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¿Olvidas palabras en mitad de una frase? Éste es su significado según la psicología

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

A todos nos ha pasado alguna vez: estamos hablando y, de repente, nos quedamos en blanco porque no conseguimos recordar un nombre o una palabra que conocemos. Esa sensación de tener algo «en la punta de la lengua» es muy habitual y, por sí sola, no es un signo de deterioro cognitivo o demencia. Según los expertos, hay que prestar atención a la frecuencia con la que aparecen estas dificultades, si aumentan progresivamente con el tiempo y si llegan a interferir en la comunicación cotidiana.

Investigadores de la Universidad de Toronto y del Instituto de Investigación Rotman de Baycrest analizaron a 125 adultos sanos de entre 18 y 85 años para buscar determinadas características del habla que pudieran relacionarse con cambios en la función cognitiva a lo largo del tiempo. Los participantes realizaron pruebas de denominación de imágenes diseñadas para evaluar cuánto tardaban en encontrar y pronunciar la palabra correspondiente. Además, los investigadores analizaron grabaciones en las que los participantes describían imágenes complejas y evaluaron diferentes capacidades cognitivas, entre ellas la atención y la capacidad para ignorar distracciones.

La razón por la que olvidas palabras en mitad de una frase

Uno de los principales resultados fue que ni el número ni la duración de las pausas parecían estar relacionados por sí solos con el rendimiento cognitivo. En cambio, la velocidad general del habla mostró una relación más relevante. Es decir, no necesariamente preocupa que una persona haga pausas ocasionales mientras busca una palabra, sino que su manera de hablar se vuelva progresivamente más lenta.

Según el estudio, publicado en la revista Aging, Neuropsychology, and Cognition, el tiempo que cada participante necesitaba para identificar las imágenes estaba relacionado con la fluidez natural de su discurso. Aquellas personas que recordaban las palabras con mayor rapidez durante la prueba también hablaban más rápido y de manera más fluida al describir las imágenes. El autor principal del trabajo, el doctor Jed Meltzer, señala que la velocidad del habla se podría estudiar en mayor profundidad dentro de las evaluaciones de la función cognitiva.

Signos de alerta

Tener dificultades para encontrar una palabra de vez en cuando es algo completamente normal. Puede suceder cuando estamos cansados, estresados, distraídos o tenemos problemas para concentrarnos, y no tiene por qué indicar que exista un problema grave. Sin embargo, cuando cuando estos episodios se vuelven cada vez más frecuentes, empeoran con el paso del tiempo o empiezan a dificultar la comunicación diaria, es recomendable consultar con un médico  para valorar los síntomas y comprobar si existe alguna otra causa que pueda explicarlos.

Sin embargo, los propios investigadores advierten de que este estudio no demuestra que hablar más despacio permita predecir un futuro deterioro cognitivo. Para saber si una disminución de la velocidad del habla puede aparecer antes que otros signos de deterioro, serían necesarios estudios longitudinales más amplios.

En definitiva, olvidar ocasionalmente una palabra no debería interpretarse por sí solo como una señal de alarma. Lo más importante es observar si existe un cambio persistente y progresivo en la manera de hablar, recordar y comunicarse, especialmente cuando comienza a afectar a la vida cotidiana.

Memoria de trabajo y atención

Antes de expresar una determinad idea mediante palabras, ésta se debe mantener activa en la memoria de trabajo. Este sistema se entiende como una especie de «bloc de notas» mental del cerebro, ya que permite conservar y manipular información durante un breve periodo de tiempo para realizar tareas como razonar, planificar o comunicarnos.

Una de las principales características de la memoria de trabajo es que tiene una capacidad limitada. Sólo puede mantener una cantidad reducida de información al mismo tiempo y durante unos pocos minutos. Además, a diferencia de la memoria a largo plazo, es muy vulnerable a las interferencias. Por este motivo, los pensamientos que permanecen en la memoria de trabajo son relativamente inestables; necesitan recibir una atención mental constante para mantenerse activos. Cuando ese apoyo disminuye, una idea puede desaparecer antes incluso de que tengamos la oportunidad de convertirla en palabras.

Por otro lado, la atención juega un papel fundamental a la hora de mantener un pensamiento activo. Los expertos la consideran una especie de filtro que determina qué representaciones mentales reciben los recursos necesarios para estar presentes. Mientras nuestra atención permanece centrada en una idea, la memoria de trabajo puede seguir manteniéndola activa. Pero si la atención se desvía, aunque sea durante unos instantes, la activación de ese pensamiento se puede reducir hasta el punto de que resulte difícil recuperarlo.

Esto explica por qué los conocidos «vacíos mentales» suelen aparecer cuando estamos distraídos. No hace falta que exista una interrupción importante: una preocupación repentina, un ruido inesperado o incluso el esfuerzo por encontrar la manera adecuada de expresar algo pueden ser suficientes para desviar la atención y hacer que el pensamiento se vuelva más difícil de recuperar.