Una relación rota: el Real Madrid no quiere saber nada del Barcelona
Las relaciones entre Real Madrid y Barcelona atraviesan su peor momento
La Superliga, el caso Negreira y la ruptura entre Florentino Pérez y Laporta han dinamitado cualquier posibilidad de entendimiento
Alirón o pedrea
Las relaciones entre el Real Madrid y el Barcelona están completamente rotas. Esto no es noticia, es algo sabido por todos. Ambos clubes han pasado al ataque uno contra el otro desde hace varios meses, eso sí, con estilos muy diferenciados. Y el Clásico de este domingo volverá a dejarlo claro. Apenas habrá un breve encuentro entre directivas, previsto para las 20:00 horas en la planta superior del palco, pero no habrá comida oficial entre clubes. Tampoco acudirá Florentino Pérez, como viene siendo habitual en los últimos años, aunque sí habrá una representación madridista encabezada por José Ángel Sánchez, director general de la entidad madridista. Un detalle que puede parecer pequeño, pero que refleja perfectamente cómo está todo entre ambos transatlánticos del fútbol español. También acuden Pedro López, Manuel Torres, Emilio Butragueño, Pirri, Juni Calafat, Roberto Carlos y Solari.
Y no es algo nuevo. La fractura viene de lejos, pero terminó de explotar con el caso de la Superliga. Ahí cambió todo. Ahí se rompió lo poco que quedaba. Desde que el Real Madrid decidió hacer una ofensiva en el ‘Caso Negreira’ para buscar la limpieza del fútbol español ambas instituciones han mantenido una relación tensa, por no decir que rota.
Durante años, Florentino Pérez y Joan Laporta mantuvieron una especie de alianza silenciosa pese a la rivalidad histórica entre ambos clubes. En medio de una guerra económica cada vez más feroz y con la UEFA apretando desde todos los frentes, Real Madrid y Barcelona encontraron un enemigo común. La Superliga les unió cuando Europa les daba la espalda.
El Real Madrid fue el gran impulsor del proyecto. Florentino se puso al frente de una idea que pretendía cambiar el fútbol europeo y garantizar la supervivencia financiera de los grandes clubes. El Barcelona, asfixiado económicamente y con una deuda gigantesca, encontró en ese proyecto una vía de escape. Laporta se agarró a Florentino. Y el presidente madridista respondió.
El máximo mandatario del Real Madrid protegió al Barcelona en más de una ocasión. Le ayudó cuando entendía que tenía que hacerlo. Sobre todo en los momentos más delicados. Ambos clubes caminaron juntos contra la UEFA, contra Aleksander Ceferin y contra todos los que intentaron tumbar la Superliga desde el primer día. Mientras el resto de equipos abandonaban el barco, Madrid y Barcelona seguían resistiendo.
Pero poco a poco todo empezó a torcerse. Las presiones de la UEFA aumentaron. También las conversaciones para reconstruir relaciones institucionales. Y ahí apareció la desconfianza. En el Real Madrid empezaron a sentir que el Barcelona jugaba a dos bandas. Que públicamente mantenía el discurso de la Superliga mientras, por detrás, buscaba acercamientos con la UEFA para reducir tensiones.
La ruptura definitiva llegó cuando en el Bernabéu entendieron que el Barcelona había roto esa alianza construida durante los años más difíciles. Cuando los catalanes estaban arruinados económicamente, el Real Madrid le tendió la mano por ellos, por ambos y por la fortaleza del fútbol español. Porque en Valdebebas nunca olvidan quién estuvo y quién no estuvo en los momentos complicados. Y consideran que el Barcelona terminó mirando únicamente por sí mismo.
Una relación rota
La distancia ya no se esconde. De hecho, en el Real Madrid hace tiempo que entienden que aquella alianza con el Barcelona murió. Y dentro del club incluso hablan ya de una guerra institucional abierta.
Florentino Pérez cambió definitivamente el discurso cuando empezó a percibir acercamientos del Barcelona hacia Tebas y Ceferin, precisamente dos de los grandes enemigos del presidente madridista en el fútbol europeo hasta hace no tanto. Ahí terminó de romperse todo. Porque en el Bernabéu interpretaron que el Barcelona volvía a jugar por libre después de años caminando juntos con la Superliga.
El ‘caso Negreira’ terminó de incendiarlo todo. El Real Madrid decidió personarse en la causa y Florentino pasó directamente al ataque. En Barcelona sentaron especialmente mal algunas declaraciones del presidente blanco cuestionando los pagos del Barça a Negreira durante 17 años. Pagos totalmente confirmados.
En Valdebebas entienden que durante demasiado tiempo ayudaron al Barcelona en momentos críticos, especialmente cuando el club azulgrana estaba económicamente asfixiado y necesitaba apoyos para sostener el proyecto de la Superliga. Pero consideran que Laporta acabó acercándose precisamente a quienes habían intentado destruir esa idea. Y desde ahí, la relación saltó por los aires.
Desde entonces, la relación entre ambos clubes se ha enfriado hasta límites inimaginables hace unos años. Ya no existe aquella comunicación fluida entre directivas. Ya no hay estrategia común. Ya no hay confianza. El Real Madrid, cansado de ciertas maniobras del Barcelona, decidió apartarse. Incluso en las conversaciones para volver a mantener una relación estable con la UEFA, el club blanco dejó a los azulgranas a un lado.
En Valdebebas entienden que el Barcelona cruzó una línea roja. Que utilizó la alianza mientras le convenía y que después buscó proteger únicamente sus intereses. Y eso, en el fútbol de élite, no se perdona. La tensión institucional es total. Se nota en cada declaración, en cada reunión y en cada movimiento político dentro del fútbol español.
Negreira en el foco
Y si había alguna duda, el ‘caso Negreira’ terminó de dinamitar cualquier posibilidad de reconciliación. En el Real Madrid jamás entendieron muchas de las explicaciones del Barcelona alrededor de los pagos al ex vicepresidente de los árbitros. En Valdebebas consideran que el daño reputacional provocado al fútbol español ha sido enorme y que el Barcerlona intentó minimizar un asunto que en el club blanco consideran gravísimo.
Aquello endureció todavía más las relaciones. El Real Madrid decidió personarse en la causa y el Barcelona lo interpretó como una declaración de guerra institucional. Desde entonces, cada gesto se analiza con lupa. Ni siquiera los encuentros protocolarios sirven ya para disimular la tensión.
Un encuentro que no lo es
Este mismo domingo habrá reunión de directivas antes del Clásico. Aunque realmente no es así. El encuentro está previsto para las 20:00 horas, en la planta superior del palco. Una imagen que años atrás simbolizaba poder y convivencia entre los dos gigantes del fútbol español y que ahora representa todo lo contrario. No hay comida de directivas, como antaño era habitual, y tampoco hay encuentro en el palco, simplemente ambas directivas se verán cara a cara porque hay un partido en juego. Detrás de las sonrisas de compromiso ya no queda prácticamente nada. La rivalidad deportiva siempre existirá, pero ahora el conflicto va mucho más allá del césped.