Cocina

Los cocineros españoles no tienen dudas: «Para pelar castañas sin dejarte las uñas, hazles un corte en cruz, remójalas con sal en agua caliente y déjalas sudar en un paño»

castañas
Castañas. Imagen de Magnific.

Con la llegada del otoño, las castañas vuelven a las mesas y a las bandejas del horno, y con ellas la eterna pelea con la cáscara: uñas castigadas, dedos quemados y piel pegada a la pulpa. La buena noticia es que casi todo depende de unos pocos gestos previos, y no de la fuerza con la que se pele.

Entre los consejos que más se comparten figura el del creador @recetas.senor en TikTok, que defiende un corte en cruz, un remojo corto en agua caliente con sal y una cocción en freidora de aire. A partir de ahí, estas son las claves para prepararlas bien en casa y algunos datos útiles sobre este fruto de temporada.

El corte y el remojo, la base de todo

Lo primero es abrirlas. Al calentarse, el agua del interior se convierte en vapor, y la cáscara dura y la piel fina que hay debajo impiden que escape, de modo que la presión sube hasta que la castaña revienta. El corte, en cruz o con un tajo, funciona como válvula. Debe atravesar la cáscara y la piel interior sin partir la pulpa: si es superficial no sirve, y si es excesivo deja la carne expuesta y reseca.

El segundo paso es el remojo. Se meten todas en un cuenco con una puntita de sal y agua caliente que las cubra, y se dejan unos 15 minutos. La sal va en el agua, no en el interior de la castaña, y el remojo ayuda a que la piel se separe mejor cuando llegue la hora de pelarlas.

Cocción y reposo para pelarlas sin quemarse

La freidora de aire es la opción más rápida: entre 10 y 15 minutos a 200 grados, según el tamaño. En el horno, lo habitual es dejarlas unos 20 minutos a esa temperatura, dándoles la vuelta a mitad de cocción, y en la sartén, unos 30 minutos, moviéndolas con frecuencia.

El último paso es el que más facilita el pelado. Nada más sacarlas, se envuelven en un paño dentro de un cuenco, bien cerrado, y se dejan sudar unos 10 minutos. El vapor que queda atrapado despega la cáscara y la piel, y la castaña sale casi entera, sin tener que pelear con ella.

Una advertencia de seguridad: aunque estén cortadas, alguna puede estallar. Si ocurre, lo mejor es detener el aparato, esperar a que todo se enfríe y no acercar la cara ni las manos. Para el corte basta un cuchillo pequeño y afilado, siempre con la mano fuera de la trayectoria de la hoja.

Qué aporta la castaña y cómo conservarla

Más allá del truco, la castaña es un alimento muy completo. Según el Ministerio de Agricultura, 100 gramos de porción comestible aportan 209 kilocalorías, 40 gramos de hidratos de carbono, 6,8 de fibra y solo 2,6 de grasa, además de potasio, fósforo, magnesio y calcio. Cruda es rica en taninos, que pueden provocar molestias digestivas; cocinarla o guardarla de 7 a 10 días reduce ese efecto.

Al comprarlas, conviene elegir piezas de buen tamaño, que pesen, con la cáscara lisa y brillante y sin roturas; las que tienen agujeros pueden llevar insectos y las que huelen a humedad, mejor descartarlas.

En casa se guardan sin plástico, en un cesto o una tela, en un lugar fresco y aireado, y se consumen en pocos días. Para más tiempo, se pueden congelar crudas, con el corte hecho, o cocidas y peladas. Las castañas secas, conocidas como pilongas, aguantan varias semanas en la nevera.

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