Final de la Euroliga: Olympiacos-Real Madrid

Al Real Madrid le impiden obrar el milagro y Olympiacos gana la Euroliga 13 años después

Los blancos caen con honores y con un arbitraje injusto (92-85)

Así te hemos contado el partido en directo

Al Real Madrid no le han dejado ganar la Euroliga y el Olympiacos vuelve a ser campeón 13 años después (92-85). Después de una final en la que los blancos, sin pívots, se dejaron algo más que el alma, los árbitros decantaron la balanza a favor de los de El Pireo en el OAKA Arena con una serie de faltas muy polémicas al final y durante todo el partido que encumbraron al equipo griego ante su afición.

Fueron 27 los tiros libres de los que dispuso Olympiacos en la final, 16 en el último cuarto, el único en el que, sólo desde este área, pudo ser superior al Real Madrid (31-20). El rey de Europa cayó con todos los honores y tendrá que esperar, al menos, hasta el próximo año para recuperar una corona que, pese a estar completamente diezmado sin Edy Tavares, Alex Len ni Usman Garuba, llegó a avistar en su cabeza.

Alec Peters no se llevó el MVP de la final a pesar de su memorable actuación (cinco triples y 16 puntos, siete rebotes y 26 de valoración), sino un menos acertado Evan Fournier que, pese a sus errores, fue quien más anotó del equipo griego (20 dígitos) y el mejor del choque (cuatro capturas, cinco asistencias y 21 créditos). Trey Lyles (24 y 30), Mario Hezonja (19 y 24) y Andrés Feliz hicieron que el Real Madrid acariciase la gesta en Atenas.

El inicio necesario en el escenario que se esperaba. En el más exigente en mucho tiempo, el Real Madrid logró no mostrar ni un ápice de miedo desde su puesta en escena en un OAKA Arena repleto de camisetas rojiblancas rugiendo y suspirando por ver a su equipo campeón 13 años después. La defensa blanca secó al Olympiacos desde el perímetro y el rebote generó segundas oportunidades que hacían buenas Hezonja y sobre todo Lyles.

Inicio heroico de Lyles

El canadiense firmó nueve puntos y dos triples en los primeros tres minutos de su único partido como pívot titular en toda la temporada y cerraba el primer cuarto con 13 y tres. Casi nada. El Real Madrid se vio 10 arriba demasiado pronto con otra de Alberto Abalde de tres y Olympiacos creció desde el tiro libre con las primeras faltas algo discretas, como las dos de Facu Campazzo que le obligaban a sentarse.

Daba igual. Salía Théo Maledon y rendía al mismo o superior nivel que el argentino… y también forzaba una falta que no se pitaba. Ni al francés ni a nadie (8 a 0 libres entonces). El caso es que el Real Madrid se iba a los 26 puntos como el que no quiere la cosa en un arranque de encuentro para levantarse y aplaudir (19-26). Sólo Sasha Vezenkov conseguía rascar algo en un Olympiacos sin dinamita más allá del 4,60.

El Real Madrid manejaba su ventaja con seriedad hasta que apareció Fournier con 11 puntos seguidos que ponían por delante al Olympiacos. Sus genialidades desde el perímetro desataron un festival al que se unían Peters y también los blancos con dos más de Lyles. El pívot abierto de urgencia cerraba con la primera parte con ¡21 puntos y cinco triples! y dejaba muy vivo a su equipo al descanso de la final (46-44).

En 20 minutos, el Real Madrid ya se había ganado el respeto del mundo del baloncesto. Pasase lo que pasase a continuación, a Scariolo le estaba funcionando el plan y para llevarlo a cabo había encontrado una versión suprema de uno de sus mejores jugadores. Una actuación de esas que pasan a la historia en caso de victoria, pero que tardan poco en olvidarse con derrota.

Momento Hezonja

Ambos equipos mantuvieron ese ritmo frenético al volver de vestuarios, pero se redujo con una larga revisión de una acción claramente antideportiva de Mckissic tumbando a Campazzo y luego no dejándole levantarse de la pista. Otra injusticia a la que Hezonja, que puso paz entre uno y otro base, respondía con su primer triple y Feliz ajusticiaba al autor de dicho maltrato al Facu.

Shaquille fallaba dos triples y el dominicano corría a pleno pulmón para castigar en las dos, imponiendo una sobriedad que asusta para anotar de tres. ¿Quién lo hubiera dicho cuando llegó al Real Madrid la pasada temporada? Hezonja, en su salsa (10 puntos en el tercer cuarto), hacía el 0-10 de parcial y forzaba el tiempo muerto de Georgios Bartzokas (54-60).

Los blancos se iban al último periodo mandando gracias a varias faltas provocadas por el croata, que fue el líder en ausencia de los puntos de Lyles (61-65). ‘La Duodécima’ estaba a 10 minutos de distancia. La tensión se cortaba con un cuchillo y los árbitros dieron a Olympiacos esa ‘ayudita’ que necesitaba con faltas muy justas en ambos lados de la cancha.

Así, Atenas se venía arriba a lomos de un Vezenkov al que por fin permitían asomar la cabeza las cuatro personales de Chuma Okeke y Lyles. La casta de Feliz y Gaby Deck hacía que el Real Madrid se aferrase a la final y un triple increíble de Hezonja contrarrestaba otro de Peters y empataba el partido a falta de dos minutos (80-80).

Los árbitros acercan la Euroliga al Olympiacos

Una auténtica caldera es en lo que se convirtió una cancha acordonada por antidisturbios ante el posible éxito del equipo ‘local’ y con tres tipos vestidos de naranja que casi provocan que Scariolo se revuelque por el suelo con la enésima injusticia que no paraban de mandar a los de Olympiacos a la línea de tiro libre. A falta de 52 segundos, el conjunto heleno vencía de cuatro y el milagro lo era aún más para un Real Madrid al que no le estaban permitiendo obrarlo (84-80).

Lyles se empeñó en que sí. Mate a dos manos, robo rápido, un libre para dentro y tiro a fallar para que Campazzo forzase tres más y enchufase dos. Feliz fallaba un triple y Olympiacos le robaba la cartera en el rebote. A falta de 11,2, con Trey expulsado, Peters ponía el +5 (90-85). Scariolo la ensayó bien, pero el plan no funcionó porque Okeke algo liberado, tuvo un lógico ataque de pánico y se la dio a un Facu muy marcado.

El Madrid cae con honores

Peters anotaba dos tiros libres más (el vigesimosexto) y Olympiacos alzaba el título 13 años después y en Atenas, en una de las finales más crueles que se recuerdan en el Real Madrid.

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