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Psicología

La psicología explica por qué los niños que crecieron en los años 90 y 2000 desarrollaron una mayor independencia: estas son las claves

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Quienes crecieron durante los años 90 y principios de los 2000 recordarán una infancia bastante diferente a la de muchos niños de hoy. Salir a la calle para buscar a los amigos, inventar juegos cuando no había nada que hacer o solucionar una discusión sin llamar inmediatamente a los padres eran situaciones habituales. Detrás de aquellas costumbres había algo más que nostalgia, ya que, según la psicología, las experiencias cotidianas podían ofrecer oportunidades para desarrollar habilidades fundamentales durante la infancia.

Una infancia con más margen para decidir

La diferencia no estaba necesariamente en la educación que recibían, sino en las oportunidades que tenían para desenvolverse sin ayuda inmediata. Muchos niños podían pasar la tarde fuera de casa, decidir a qué jugar, ponerse de acuerdo con otros compañeros o buscar una alternativa cuando sus planes no salían como esperaban.

Un estudio de psicología publicó un informe sobre la importancia del juego en el desarrollo infantil, reafirmado en enero de 2025. El documento destaca que el juego libre favorece las habilidades sociales, cognitivas y emocionales, además de contribuir al desarrollo de las funciones ejecutivas, relacionadas con la planificación, el autocontrol y la capacidad de tomar decisiones. 

Aprender a equivocarse

Otro aspecto importante es la capacidad para tolerar la frustración. Cuando un niño intenta resolver un problema por sí mismo, tiene la oportunidad de equivocarse, probar diferentes soluciones y descubrir qué funciona. Ese proceso contribuye a construir confianza en sus propias capacidades y a desarrollar estrategias para afrontar situaciones nuevas.

Una investigación analizó durante ocho años a 422 niños y encontró una asociación entre el control excesivo de los padres durante los primeros años y un menor desarrollo posterior de determinadas habilidades de autorregulación. Los investigadores observaron que la regulación emocional y el control de los impulsos estaban relacionados con la adaptación social, emocional y académica. 

No significa dejar a los niños solos

La psicología no defiende que los menores deban crecer sin supervisión ni que cualquier época pasada fuese mejor. La clave está en encontrar un equilibrio entre protección y autonomía, ofreciendo a los niños oportunidades para tomar decisiones adecuadas a su edad.

De hecho, un estudio psicológico recogió recientemente las recomendaciones de especialistas y educadores que defienden permitir que los menores afronten pequeñas dificultades cotidianas, en lugar de resolverles inmediatamente todos los problemas. Olvidar algo, buscar una solución a un ejercicio o negociar un desacuerdo pueden convertirse en experiencias de aprendizaje. 

En definitiva, la nostalgia por los años 90 y principios de los 2000 puede tener una explicación relacionada con el desarrollo infantil, como disponer de tiempo para jugar, explorar y tomar pequeñas decisiones que ofrecían oportunidades para aprender a desenvolverse por uno mismo. No se trata de comparar generaciones ni de renunciar a la protección de los padres, sino de recordar que crecer también implica tener espacio para experimentar, equivocarse y descubrir que uno es capaz de solucionar las cosas.