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La psicología explica por qué necesitas comprobar una y otra vez si has cerrado la puerta con llave y cómo se relaciona con la ansiedad

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Según los psicólogos, comprobar una y otra vez si hemos cerrado la puerta con llave es uno de los hábitos cotidianos más habituales, especialmente entre las personas con tendencia a la ansiedad. Este comportamiento no responde únicamente a un un problema de memoria, sino que puede reflejar una necesidad de control. Nuestro cerebro no siempre se fía de sus propios recuerdos, sobre todo cuando, mientras cerramos la puerta, estamos pensando en las tareas que tenemos pendientes. Por este motivo, sólo unos minutos después podemos tener dificultades para recordar si hemos cerrado la puerta con llave o no.

Ante esta incertidumbre, volver a comprobar la cerradura se convierte en una forma de estar tranquilos. Desde la perspectiva psicológica, se trata de una estrategia para aliviar el estrés, ya que nos permite sentir que todo está bajo control y que no hay motivos para preocuparnos. Sin embargo, cuando esta conducta se vuelve demasiado frecuente, puede provocar el efecto contrario: el cerebro empieza a confiar menos en sus propios recuerdos y las dudas se hacen cada vez más intensas. Así se crea un círculo vicioso en el que cada nueva comprobación aporta una tranquilidad pasajera, pero no consigue eliminar por completo la incertidumbre.

Por qué necesitamos comprobar si hemos cerrado la puerta con llave

Los expertos señalan que las personas que comprueban repetidamente si han cerrado la puerta con llave pueden compartir determinados rasgos de personalidad:

Una investigación publicada en el Journal of Experimental Psychopathology analizó la relación entre los fallos de memoria prospectiva, es decir, la capacidad de recordar que debemos realizar una acción, y las dudas que surgen al comprobar determinadas cosas. Sus resultados ayudan a entender por qué la incertidumbre sobre una tarea cotidiana puede aumentar la necesidad de verificar que se ha realizado correctamente.

Preocuparse por la seguridad del hogar es completamente razonable. La clave está en lo que sucede después. Si una persona confirma que la puerta está cerrada y sigue con su día sin darle más vueltas, probablemente se trate de una revisión puntual. En cambio, si las dudas persisten incluso después de haber visto y comprobado que ha cerrado bien, puede entrar en un círculo en el que cada nueva revisión proporciona un alivio momentáneo, pero no consigue eliminar la incertidumbre.

¿Los recuerdos son fiables?

«Todo depende de lo que haya ocurrido antes y de lo que ocurra después de cerrar la puerta», explica la psicóloga Olga Albaladejo a CuerpoMente. «En los experimentos de van den Hout y Kindt, las comprobaciones repetidas de una cocina de gas virtual hicieron que los recuerdos se percibieran como menos vivos y detallados. También disminuyó la confianza de los participantes en su memoria, aunque la precisión de esta no empeoró del mismo modo». Por lo tanto, «si cada comprobación nos tranquiliza solo hasta que aparece la siguiente duda, comprobar más puede dejar de darnos la seguridad que buscamos».

Nuestro cerebro puede jugarnos una mala pasada en estas situaciones. La primera vez que cerramos la puerta y giramos la llave, la acción suele quedar registrada con cierta claridad en nuestra memoria. Sin embargo, cuando repetimos el mismo gesto una y otra vez, esos recuerdos empiezan a parecerse y resulta más difícil distinguirlos. Entonces, se produce así una paradoja: cuanto más intentamos asegurarnos de que todo está en orden, más dudas tenemos.

Finalmente, la psicóloga hace referencia al sentido de la responsabilidad. «Stanley Rachman propuso que, en las comprobaciones compulsivas, influyen la responsabilidad que una persona cree tener para prevenir un daño, la probabilidad que atribuye a ese daño y la gravedad que imagina para sus consecuencias».