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Reforma

Dos hermanos canarios reforman la casa de sus abuelos que llevaba 200 años abandonada y la convierten en un refugio para conectar con las raíces de su familia

Juanjo y Carlos, dos hermanos canarios, decidieron restaurar la vivienda familiar de sus abuelos en Gran Canaria, Casa Vega, construida hace 200 años y abandonada durante los últimos 25.

Junto a su amigo Guille, se propusieron devolverle la vida a una casa que la vegetación había convertido en una jungla y que, aun así, seguía dando aguacates y naranjas como si el tiempo no hubiera pasado. Juntos comparten la reforma en su cuenta de Instagram @casavegagc.

Cómo ha sido la reconstrucción de Casa Vega

Juanjo, de 31 años, recordaba la casa de su infancia: «Yo la recordaba de cuando era pequeño, pasando las tardes con mis padres, mi abuela y mis tíos, y jamás se me olvidó cuando con cinco o seis años me colgaba para recoger aguacates», cuenta. Carlos, su hermano de 27, apenas guardaba memoria del lugar, ya que la vivienda se abandonó poco después de que naciera.

Los primeros obstáculos aparecieron enseguida. «De primeras nos pareció un poco una misión imposible porque las plantas eran más altas que nosotros y descubrimos que el suelo era de cemento, y no de tierra», narran. Dentro, en cambio, la casa conservaba objetos de sus antepasados: bolsos, vestidos, máquinas de coser, relojes, fotografías y hasta los puros y las pipas de su abuelo.

Guille, que nunca había estado en la casa, sintió algo parecido a un déjà vu la primera vez que la vio. «No podía dejar de pensar en cómo era la casa de mis padres antes de reformarla. Por muy abandonada que estuviera, sabía que valía la pena restaurarla», recuerda.

Un hallazgo que cambió su mirada

El hallazgo que más los marcó apareció en el patio. Al retirar la tierra que cubría el cemento surgieron las huellas de la perra de sus abuelos, las manos de un tío y la fecha de una vieja obra. «Pasamos de ver una casa con la que no teníamos mucha conexión a entender que es nuestra casa familiar, y que reformarla es retomar un legado», aseguran.

La primera fase de la reforma consiste en limpiar y vaciar la propiedad, una tarea que se alarga por la cantidad de objetos y por los 25 años de abandono acumulados. Después llegará lo que consideran el mayor desafío: la estructura, en especial el tejado, deteriorado por la humedad y con plantas creciendo entre las tejas.

Un proyecto sin experiencia profesional

Ninguno de los tres es restaurador de oficio. Carlos es ingeniero industrial y heredó de su padre, también ingeniero, la afición por reparar y restaurar; Guille trabaja en educación y creció viendo a sus padres reformar una casa canaria antigua, contaron a La Vanguardia.

Juanjo, que vive en Londres, aporta su experiencia como creativo publicitario para difundir el proyecto en redes sociales, su principal fuente de financiación junto a los acuerdos con marcas.

Mientras avanzan con las obras, los tres siguen investigando el origen de la finca: según la topografía antigua de la zona, Casa Vega fue la primera vivienda que se construyó allí. Compaginan el proyecto con sus trabajos y cuentan con la ayuda de familiares y amigos con experiencia en construcción.

Todavía no tienen fecha para terminar las obras ni han decidido qué uso final le darán a Casa Vega, aunque coinciden en un deseo: «Nos gustaría que se quedara en la familia y seguir utilizándola como punto de reunión familiar». Para ellos, casas como esta representan el legado de todo un pueblo, y quieren que Casa Vega «siga en pie durante 200 años más y mantenga su esencia».