Los expertos instan a poner bicarbonato de sodio en el fondo del cubo de basura: para qué sirve y por qué lo recomiendan
Adiós al mal olor con este sencillo truco que puedes aplicar en tu cubo de basura
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Cambiar la bolsa de la basura es algo habitual en todas las casas. De hecho suele ser algo a lo que ni tan siquiera se le da importancia hasta que vemos que la bolsa está hasta arriba. Sin embargo, puede darse el caso de que si notemos que algo pasa ya que por mucho que cambiemos la bolsa, existe un mal olor en que además es persistente. En estos casos, el problema suele estar en el fondo del cubo, donde se queda el líquido que escurren por ejemplo los restos de comida que vamos tirando. Si a eso se le suma un poco de calor, esa mezcla empieza a fermentar y el olor sube sin que haya manera de pararlo con un simple cambio de bolsa.
Puede entonces que pensemos en limpiar bien el cubo con lejía o con detergente, y seguramente esta será una buena solución, pero a esta le podemos sumar un truco que es sin duda, el más eficaz de todos. Consiste en hacer algo tan sencillo como echar bicarbonato de sodio en el fondo del cubo antes de poner la bolsa. Un remedio que cuesta pocos euros e incluso nada ya que casi todo el mundo tiene un paquete olvidado en el armario y, según quienes lo han probado, sí ayuda a neutralizar parte de los compuestos que provocan el mal olor. Eso sí, conviene bajar las expectativas desde el principio, porque el bicarbonato no detiene la descomposición de los restos orgánicos ni exime de lavar el cubo de vez en cuando; sino que se trata de un refuerzo, un apoyo para el día a día, y poco más.
Los expertos instan a poner bicarbonato de sodio en el fondo del cubo de basura
Buena parte de lo que huele mal en la basura procede de sustancias de carácter ácido que se liberan cuando la comida se pudre, y el bicarbonato tiene la virtud de reaccionar con ellas y rebajar su intensidad en lugar de taparlas con otro aroma, que es lo que hace cualquier ambientador de supermercado. A eso se suma que es un polvo muy fino capaz de absorber algo de humedad, y la humedad es el caldo de cultivo perfecto para que las bacterias se multipliquen en el fondo del recipiente. Por eso su efecto se nota, y aunque la basura sigue pudriéndose igual, sí que logra que la cocina huela bastante menos.
Cómo aplicar bien el truco
Lo primero, y lo que más se pasa por alto, es retirar la bolsa y mirar qué hay debajo, porque espolvorear bicarbonato sobre una capa de suciedad pegajosa sólo sirve para convertirla en una pasta. Si el fondo está sucio toca fregar el cubo con agua y detergente, aclararlo bien y dejarlo secar del todo, incluso si eso significa usar otro cubo un rato. Cuando ya esté seco basta con una capa fina que cubra el fondo, sin pasarse, y la bolsa nueva encima. Hay quien prefiere echar un puñado dentro de la propia bolsa, y funciona igual de bien, aunque ahí el polvo queda más mezclado con los desperdicios y rinde un poco menos. Más cantidad no significa más eficacia, y un exceso sólo se traduce en un paquete que se acaba antes de lo previsto.
Cada cuánto hay que renovarlo
Sobre la frecuencia no hay una norma escrita, aunque los propios expertos en limpieza aseguran que lo más cómodo es reponerlo cada vez que se cambia la bolsa, sobre todo en verano, en cocinas pequeñas con poca ventilación o si el cubo está cerca de una ventana donde da el sol. Si el polvo se ha mojado porque la bolsa goteó, se ha formado una costra o ha cogido mal color, lo sensato es tirarlo, limpiar el fondo y empezar otra vez, ya que con humedad deja de absorber y los olores volverán por muy generosa que haya sido la dosis. Basta con echar un vistazo al fondo cada vez que se vacía el cubo para saber si toca cambiarlo.
Lo que de verdad mantiene a raya el olor
Ningún truco compensa del todo unos malos hábitos, y los especialistas lo repiten sin cansarse. Vaciar el cubo antes de que se llene hasta arriba y no dejar los restos orgánicos varios días dentro, algo que en meses como los de verano se paga caro, ayuda más que cualquier truco como este del bicarbonato. Tampoco hay que olvidarse de las paredes interiores y de la tapa, que acumulan salpicaduras invisibles y que conviene lavar de vez en cuando, secándolas bien antes de volver a usar el cubo. Y cerrar las bolsas con un buen nudo evita filtraciones y que los restos se escurran hacia el fondo. El bicarbonato, en resumen, echa una mano y sale barato, pero quien quiera una cocina sin olores tendrá que seguir lavando el cubo con regularidad.
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