Psicología

Los expertos en psicología lo avalan: las personas que dejan pasar a otras en la fila aunque tengan prisa no lo hacen por respeto, en realidad es por flexibilidad mental y empatía

Personas dejan pasar a otras en la fila
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Dejar pasar en la fila del supermercado a una persona que lleva pocos productos, incluso cuando tenemos prisa, puede parecer un simple gesto de amabilidad. Sin embargo, según los psicólogos, este acto puede revelar aspectos muy interesantes sobre la forma en que nos relacionamos con los demás y afrontamos ciertas situaciones en el día.

Desde la perspectiva psicológica, las personas que ceden su turno a pesar de tener prisa pueden mostrar una mayor empatía y una buena capacidad de regulación emocional. Sin embargo, este comportamiento no siempre está motivado por la generosidad.

¿Por qué hay personas que dejan pasar en la fila?

«No hace falta conocer a esa persona ni saber qué le ocurre. Simplemente somos capaces de imaginar que puede estar teniendo un día complicado, que llega tarde a algún sitio o que tiene una necesidad que nosotros desconocemos. Y, ante esa posibilidad, decidimos hacerle un poco más fácil el momento. Ceder el turno, esperar un poco más o dejar pasar a alguien puede parecer insignificante, pero requiere cierta capacidad para salir, aunque sea por un instante, de nuestro propio punto de vista», explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto a Cuerpomente.

El motivo por el que este comportamiento va más allá de un simple acto de educación y amabilidad es que también debemos considerar cómo se siente la persona que recibe el gesto. «Que alguien nos deje pasar cuando tenemos prisa, nos sujete una puerta o se muestre comprensivo en un momento difícil puede parecer algo insignificante», comenta Leticia. «Sin embargo, puede mejorar considerablemente nuestro día. Nunca sabemos lo mucho que puede significar para otra persona un gesto que a nosotros apenas nos ha costado esfuerzo».

También entra en juego la necesidad de preservar la armonía social. En los espacios públicos, donde coinciden personas que no se conocen, evitar situaciones incómodas o posibles enfrentamientos suele ser importante. Dejar que alguien pase primero puede convertirse así en una manera sencilla de prevenir conflictos y mantener un ambiente agradable.

Otra posible explicación es el deseo de obtener aceptación social. Mostrarse amable en situaciones cotidianas transmite una buena imagen, haciendo que los demás nos perciban como personas atentas y consideradas. En ocasiones, este comportamiento también puede responder a una estrategia social inconsciente. Algunas personas colaboran con los demás porque esperan que, en algún momento, esa actitud se vea correspondida, aunque no siempre sean conscientes de ello.

Aunque resulta admirable que, en una sociedad cada vez más individualista, alguien sea capaz de dejar a un lado sus propias necesidades por un instante para prestar atención a las de los demás, este comportamiento tampoco debería convertirse en una obligación. «Esto no significa que una persona empática tenga que estar siempre cediendo», señala la psicóloga. «De hecho, creo que es importante distinguir entre ser considerado y olvidarnos constantemente de nuestras propias necesidades. Cuidar a los demás no debería implicar dejar de cuidarnos nosotros. La empatía saludable también permite decir ‘ahora no puedo’ cuando realmente no podemos», continúa.

Empatía cognitiva

Este comportamiento está muy relacionado con la empatía cognitiva, definida como «la capacidad de explicar, predecir e interpretar con precisión las emociones de los demás en función de una situación», según recoge un informe de investigación publicado en SciELO. Quienes desarrollan este tipo de empatía suelen tener una mayor conciencia de lo que sucede a su alrededor y prestar atención a las circunstancias de otras personas. Por eso, en ocasiones, alguien puede no ceder su turno en la fila simplemente porque no se ha percatado de que hay otra persona esperando detrás.

Dificultad para establecer límites

Los psicólogos señalan que este gesto también puede poner de manifiesto dificultades para establecer límites personales cuando se convierte en una conducta habitual. Si una persona cede su turno constantemente y después siente frustración, es posible que esté actuando por presión social o por temor a incomodar a los demás.

Asimismo, esta actitud puede estar vinculada a la ansiedad social, entendiendo como tal un trastorno que se caracteriza por experimentar un miedo intenso y persistente ante la posibilidad sentirse observado o juzgado por los demás. Este temor va más allá de la simple preocupación por transmitir una imagen negativa. La persona teme que los demás la juzguen, hacer el ridículo o verse expuesta a una situación embarazosa o humillante, lo que puede desencadenar una intensa ansiedad.

Por ello, los psicólogos aconsejan prestar atención a las emociones que acompañan a este tipo de decisiones. Si se trata de un gesto voluntario que genera satisfacción, puede estar relacionado con la empatía y la cooperación. En cambio, si después aparecen malestar o agotamiento emocional, conviene reflexionar sobre por qué se ha actuado de esa manera.

«Ceder el turno, esperar un poco más o dejar pasar a alguien puede parecer insignificante, pero requiere cierta capacidad para salir, aunque sea por un instante, de nuestro propio punto de vista», concluye Leticia.

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