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Los expertos en climatización coinciden: «Poner burletes en las puertas en otoño puede ahorrar hasta un 10% en la factura de calefacción»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Los burletes son uno de esos elementos en los que casi nadie repara hasta que el frío se cuela por debajo de la puerta. Y acá están cometiendo un error garrafal, porque su papel en el consumo de energía de una vivienda es mayor de lo que parece. En otoño, antes de que arranque de verdad la temporada de calefacción, es cuando más sentido tiene revisar puertas y ventanas.

¿Cuál sería el motivo? Pues, una casa que pierde calor por las rendijas obliga a la caldera, la bomba de calor o los radiadores a trabajar más para mantener la misma temperatura. Y esa diferencia acaba reflejándose en la factura. Los organismos públicos dedicados a la eficiencia energética llevan años señalando este problema, y ofrecen una estimación precisa de lo que puede ahorrarse.

Los burletes en puertas y ventanas pueden ahorrar bastante energía en calefacción

Según los consejos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, instalar burletes y adhesivos en puertas y ventanas permite ahorrar entre un 5% y un 10% de energía.

Desde luego, cabe remarcar que esa cifra tiene explicación. Justo estas mismas recomendaciones recuerdan que el 40% de las fugas de calor se produce por ventanas y cristales, y la Guía práctica de la energía del IDAE calcula que entre el 25% y el 30% de las necesidades de calefacción de un hogar se deben a las pérdidas que se originan en ellas.

En este sentido, marcos, molduras y juntas mal selladas forman parte de ese problema.

A su vez, el dato cobra más relevancia si se tiene en cuenta que casi la mitad de la energía que gastan las familias españolas se destina a calentar la vivienda, según la misma guía.

Por eso, cualquier mejora en el aislamiento se nota en el consumo. El IDAE va más allá y apunta que pequeñas mejoras de este tipo pueden suponer ahorros de hasta un 30% en calefacción y aire acondicionado.

Cómo detectar las corrientes de aire antes de colocar burletes

El primer paso consiste en localizar por dónde entra el frío. La guía del IDAE propone un truco casero: en un día de viento, sujetar una vela encendida junto a ventanas, puertas o conductos. Si la llama oscila, se ha encontrado un punto con infiltraciones de aire, es decir, una rendija por la que el aire exterior se cuela en la vivienda y el calor interior se escapa.

Siguiendo esta línea, las zonas más habituales son la parte inferior de las puertas que dan al exterior o a zonas sin calefacción (como un garaje o una escalera comunitaria), el perímetro de las ventanas y los cajetines de las persianas.

Estos últimos son un clásico de las viviendas españolas: si no están bien aislados, funcionan como un agujero en la fachada por el que el calor se pierde durante todo el invierno. Para tapar esas rendijas, el organismo recomienda «medios sencillos y baratos como la silicona, la masilla o el burlete».

También aconseja cerrar el tiro de la chimenea cuando no se utiliza, otro punto por el que se fuga una cantidad considerable de calor. Todas estas son medidas que no exigen obras ni la intervención de un profesional.

¿Qué tipos de burletes existen y cuál conviene en cada caso?

No todos los burletes sirven para lo mismo. La elección depende del tamaño de la rendija, del tipo de apertura de la puerta o la ventana y de si están expuestos a la intemperie.

En tiendas de bricolaje y ferreterías se encuentran, sobre todo, los siguientes modelos, con precios que en muchos casos no pasan de unos pocos euros por metro:

La instalación es sencilla, pero conviene hacerla bien para que el burlete no se despegue a las pocas semanas. Los especialistas recomiendan limpiar el marco con un paño y alcohol, dejarlo secar por completo y pegar el burlete sin estirarlo. Si la superficie tiene polvo, humedad o pintura en mal estado, el adhesivo pierde agarre y la tira deja de sellar.

Otros pequeños gestos que aumentan el ahorro en calefacción este otoño

Los burletes son solo una parte de la ecuación. La guía del IDAE recuerda que por cada grado que se sube el termostato, el consumo aumenta aproximadamente un 7%. Por eso, fija como referencia una temperatura de entre 19 y 21 ºC durante el día, suficiente para la mayoría de las personas, y de 15 a 17 ºC en los dormitorios por la noche.

Hay otros hábitos que ayudan. Para ventilar una habitación basta con abrir las ventanas unos diez minutos, ya que no hace falta más para renovar el aire.

Cerrar persianas y cortinas al caer la noche evita pérdidas importantes, y purgar los radiadores al inicio de la temporada mejora su rendimiento. El organismo aconseja además instalar válvulas termostáticas, que se colocan con facilidad y se amortizan pronto.

En conjunto, el IDAE estima que las medidas de bajo coste o sin coste pueden reducir el gasto energético de un hogar entre un 10% y un 40%.

Y por último, ofrece un dato que ilustra el valor de un buen cierre: a través de cada metro cuadrado de cristal simple se pierde, durante el invierno, la energía contenida en 12 kilos de gasóleo.