios de sus bienes apenas si cubrieron las deudas contraídas para obras de caridad. Nadie pudo acusarle jamás de enriquecimiento ilícito, una rareza absoluta en la Castilla del Renacimiento.

Un interesante legado cultural

Su legado cultural e intelectual tampoco admite discusión. Cansado de la decadencia de los estudios universitarios tradicionales, destinó una fortuna a levantar ex novo la Universidad de Alcalá de Henares, un proyecto humanista avanzado a su tiempo que pretendía formar a clérigos y letrados con una sólida base teológica y filológica.

De aquel sueño universitario brotó la monumental Biblia Políglota Complutense, una obra magna que reunió los textos sagrados en hebreo, griego, arameo y latín, convirtiendo a España en el epicunto de la vanguardia bíblica europea.

La llegada de Carlos

Cuando el joven Carlos I desembarcó en tierras peninsulares procedente de Flandes, ignorando el idioma castellano y rodeado de consejeros flamencos ávidos de riquezas, Cisneros intentó organizar el encuentro para aconsejar al nuevo monarca. El destino, sin embargo, quiso que el viejo cardenal enfermara gravemente en Roa de Duero, muriendo en noviembre de 1517 sin llegar a ver al rey. Corrieron persistentes rumores de que había sido envenenado por cortesanos recelosos de su autoridad moral, aunque los historiadores apuntan más bien al agotamiento físico de un hombre octogenario que gobernó hasta su último suspiro.

Lejos de los fastos de la corte, aquel fraile de hábito gastado demostró que el verdadero poder no reside en las coronas heredadas, sino en la férrea voluntad de servir a una idea de país.