Marie Curie, premio Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911: «La mejor vida no es la que más dura, sino la que está repleta de buenas acciones»
Algún premio Nobel de Economía, como Kahneman, relacionó el dinero con la felicidad, pero desde otros campos defendieron que el bienestar podía llegar de otras maneras. Por ejemplo, es lo que hizo la premio Nobel de Física (1903) y de Química (1911) Marie Curie.
Y es que la científica defendió que para tener una vida plena era fundamental trascender y aportar algo a la humanidad. Por eso se le atribuye la frase «La mejor vida no es la más duradera, sino la que está repleta de buenas acciones».
Ella misma se tomó su consejo muy en serio, ya que pagó un precio físico enorme por una carrera dedicada a la radioactividad y, a cambio, es una de las científicas más importantes de la historia.
La reflexión de la premio Nobel Marie Curie sobre la vida y las buenas acciones
Encontrar una reflexión de Hemingway sobre la felicidad no nos sorprende porque encaja más con el ámbito literario. Sin embargo, ver cómo Marie Curie habla de trascender en la vida es más llamativo.
«La mejor vida no es la más duradera, sino la que está repleta de buenas acciones» cambia la forma en la que medimos el éxito en la actualidad. La longevidad deja de ser el centro y entra en juego la huella que una persona deja en los demás.
Por ejemplo, en Curie las buenas acciones no se limitaban a gestos pequeños o caritativos. También podían ser investigación, disciplina, descubrimiento y trabajo científico sostenido durante años.
Es decir, realmente no es una consigna optimista, sino una forma dura y práctica de entender el deber. De hecho, la premio Nobel de Física y de Química no vivió ajena al sacrificio.
Su trabajo con materiales radiactivos se desarrolló en una época en la que los riesgos todavía no se conocían con claridad. Aun así, su trayectoria quedó ligada a la idea de que el conocimiento debía servir para algo más que el prestigio personal.
La frase célebre de Marie Curie sobre la vida que encaja con su trayectoria como Nobel
La biografía de Marie Curie da mucho peso a la frase porque literalmente dio su vida por la ciencia.
Para la Nobel investigar no era sólo resolver un problema técnico; también era ampliar las posibilidades de la medicina, de la física y de la química.
Eso hace que la cita «La mejor vida no es la más duradera, sino la que está repleta de buenas acciones» encaje tan bien con su trabajo sobre la radioactividad.
También es fundamental su relación con Pierre Curie. La muerte de su marido, en 1906, marcó profundamente su vida, pero no la apartó de la investigación. Al contrario, continuó trabajando, ocupó la cátedra que él había dejado en La Sorbona (la primera vez que se concedía a una mujer) y consolidó una trayectoria propia que ya era excepcional antes de su segundo Nobel.
Las «petites Curies»: las buenas acciones de Marie Curie en la Primera Guerra Mundial
Si hay un episodio que ilustra bien esa idea de las buenas acciones es el de su papel durante la Primera Guerra Mundial. Cuando estalló el conflicto en 1914, Curie dejó de lado su investigación con el radio para llevar la radiología al frente. Junto a su hija Irène, desarrolló unidades móviles de rayos X instaladas en vehículos, que los soldados apodaron «petites Curies» y de las que llegaron a funcionar una veintena.
Además, formó a unas 150 mujeres para manejar estos equipos y puso en marcha cerca de 200 salas de radiología fijas junto a los hospitales de campaña. Se calcula que gracias a esta red pudieron examinarse con rayos X hasta un millón de soldados heridos, lo que permitía localizar balas y metralla sin operaciones a ciegas. Curie llegó a utilizar el dinero de su Nobel para comprar bonos de guerra y quiso donar sus medallas al Gobierno francés, aunque este no las aceptó.
Quién fue Marie Curie, premio Nobel de Física (1903) y de Química (1911)
Marie Curie nació como Maria Salomea Skłodowska el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, entonces bajo dominio del Imperio ruso, y murió el 4 de julio de 1934 en Passy, Francia, a los 66 años.
Fue física y química, polaca de nacimiento y posteriormente nacionalizada francesa. Estudió en París, en La Sorbona, y desarrolló allí los trabajos que la convirtieron en una de las figuras científicas más importantes del siglo XX.
En 1903 compartió el Premio Nobel de Física con Pierre Curie y Henri Becquerel por sus investigaciones sobre la radiación, lo que la convirtió en la primera mujer en ganar un Nobel. Ocho años después, en 1911, ganó en solitario el Premio Nobel de Química, y es hasta hoy la única persona que ha recibido premios Nobel en dos ciencias distintas. Su hija Irène Joliot-Curie también ganó el Nobel de Química, en 1935.
Lo más trágico y que refuerza la frase es que su muerte se relacionó con una anemia aplásica causada por la exposición prolongada a la radiación.