INVASIÓN DE CEUTA

Guardia Civil y Policía desvelan ante la juez la presencia de seis navíos de Marruecos en Ceuta la noche anterior a la invasión

Avistaron seis embarcaciones marroquíes en aguas españolas: dos interceptoras, dos patrulleras y dos barcos pequeños

El 90% de los invasores de Ceuta no se presenta ante la Policía para ser devueltos a Marruecos

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Sira Lobato

Mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil han confirmado ante la juez María Tardón que, durante la entrada masiva de inmigrantes ilegales a Ceuta de los pasados 30 y 31 de julio, avistaron seis embarcaciones marroquíes en el límite del mar territorial: dos interceptoras, dos patrulleras y dos barcos pequeños. A su vez, presenciaron cómo agentes del país vecino guiaban activamente a los invasores hacia Ceuta mientras los militares marroquíes se quedaban de «brazos caídos». Un caos fronterizo que desencadenó graves problemas de coordinación entre las Fuerzas de Seguridad españolas sobre cómo contener la avalancha.

Complicidad y «brazos caídos» de Marruecos

Las declaraciones de los altos mandos policiales ante la justicia no dejan lugar a dudas sobre el papel de Rabat en la invasión. El teniente coronel de la Guardia Civil, Miguel Lobo, corroboró esta versión y detalló que, la noche previa a la invasión, avistó hasta seis barcos de Marruecos —dos patrulleros, dos interceptores y dos menores—, algo que le llamó la atención al tratarse de un día de niebla.

El alto mando del Instituto Armado fue rotundo: hubo autoridades marroquíes dando órdenes mientras sus militares permanecían de «brazos caídos», limitándose a observar sin mover un dedo. Aún más grave, relató cómo pequeñas embarcaciones marroquíes recogían a personas para depositarlas directamente en la playa.

Por su parte, el inspector jefe de la Policía Nacional, Lorenzo Fagés, durante aquellos días críticos se formó una cola kilométrica de personas a la vista de la gendarmería marroquí. Lejos de frenarlos, el mando policial testificó haber visto a uniformados del país vecino dirigiendo a los inmigrantes directamente hacia la frontera española.

Fagés definió la situación como una «avalancha descontrolada», aportó un dato revelador sobre el perfil de los asaltantes: muchos de ellos eran de complexión atlética y cruzaban la frontera con una actitud sorprendentemente tranquila.

Enfrentamiento entre Policía y Guardia Civil

La declaración judicial también ha destapado la alarmante falta de coordinación previa ante una invasión de esta magnitud. Con un ritmo de entrada inasumible de 5.000 inmigrantes por hora, según ha confirmado Miguel Lobo, la tensión estalló entre los propios cuerpos de seguridad españoles sobre mantener abierta la puerta fronteriza.

El mando policial consideró que la puerta debía cerrarse de inmediato para frenar la entrada masiva de invasores. Sin embargo, tras escucharse «dos pelotazos» efectuados por la Policía Nacional, se desató una fuerte discusión entre los mandos de ambos cuerpos. La puerta llegó a estar cerrada durante unos minutos por orden policial, pero la Guardia Civil exigió e impuso su reapertura.

El teniente coronel de la Guardia Civil justificó esta decisión alertando de que, si se mantenía el cierre, se habría provocado un tapón humano con grave riesgo de aplastamiento, obligando a los inmigrantes a lanzarse al agua con el consiguiente peligro de ahogamiento.

Además, recordó a sus homólogos que la competencia en esa zona restringida pertenece en exclusiva al Instituto Armado, dejando en evidencia un grave problema de autoridad en la frontera en el peor momento posible. Con los escasos efectivos disponibles, sentenció el mando de la Guardia Civil, era materialmente «imposible» contener aquella invasión.

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