La psicología ha llegado a la conclusión de que las personas que dejan sus tareas para última hora no son vagas, en realidad es porque su cerebro trabaja mejor bajo presión
El ritmo a la hora de hacer las tareas o el momento en el que se hace no son indicadores, siempre, de ser vago
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Cuando alguien deja las tareas para el último minuto o incluso las realiza acabado el plazo que tenía para hacerlas, da la sensación de ser una persona vaga o incluso despreocupada. Sin embargo, la psicología ha querido analizar este tipo de perfiles y ha resuelto que no todo es tan sencillo como parece. No es que alguien quiera tardar en hacer algo que le han pedido porque sí. Sencillamente hay quien no trabaja bien hasta que se encuentra literalmente bajo presión, en muchos casos, la del tiempo.
La psicóloga Leticia Martín Enjuto, directora del centro de psicología que lleva su nombre y colaboradora habitual de la revista Cuerpomente ha querido hablar de este tipo de personas, y de alguna manera eliminar prejuicios al respecto. Y es que frente a esas personas que no dudan en tenerlo todo agendado y saber qué hacer en todo momento, están los que hacen todo lo contrario y optan por esperar al último momento aunque eso suponga unos días de caos. Según la especialista, en algunos casos el cerebro de este tipo de personas rinde mejor bajo presión, aunque eso no convierte el hábito en algo recomendable sin condiciones, porque su coste en bienestar puede ser alto cuando se vuelve la norma y no la excepción.
La psicología ha llegado a la conclusión de que las personas que dejan sus tareas para última hora no son vagas
Sabiendo que se tiene tiempo de sobra, cualquier cosa que surja parece más urgente que la tarea pendiente que en realidad, sería la que tendríamos que estar haciendo. Martín Enjuto explica que, cuando falta mucho para la entrega, el trabajo no genera la sensación de urgencia que el cerebro necesita para colocarlo entre sus prioridades, y resulta muy sencillo entretenerse con otras cosas o quedarse con la idea de que ya habrá tiempo. La psicóloga recuerda que el cerebro necesita cierto grado de estrés para funcionar, aunque hoy esa palabra tenga tan mala prensa.
Es decir, que cuando la fecha límite se acerca, la tarea adquiere una importancia inmediata y sube la activación necesaria para actuar. Y en algunas personas aunque pueda parecer sorprendente, esa presión funciona como un motor, ya que se se distraen menos, toman decisiones con más rapidez y mantienen la atención durante más tiempo. Según la psicóloga, estas personas sí querían hacerlo desde el principio, pero les faltaba ese empujón extra para dejar de darle vueltas y empezar de verdad.
Cuándo rendir bajo presión deja de ser inofensivo
Aprovechar el empujón de una fecha límite de vez en cuando es una cosa, pero tener que vivir siempre al borde del plazo para rendir es otra bien distinta, y ahí es donde la experta pide prudencia, porque en su consulta ve con frecuencia cómo se confunden ambas situaciones. La alarma salta cuando esa forma de organizarse se traduce en una ansiedad constante, noches en las que cuesta conciliar el sueño, agotamiento y la impresión de ir siempre detrás de las obligaciones sin alcanzarlas. Si el resultado es ese, el patrón deja de ser inofensivo por muy buenos que sean los resultados finales. Si la persona, en cambio, se organiza, se concentra y termina el trabajo sin pagar un precio importante en su bienestar, lo más probable es que se trate simplemente de su manera de funcionar.
Otros motivos que nos pueden llevar a dejar las tareas para el último momento
La presión no basta para explicar por qué tanta gente retrasa lo que tiene que hacer. En consulta, señala Martín Enjuto, aparecen motivos muy diferentes: miedo a equivocarse, perfeccionismo o dificultad para afrontar una tarea que se percibe como demasiado exigente. A veces la causa es más sencilla, como el aburrimiento o la falta de interés, y también hay quien necesita un tiempo para pensar antes de lanzarse a actuar. Por eso la psicóloga considera importante no colgar con tanta rapidez la etiqueta de vago a quien deja las cosas para el final. A cambio, pide fijarse en lo que ocurre cuando llega la presión y que nos preguntemos si de verdad la persona se vuelve más productiva o si hay algo más debajo de la superficie. Y, si vive con prisas y sensación de descontrol permanente, averiguar qué le está impidiendo empezar a tiempo.
Un truco sencillo para que podamos empezar antes
Para quienes están cansados de vivir contra el reloj, Martín Enjuto destaca por último, una herramienta que le resulta útil en consulta y que consite en poner pequeñas fechas límite antes de la fecha real. En lugar de pensar que se tiene todo el mes para sacar un trabajo adelante, la idea es dividir el objetivo en pasos más pequeños y asignar a cada uno su propio plazo, de modo que el calendario se llene de metas cercanas y fáciles de abordar. Con ese truco se consigue algo de urgencia mucho antes de la entrega, y de paso uno se ahorra las carreras de última hora, que suelen pasar factura al sueño y al humor.
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