El Real Madrid abandonó el Allianz Arena triste. Derrotado. Normal. Los madridistas sabían que la eliminación contra el Bayern suponía el final de la temporada. Es cierto que aún restan siete partidos de Liga, pero el campeonato doméstico está finiquitado por errores propios y ajenos, esos que también cometen los árbitros contra los intereses madridistas. Pero no todo fue negativo en Múnich para los blancos. También hubo cosas positivas, especialmente una: la confirmación de que Álvaro Arbeloa es un gran entrenador.
En el Real Madrid siempre han tenido claro que Arbeloa tiene madera de técnico. Por eso le han ido formando en La Fábrica, paso a paso, hasta darle la oportunidad de coger las riendas del Castilla. Y luego, cuando tomaron la decisión de separar sus caminos con Xabi Alonso, también apostaron por él para dar el salto al primer equipo. No fue casualidad.
Arbeloa se ha equivocado varias veces en los 21 partidos en los que ha dirigido al Real Madrid. Lógico. Como todos. Pero también ha acertado, y mucho. Se ha enfrentado a técnicos como Mourinho, Guardiola o Simeone y les ha ganado. Pero, sobre todo, lo ha hecho con su estilo, con ideas propias, sin apenas tiempo para trabajar.
Un Arbeloa valiente
Nadie debe olvidar de dónde partía. Arbeloa cogió un equipo roto. Sin rumbo. Sin confianza. Con una temporada ya torcida. Y aun así dio la cara. Se puso al frente con un solo objetivo: el bien del Real Madrid. Asumió el marrón y lo convirtió en una oportunidad. Eso, en este club, cuenta. Y mucho.
Como decíamos, no ha sido perfecto. Ni mucho menos. Ha tenido errores, decisiones discutibles y momentos en los que el equipo no ha respondido. Pero también ha dejado señales claras. Ha recuperado jugadores, ha encontrado soluciones y, sobre todo, ha sostenido al grupo cuando todo parecía venirse abajo.
Arbeloa es club. Entiende lo que significa el escudo del 15 veces campeón de Europa. No se esconde. No busca excusas. Da la cara siempre. Y eso, en un momento de tanta presión, es fundamental. Además, cambiar ahora es volver a empezar. Otro proyecto, otro discurso, otra adaptación. Y el Madrid no está para eso. Necesita continuidad, estabilidad y construir sobre algo. Y el salmantino ha demostrado que tiene unos cimientos firmes sobre los que apoyarse.
Arbeloa no ha ganado, pero tampoco ha fallado. Y en este contexto, eso ya es suficiente para darle una oportunidad real. Una oportunidad desde el inicio, con un equipo renovado, nuevas caras y también caras conocidas que están encantadas con él. La pelota está en el tejado del club, pero el técnico ha demostrado que está preparado.