La importante reflexión de Simone de Beauvoir, filósofa francesa: «El amor debe ser un pacto entre iguales, no una prisión disfrazada de cariño»
La frase de Simone de Beauvoir sobre el amor que se ha hecho muy popular en las redes sociales
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«El amor debe ser un pacto entre iguales, no una prisión disfrazada de cariño». Esta es una frase que lleva tiempo dando vueltas por las redes sociales y siempre aparece junto al nombre de Simone de Beauvoir . Una bonita y profunda reflexión que gusta mucho a todo el mundo, pero de la que apenas se conoce el origen, el porqué se atribuye a Beauvoir, y a qué se refería en realidad la autora al hablar del amor como un pacto y de prisión.
Y es que detrás de una frase que a priori se entiende bastante bien, nos encontramos con una filósofa que dedicó buena parte de su obra a preguntarse cómo se puede amar a otra persona sin dejar de ser libre, y lo hizo además en una época en la que casarse y depender del marido era el camino casi único para muchas mujeres. Y aunque hemos avanzado al respecto, reflexiones como esta reflejan la desigualdad que se da muchas veces dentro de la pareja, y de alguna manera, habla también de celos, dependencia emocional o el reparto desigual de los cuidados. Merece la pena entonces detenerse mucho más lo que significa la frase y en el contexto del que sale, en quién fue Beauvoir y en lo que escribió de verdad sobre el amor en «El segundo sexo», el libro que publicó en 1949 y que cambió la forma de hablar de las mujeres y de las relaciones.
La importante reflexión de Simone de Beauvoir, filósofa francesa
La frase tal y como aparece siempre en las redes, es en realidad una paráfrasis moderna que resume el pensamiento de la autora y no algo literal que podamos leer en una de sus obras. De todos modos, está claro que su origen está en «El segundo sexo», ya que en las páginas finales dedicadas a la mujer enamorada, donde Beauvoir cuestiona que el amor se viva como una entrega total en la que una de las dos partes se disuelve en la otra. Hay que leerla, además, en su contexto: la Francia de los años cuarenta y cincuenta, en la que las mujeres votaron por primera vez en 1944 y en la que una esposa necesitó la autorización del marido para abrir una cuenta bancaria o trabajar hasta la reforma de 1965. En ese escenario, hablar de igualdad en el amor era algo casi subversivo.
Entendida así, la palabra «pacto» alude a un acuerdo voluntario, revisable y en el que las dos personas tienen voz, algo muy distinto de un destino al que una se somete por costumbre o por miedo a quedarse sola. «Prisión disfrazada de cariño», por su parte, apunta a las relaciones en las que los celos, la vigilancia o la dependencia se presentan como prueba de lo mucho que se quiere, y en las que quien las sufre tarda en reconocerlas precisamente porque llegan envueltas en afecto. La fuerza de la imagen está ahí: en que habla de la restricción que se acepta sin darse cuenta.