Isabel Allende

Isabel Allende, Premio Planeta 2026, sobre la dolorosa pérdida que inspiró su bestseller: «Escribir fue mi forma de llevar luto»

Isabel Allende, Premios Planeta
(Foto: Europa Press)
Marta Morales

La escritora chilena conquista el prestigioso galardón con La hora antes del alba, una novela que regresa al universo de La casa de los espíritus. Detrás de su éxito literario hay también una historia íntima marcada por la muerte de su hija Paula, a quien dedicó uno de sus libros más personales y conmovedores. Isabel Allende vuelve a ocupar el centro de la actualidad literaria. La autora ha ganado el Premio Planeta 2026, dotado con un millón de euros, por La hora antes del alba, una novela que recupera el universo de La casa de los espíritus, la obra que marcó el comienzo de su trayectoria internacional. El anuncio se produjo el 15 de octubre en Barcelona, durante la gala del 75.º aniversario del galardón.

El reconocimiento llega en un momento especialmente significativo para una escritora cuya obra ha explorado durante décadas la memoria, las pérdidas, los vínculos familiares y la capacidad de reconstruirse después del dolor. Pero, más allá de la actualidad editorial, existe una historia personal que sigue acompañándola: la muerte de su hija Paula y el libro con el que intentó preservar su recuerdo. «Escribir fue mi forma de llevar luto», confesó Allende al hablar del proceso de creación de Paula. Una frase que resume la relación entre la literatura y una de las experiencias más dolorosas de su vida.

Un Premio Planeta que la devuelve al universo de ‘La casa de los espíritus’

Con La hora antes del alba, Isabel Allende vuelve a una historia que ha acompañado a varias generaciones de lectores. La novela retoma el universo de La casa de los espíritus, publicada en 1982, y recupera a Alba Trueba, nieta de Clara, después de los acontecimientos que marcaron el desenlace de aquella obra. El nuevo libro explora las consecuencias de la violencia política y el camino de reconstrucción de una mujer que intenta recuperar su vida después de sufrir la represión. Son temas que conectan con algunas de las grandes preocupaciones literarias de Allende: la memoria, la identidad, el exilio y la resistencia frente a la adversidad.

Isabel Allende, Premios Planeta
(Foto: La Casa del Libro)

El galardón supone un nuevo hito en la carrera de una autora que ha construido una trayectoria internacional con novelas, relatos autobiográficos y libros en los que la historia personal se entrelaza con la colectiva. Sin embargo, entre todos sus títulos hay uno que ocupa un lugar diferente: Paula, la obra en la que convirtió el duelo por su hija en un testimonio íntimo sobre el amor y la ausencia.

Publicado en 1994, Paula es uno de los libros más personales de Isabel Allende. A diferencia de sus novelas de ficción, esta obra parte de una experiencia autobiográfica: la enfermedad y la muerte de su hija. Durante la escritura, la autora tuvo que revivir recuerdos familiares, episodios de su propia historia y momentos marcados por la incertidumbre y el sufrimiento. El resultado fue un libro que trasciende el relato de una tragedia personal para abordar cuestiones universales como la maternidad, la memoria, la enfermedad y la muerte.

La herida que nunca desaparece: el recuerdo de Paula

Si hay una ausencia que atraviesa la vida y la obra de Isabel Allende es la de su hija Paula, fallecida en 1992, a los 29 años. Su muerte dejó una huella profunda en la escritora, que ha hablado en numerosas ocasiones de cómo aprendió a convivir con una pérdida que nunca llegó a desaparecer.

Cuando Paula enfermó y cayó en coma, Allende se enfrentó a una situación devastadora. Durante aquel periodo comenzó a escribirle una carta que acabaría transformándose en el origen de un libro. Lo que inicialmente fue una manera de dirigirse a su hija se convirtió en un relato autobiográfico sobre la familia, los recuerdos compartidos y la dificultad de aceptar la muerte de alguien amado. Más de tres décadas después, el recuerdo de Paula sigue presente en sus palabras. Al reflexionar sobre cómo afrontar una pérdida semejante, la escritora ha expresado una idea que resume su manera de mantener vivo ese vínculo: tener presente a la persona que ya no está.

Isabel Allende en la entrega del Premio Planeta 2026. (Foto: Premio Planeta)
Isabel Allende en el Premios Planeta 2026. (Foto: Premio Planeta)

Allende también ha explicado que tomó una decisión que continúa orientando su vida. Tras la muerte de su hija, se aferró a la promesa de seguir viviendo por ella y de intentar actuar de una manera que honrara su memoria. «Le prometí que yo iba a vivir por ella», ha contado al recordar aquel compromiso. Desde entonces, ante determinados dilemas, se pregunta qué habría hecho Paula en esa misma situación. No se trata de borrar la ausencia ni de fingir que el dolor ha desaparecido. Es una forma de integrar el recuerdo en la vida cotidiana y mantener una conexión emocional con alguien que ya no puede acompañarla físicamente.

La generosidad de Paula, una enseñanza que sigue viva

Cuando Isabel Allende habla de su hija, no se limita a recordar la enfermedad o los últimos momentos de su vida. También recupera la personalidad de una joven a la que describe como extraordinariamente generosa y desprendida. Entre los recuerdos que conserva hay una pregunta que, según ha contado, sigue acompañándola: «Mamá, ¿qué es lo más generoso que puedes hacer en este momento?». Esa reflexión se ha convertido en una especie de brújula personal. La escritora encuentra en ella una manera de mantener vivo el legado de Paula y de trasladar su recuerdo a las decisiones cotidianas.

Su forma de entender la pérdida también ha evolucionado con el tiempo. Allende ha reflexionado sobre la relación entre la muerte y el amor, defendiendo que la desaparición física de una persona no tiene por qué acabar con el vínculo emocional que se mantiene con ella. «La muerte es un terrible inconveniente, pero no es un obstáculo para el amor ni para la comunicación», ha expresado al hablar de esa relación que siente que todavía la une a su hija. Es una mirada que no pretende ofrecer soluciones sencillas al duelo. La escritora habla desde su propia experiencia y desde la convicción de que cada persona encuentra su manera de convivir con la ausencia.